Qué comen los presidentes
Foto: mikeledray/ Shutterstock
enero 16, 2026
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¿Qué comen los presidentes y los líderes del mundo?

El pollo asado está en la lista. Descubra con Diners qué comen y comían los presidentes y líderes indiscutibles del mundo.
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Revista Diners

qué comen los presidentes, qué comen los presidentes, qué comen los presidentes, Desde los banquetes reales que se extendían durante horas hasta los desayunos apurados antes de una reunión de gabinete, la comida ha sido un espejo silencioso del poder, un espacio donde los líderes del mundo dejan ver sus obsesiones, nostalgias y manías que rara vez aparecen en los discursos oficiales, y que sin embargo dicen mucho más sobre su carácter que cualquier fotografía protocolaria.

Los alimentos que llegan a las mesas presidenciales o a los comedores de palacio no responden únicamente al lujo o a la abundancia, también hablan de infancia, de formación cultural, de ideología y de memoria, porque comer es un acto cotidiano que incluso en la cúspide del poder mantiene un vínculo profundo con la vida privada y con la historia personal de quien sostiene el cargo.

Mirar qué comen estos líderes permite recorrer siglos y geografías de antes. Desde la Inglaterra de Enrique VIII hasta la Corea del Norte de Kim Jong Un, y deja abierta una pregunta inevitable: ¿qué platos habrían marcado a estos personajes si su historia hubiera comenzado en Colombia?

Winston Churchill y el ritual del domingo

El ex primer ministro británico Winston Churchill encontraba en la comida un refugio de rutina y conversación, y según su chef de confianza y su hija, disfrutaba de los clásicos británicos como el roast beef con Yorkshire puddings, vegetales hervidos y gravy los domingos, una costumbre que mantenía incluso en medio de la guerra, sin renunciar a platos más refinados como ostras, langosta, Dover sole y éclairs de chocolate, usando la mesa como escenario para debatir ideas y ejercer influencia.

Reinas, príncipes y la disciplina del plato

La reina Letizia de España sigue la llamada Perricone Diet enfocada en el bienestar interno y los alimentos antiinflamatorios, con protagonismo del salmón a la parrilla, verduras frescas, frutos rojos, huevos, hojas verdes, frutos secos, yogur natural y aceite de oliva, mientras el rey Carlos III ha mostrado su gusto por los huevos horneados con queso británico, espinaca y tomates cherry, además de desayunos con fruta y muesli y cenas donde aparece el pastel de faisán con hongos recolectados.

El príncipe William prefiere el pollo asado muy crujiente, aunque disfrutaba cocinar spaghetti de boloñesa para la princesa Catherine durante su etapa universitaria y ha confesado su gusto por las hamburguesas de cordero, la lasaña, la pizza y los desayunos sencillos de dos huevos, pan integral y té.

Entre tanto, Catherine, princesa de Gales, adora el pudding de sticky toffee y cocina curry para su familia ajustando el picante.

Líderes históricos y comidas terrenales

Napoleón Bonaparte comía rápido y sin protocolo, prefería usar los dedos antes que los cubiertos y repetía el pollo asado desde el Palacio de las Tullerías hasta el desierto egipcio, acompañado en ocasiones por sopas espesas de verduras y lentejas, una austeridad que contrasta con la imagen imperial que dejó para la historia.

Abraham Lincoln, ajeno a cualquier entusiasmo gastronómico, podía olvidar la cena y conformarse con una manzana al almuerzo, aunque cuando se sentaba a comer buscaba platos de su infancia en Kentucky como los muffins de maíz y el fricasé de pollo cortado en trozos pequeños y aromatizado con nuez moscada.

Por otro lado, Mahatma Gandhi entendía la alimentación como una extensión de la no violencia, y tras adoptar el vegetarianismo de forma consciente escribió Diet and Diet Reform, disfrutando de dal, arroz, chapatis, rábanos hervidos, remolacha y calabaza, con yogur y postres lácteos provenientes de vacas locales y éticamente cuidadas.

Presidentes contemporáneos y placeres confesables

A la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, le fascina la comida mexicana, como lo son los tacos al pastor, el pozole, y los chiles rellenos, además de gustarle los chapulines como merienda y las memelas, que son unas tortillas ovaladas, untadas de manteca de cerdo y frijol refrito.

Donald Trump ha declarado su devoción por la comida rápida, en especial por McDonald’s, donde pide Filet O Fish, Big Macs y Quarter Pounders con queso, además de helado de cereza y vainilla, pastel de carne casero de su hermana y pizza sin masa, defendiendo la higiene de las grandes cadenas en una entrevista con CNN en 2016.

Por otro lado, Pedro Sánchez ha escrito sobre su amor por el salmorejo, la paella y la fabada. También se le ha visto comiendo sushi, pizza de salami y tapas, y en 2019 voló en helicóptero privado a El Capricho, un asador reconocido del noroeste de España, confirmando que el poder también se expresa en la logística del antojo.

La mandamás eterna de Alemania, Angela Merkel, marcada por la escasez en la Alemania Oriental, desarrolló el hábito de almacenar comida y un gusto duradero por platos como la solyanka con carne, pepinillos y aceitunas, y el letcho húngaro, una memoria culinaria que sobrevivió a su paso por la cancillería.

Y si hablamos de mandatarios contemporáneos, Gustavo Petro confesó en 2023 a través de un tweet que detesta la leche y los productos lácteos, pero que hacía un buen spaghetti amatriciana para rendir honor a sus raíces italianas. “No soy glotón, soy parco en el comer y me encanta el sancocho”, dijo el presidente de Colombia.

Postres, obsesiones y excesos qué comen los presidentes

La reina Isabel II apreciaba el paté de pescado ahumado, el venado con salsa de champiñones y whisky, el halibut con salsa Mornay y una devoción clara por el chocolate perfection pie, según el chef Darren McGrady, mientras el príncipe Harry heredó el amor por el pollo asado y desarrolló una predilección por el flan de banana y cualquier postre que llevara esta fruta.

Si nos vamos a Corea del Norte con Kim Jong Un, formado en Suiza durante su adolescencia, nos damos cuenta que tiene una obsesión por el queso Emmental que habría afectado su salud en 2017 tras excesos acompañados de coñac, en un contexto donde se reporta un gasto anual de $30 millones de dólares en comida gourmet mientras el 45% de la población sufre malnutrición, de acuerdo con la ONU.

Ronald Reagan cambió el cigarrillo por los Jelly Belly en 1966, mantuvo 720 bolsas en la Casa Blanca y encargó 3.9 toneladas de dulces rojos, blancos y azules para su posesión en 1981. Finalmente, Enrique VIII, más allá de los banquetes desbordados de carne y aves exóticas, sorprendía con su afición por las frutas frescas como fresas, cerezas, manzanas, ciruelas y duraznos en tartas y gelatinas, según The Tudor Travel Guide. qué comen los presidentes, qué comen los presidentes, qué comen los presidentes, qué comen los presidentes,

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