Revista Diners
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Durante los últimos años, el beige, el gris y las distintas variaciones de blanco han ganado espacio en interiores, fachadas y objetos de diseño, acompañados por una idea de minimalismo que privilegia las superficies sin textura, las paletas neutras y la reducción drástica de elementos visuales. La elección del Pantone Color Institute por el Cloud Dancer como color del año retoma dicha sensibilidad en primer plano; no obstante, también permite mirar hacia el extremo contrario desde la arquitectura: edificaciones en las que el color ocupa las paredes, modifica la percepción de los espacios y se integra con la vegetación, la ornamentación o las formas de la propia estructura.
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Edificios coloridos en los cuales el amarillo, el azul, el rojo, el verde o una combinación de múltiples tonalidades no aparecen como acentos decorativos, sino como parte de la identidad arquitectónica. Entre templos religiosos, viviendas, espacios culturales, una planta de tratamiento de residuos y un conjunto residencial experimental, el color, por distintos motivos, encuentra foco en seis diferentes edificaciones alrededor del mundo.
Cada una de las construcciones utiliza recursos visuales que se apartan de la neutralidad dominante: las torres esculpidas de un complejo religioso en India, las curvas inspiradas en un molusco en una casa mexicana, los 14 colores que atraviesan unos apartamentos en Tokio, los miles de azulejos de una biblioteca madrileña y la vegetación que se incorpora a las obras de Friedensreich Hundertwasser en Osaka y Viena.
Casa Nautilus, en México
La Casa Nautilus, construida en 2007 en Naucalpan de Juárez, Estado de México, lleva a la arquitectura doméstica la forma del Nautilus pompilius y la espiral equiangular de su concha nacarada, una referencia que Javier Senosiain convirtió en el principio estructural y espacial de la vivienda. La casa, ubicada al fondo de un terreno rodeado por un jardín, abandona las líneas rectas y los ángulos marcados para desarrollar una sucesión de curvas, superficies ondulantes y espacios que se integran entre sí, en una propuesta de arquitectura orgánica donde las formas de la naturaleza determinan tanto el exterior como el interior.
El acceso comienza en una escalinata exterior que conduce hasta un enorme vitral de colores y continúa hacia un interior dominado por una espiral continua, con texturas, superficies suaves y habitaciones concebidas como aberturas dentro de la estructura. La construcción combina piedra natural, tierra, madera y materiales reciclables, mientras una estructura de marcos de acero recubiertos con malla de alambre y una fina capa de hormigón permite desarrollar las curvas sin recurrir a muros de carga ni pilares. Esa solución también permite que la vivienda se adapte al terreno y mantenga una distribución predominantemente abierta, en la que la sala, el estudio, los dormitorios, los vestidores, los baños y la cocina se articulan alrededor de un jardín interior y una escalera de piedra.
La referencia marina se vuelve especialmente evidente en el baño, diseñado con paredes de arena, azulejos azules, ventanas redondas y un nicho del que brota agua como una pequeña fuente entre las superficies de la vivienda. Los dormitorios se plantean como alcobas abiertas a la entrada de luz natural, mientras el estudio aprovecha las vistas hacia el paisaje montañoso y la iluminación que llega desde el exterior. En lugar de limitar la naturaleza al jardín que rodea la construcción, Senosiain la incorpora a través de las formas, los materiales, la circulación y la relación entre los distintos espacios de la casa.
Templo Sri Ranganathaswamy, en India
En la isla de Srirangam, entre los ríos Cauvery y Kollidam, el templo Sri Ranganathaswamy ocupa un territorio de 63 hectáreas organizado en siete recintos rectangulares concéntricos. Los cinco interiores corresponden al templo y los dos exteriores al asentamiento, una distribución que hace que las viviendas, las actividades cotidianas y los espacios dedicados al culto formen parte de una misma estructura urbana. El complejo es uno de los principales templos vaishnavas de India y está dedicado a Ranganatha, una representación de Vishnu recostado.
Los siete recintos están delimitados por grandes muros y contienen 21 gopurams, 50 santuarios secundarios, nueve estanques sagrados y el vimana dorado que corona el santuario principal. Entre sus construcciones aparecen los mandapams de columnas talladas y esculturas, mientras las torres concentran buena parte de la ornamentación que caracteriza al conjunto, con figuras, animales y composiciones escultóricas de distintos períodos. El Rajagopuram, construido como la entrada monumental del complejo, alcanza 72 metros de altura. A esto se suman pinturas murales realizadas con tintes vegetales y minerales y piezas de madera talladas con formas de animales, aves, árboles, el sol y la luna.

La construcción que puede verse hoy reúne intervenciones realizadas durante siglos por distintas dinastías, entre ellas los primeros y posteriores Cholas, los gobernantes Kongu, los Pandyas, los Hoysalas y los Vijayanagara. Esa sucesión también quedó registrada en cientos de inscripciones que documentan tierras, sistemas de irrigación, impuestos, donaciones, medidas de atención médica y acciones de alivio frente a inundaciones.
Reversible Destiny Lofts, en Japón
Los Reversible Destiny Lofts Mitaka fueron concebidos por los artistas y arquitectos Shusaku Arakawa y Madeline Gins como una arquitectura capaz de mantener al cuerpo y a la mente en permanente estado de atención. El conjunto, construido en 2005 y formado por nueve unidades, parte de una idea que sus creadores resumieron como una casa “para no morir”: un espacio que evita que sus habitantes se adapten por completo a él y los obliga a relacionarse de manera activa con cada recorrido y cada superficie. El proyecto está dedicado en teoría y espíritu a Helen Keller, a quien Arakawa y Gins consideraban un símbolo de la capacidad humana para sobreponerse a la adversidad.

Las nueve viviendas combinan tres formas geométricas (el cubo, la esfera y el tubo) que se apilan y se intersecan en composiciones irregulares, con estructuras pintadas tanto por dentro como por fuera en 14 colores. La distribución interior continúa esa irregularidad mediante pisos con diferentes elevaciones, techos de distintas alturas, descensos repentinos, postes verticales y superficies saturadas de color que modifican la manera habitual de desplazarse por una vivienda. Subir, agacharse, recuperar el equilibrio o cambiar de dirección forman parte de la experiencia espacial que plantearon sus creadores.
La propuesta también contempla que las necesidades del cuerpo cambian con la edad, el estilo de vida y las capacidades físicas de cada persona, por lo que una misma configuración puede producir experiencias diferentes en un niño y en un adulto. Arakawa y Gins desarrollaron así una arquitectura en la que el entorno actúa como un estímulo para la transformación física y cognitiva, en lugar de permanecer como un escenario pasivo de la vida cotidiana. Desde su apertura, los lofts han funcionado como viviendas, espacios educativos y lugares culturales, y algunas de sus unidades pueden reservarse para estancias cortas.
Biblioteca Central y Archivo Municipal de Leganés, en España
Los 9.126 elementos de cerámica que cubren la fachada de la Biblioteca Central y Archivo Municipal de Leganés fueron concebidos a partir de una referencia reconocible para cualquiera que se acerque al edificio: los lomos de los libros alineados en una estantería. Las piezas, disponibles en 40 tamaños y 17 tonalidades, siguen las paredes sinuosas del proyecto y convierten el exterior en una representación de la función que alberga. El edificio fue diseñado por BN Asociados Arquitectos, el estudio formado por Silvia Babsky Nadel y Ramón Valls Navascués, que ganó el concurso en 2007 con una propuesta planteada como el primer edificio de España con balance energético neto cero.
La construcción terminó extendiéndose durante años debido a la interrupción provocada por la Gran Recesión, cuando las obras estaban próximas a concluir, y el proyecto pudo retomarse posteriormente. La biblioteca y el archivo quedaron organizados en dos volúmenes independientes, conectados mediante un gran sótano común, con una superficie de 12.000 metros cuadrados. Mientras la biblioteca utiliza una fachada ventilada revestida con las piezas cerámicas, el volumen correspondiente al archivo está cubierto con zinc de junta alzada, una solución de apariencia más contenida que establece una diferencia visual entre ambos usos.
La elección cromática también incorpora referencias del entorno de Leganés. El proyecto partió de 47 tonalidades posibles y terminó utilizando 17, entre ellas azules relacionados con el agua y el cielo, verdes vinculados con el paisaje y tonos sienas próximos a los colores de las viviendas de ladrillo y de la llanura castellana. Un algoritmo determinó la distribución de las piezas para formar patrones abstractos sobre las superficies curvas, de manera que los cambios de color acompañan la geometría del edificio en lugar de limitarse a decorar su fachada. Las capas de la construcción también incorporan recursos destinados a reducir el consumo energético, como paneles fotovoltaicos, ventilación natural, ventanas de doble acristalamiento y sistemas de protección solar.
Casa Hundertwasser, en Austria
Entre 1983 y 1985, Friedensreich Hundertwasser desarrolló en Viena una vivienda colectiva en colaboración con el arquitecto Josef Krawina y el arquitecto ejecutor Peter Pelikan, utilizando el edificio residencial para llevar a la construcción sus ideas sobre las formas irregulares y la presencia de la naturaleza. La Casa Hundertwasser reúne 52 apartamentos distribuidos alrededor de 19 patios, con muros ondulados, suelos desnivelados, fachadas de distintos colores y una vegetación que aparece en terrazas, balcones, tejados e incluso en algunas ventanas.

Más de 200 árboles y arbustos forman parte del edificio, y el principio que guiaba la incorporación de esta vegetación establecía que cada árbol o arbusto eliminado durante la construcción debía ser reemplazado dentro de la propia edificación. La relación entre los habitantes y la fachada también fue planteada de una manera poco habitual: cada residente puede intervenir el espacio de fachada situado alrededor de sus ventanas y decorarlo, incorporando sus propias decisiones a una construcción cuya apariencia ya cambia de un apartamento a otro.
La obra generó críticas desde el momento de su construcción y algunos observadores la calificaron de kitsch, mientras que con el tiempo pasó a convertirse en una de las edificaciones más reconocibles de Austria. Frente a la Casa Hundertwasser se encuentra Hundertwasser Village, un centro comercial construido entre 1990 y 1991 sobre el antiguo emplazamiento de un taller de neumáticos, con una plaza, un bar y distintos negocios. A unos cien metros, el Kunst Haus Wien mantiene otra parte de la obra de Hundertwasser, con una fachada menos colorida pero igualmente marcada por la ausencia de líneas rectas y dos de sus cuatro pisos dedicados a una exposición permanente sobre la Casa Hundertwasser.
Planta incineradora de Maishima, en Japón
La planta de incineración de residuos de Maishima ocupa una isla artificial de la bahía de Osaka y fue diseñada en 2001 por el artista vienés Friedensreich Hundertwasser, quien trasladó al proyecto algunas de las ideas que recorren su obra: el rechazo de las líneas rectas, el uso de colores intensos y la incorporación de vegetación a las estructuras construidas. La instalación, dedicada a la incineración y trituración de residuos voluminosos, combina superficies curvas, ventanas y columnas de formas diferentes, jardines y elementos vegetales distribuidos alrededor del edificio, además de una paleta inspirada en el fuego y el agua.
Con unos 17.000 metros cuadrados, el complejo reúne dos plantas subterráneas y siete niveles sobre el suelo. Una de sus piezas más visibles es la chimenea azul de 120 metros de altura, coronada por una esfera dorada, que forma parte de una composición en la que la infraestructura industrial comparte espacio con jardines, recorridos exteriores y vegetación incorporada a los muros y las cubiertas. Hundertwasser defendía la idea de sustituir con vegetación aquello que la construcción hubiera desplazado, y en Maishima esa concepción se extiende a distintas partes del edificio, que fue proyectado para integrarse visualmente con el entorno.

La función industrial permanece en el centro del proyecto. La instalación puede procesar hasta 900 toneladas de residuos al día y opera durante las 24 horas, salvo las paradas programadas para inspección y mantenimiento. Los residuos se queman a temperaturas superiores a los 900 grados Celsius y el proceso permite generar alrededor de 100 millones de kilovatios hora de electricidad al año, una cantidad equivalente al consumo de unas 30.000 viviendas; parte de esa energía se utiliza en la propia planta y el excedente se vende. La infraestructura también recibe visitantes mediante recorridos gratuitos previamente reservados, de manera que la arquitectura diseñada por Hundertwasser puede conocerse junto con el funcionamiento de una instalación que habitualmente permanece fuera de la experiencia cotidiana de la ciudad.
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