Era el año 2000. Los fundadores de la compañía heladera Ben & Jerry’s buscaban un comprador que mantuviera su filosofía amigable con el medio ambiente. Pero, amparándose en la legislación corporativa que favorece la maximización de la ganancia por encima de la misión social de la empresa, los accionistas de la exitosa compañía demandaron a sus creadores para que vendieran su negocio al mejor postor, sin importar la línea ideológica que el siguiente dueño tuviera frente a la empresa, que terminó pasando a manos de la multinacional Unilever.
Esto, gracias a un nuevo tipo de empresa, el denominado Benefit Corporation y, desde este año, Sistema B en Colombia, ya no tiene por qué pasar.
Quien construya un negocio con una filosofía que busca respetar su entorno socioambiental ya tiene herramientas legales con qué hacerlo y a las que no se pliegan las reglas del mercado. Esto, por supuesto, no quiere decir que no se busque rentabilidad. Solo que las ganancias no están supeditadas al deterioro de las condiciones de nadie.
Según el cofundador del B-lab (origen de la iniciativa en EE. UU.), Jay Coen Gilbert, “todas las compañías hoy en día se presentan como ‘los chicos buenos’. Lo que hacemos como organización sin ánimo de lucro es una investigación muy profunda y una verificación independiente en nombre de todos los consumidores que quieren saber más sobre la compañía detrás del producto. B Lab califica qué tan bien la empresa cuida de sus empleados, el medio ambiente y la comunidad.
Si obtienen un puntaje de 80 o más, de un máximo de 200, se certifican como empresa B y pueden mercadearse como tal”. De esta forma, la puesta en marcha del Sistema B en Colombia está en cabeza del venezolano Manuel Antonio Camacho, especialista internacional en empresariado sostenible y estrategia, y de Claudia Martínez, exviceministra de ambiente y exbanquera.
¿Por qué entra Sistema B a Colombia?
Sistema B entra por la necesidad de generar una nueva forma de hacer negocios con un sentido de éxito más amplio. Necesitamos promover con mayor intensidad a aquellas empresas y emprendedores que son agentes de cambio; que usan el poder del mercado para solucionar los desequilibrios sociales y ambientales.
¿Cómo darle un soporte legal a una iniciativa con tan buenas intenciones pero que parece reñir con la economía de mercado?
El requisito legal es la modificación de los estatutos de la empresa con el fin de expandir el deber fiduciario de quienes la lideran para que puedan velar por el interés de todos sus grupos de interés –y no solo el de sus accionistas o dueños– y sujetarse a los más altos estándares de transparencia en su gestión social y ambiental. Este objetivo es ayudarles a las Empresas B a comenzar el proceso de formalización de sus objetivos sociales y ambientales dentro de la cultura y los mecanismos de gobernanza de la empresa.
¿Cuáles son los tres elementos que hacen atractivo para un empresario el negocio de meterse en Sistema B?
La legitimidad de las empresas que crean valor para todos sus grupos de interés y operan con los más altos estándares sociales y ambientales, y de transparencia. La diferenciación en el mercado, con mayor facilidad frente a consumidores, proveedores, inversionistas, gobierno y otros actores claves.El acceso a herramientas de mercado para acelerar el crecimiento e impacto de la empresa y oportunidades de negocio con una vibrante comunidad global de Empresas B.
Ese futuro es cada día más presente. Indupalma, en proceso de certificación, sabe que no es una transición fácil, pero que es hacia donde hay que apuntarle. “Para el 2015, en el mercado europeo será grave no tener claros los valores de responsabilidad social que comparten las empresas B. Aunque no estén expresados en ningún acuerdo legal, sí existe y existirá un rechazo cada vez más grande a las empresas que no trabajen con responsabilidad”, asegura su presidente Rubén Darío Lizarralde.
Cifras responsables
• Existen 576 Empresas B en el mundo que generan un mercado de más de tres mil millones de dólares.
• Hay 9 estados en EE. UU. que reconocen a la Empresa B como figura jurídica y un proceso de ley nacional en Chile para legislar la Empresa B en ese país.
• Son 52 fondos de inversión certificados alrededor del mundo bajo la plataforma GIIRS (plataforma promovida por B Lab para inversionistas de impacto) con inversiones en 19 países y cuatro mil millones de dólares en capitalización.
La primera Empresa B en Colombia
En Colombia solo una empresa ha superado hasta el momento todas las pruebas para recibir el sello B: Acción Verde, una compañía que se dedica a vender “bonos verdes”, árboles que siembra en zonas de reforestación ecológica y se venden a empresas interesadas en hacer inversiones ambientales que se traducen en exenciones tributarias para quien las compra. Además, presta servicios de carbono neutro a empresas automotrices: por cada carro que producen estas empresa, Acción Verde siembra un número equivalente de árboles para que la huella de carbono del automóvil se reduzca a cero.
-La idea nació en la ONG B-Lab en 2006, y desde entonces ha ido ganando adeptos y probando métodos de evaluación. En 2011 el concepto adquirió importancia nacional cuando los estados de Nueva York y California aprobaron la legislación que reconoce la estructura corporativa basada en el modelo de Benefit Corporation.
-Las Empresas B no tienen una línea de negocios específica. Una gran corporación financiera de más de mil empleados y una pyme ecológica de 10 pueden certificarse como Empresas B. La condición es que la base legal de esta empresa cumpla con los compromisos de la Empresa B desde los estatutos.
-Ya son aproximadamente 40 empresas en Colombia las que han expresado su interés en transformarse en Empresas B.
En la foto: Manuel Antonio Camacho y Claudia Martínez


