Revista Diners
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En las esculturas de Edgar Negret, el aluminio podía convertirse en una estructura que recordaba una máquina, una construcción ancestral o una forma de la naturaleza. Esa relación entre materiales industriales y referencias orgánicas y culturales es el punto de partida de Negret en el Jardín, la exposición que reúne siete obras del artista en el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá. Organizada junto con el Museo Edgar Negret, la muestra ocupa dos espacios del lugar: el Tropicario y la colección de Plantas Ornamentales, lugares en los cuales las piezas pueden verse en relación con las formas vegetales que también hicieron parte de sus intereses.
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La selección, propuesta hasta el 11 de diciembre, incluye obras inspiradas en la metamorfosis de una mariposa, la flor de un cactus, las culturas andinas y mesoamericanas, los hipogeos de Tierradentro y Cuba, un país que el escultor nunca visitó. Más que reunir piezas de una sola etapa, el recorrido permite reconocer cómo Negret transformó referencias de procedencias distintas en un lenguaje escultórico basado en la geometría, el color, el movimiento y el espacio entre las formas.
Negret en el Jardín Botánico de Bogotá
Bajo siete piezas que adentar al universo del artista caucano, el recorrido a la muestra clara del la escultura moderna nacional cuenta Mariposa, inspirada en la metamorfosis del insecto. En lugar de reproducir su figura, Negret llevó la idea de transformación a una composición geométrica, una manera de trabajar que también aparece en Flor Sanky, cuyo referente es la flor del cactus Corryocactus brevistylus. Aunque parten de elementos naturales distintos, ambas obras muestran cómo el escultor convirtió esas referencias en formas propias, en las que la abstracción tiene más peso que la representación literal.
Por su parte, culturas precolombinas ocupan otro lugar importante en el recorrido. El Arco, relacionado con el conjunto Tierra Adentro, Arco, Rombos y Estrellas, reúne figuras geométricas que remiten a las tradiciones ancestrales de América y, en particular, al legado inca. Dicha influencia también se reconoce en Manto tejido, donde los tonos púrpura y magenta se asocian con la dignidad sagrada del poder imperial. Su composición, además, evoca los sistemas de registro y comunicación de esa civilización.

La relación con el pasado toma una forma distinta en Hipogeos, inspirada en las estructuras funerarias subterráneas de Tierradentro, en el departamento de Cauca. Los mencionados espacios arqueológicos estaban vinculados con rituales de muerte y con la memoria de los antepasados; en la obra de Negret, la referencia se convierte en una exploración escultórica de las formas arquitectónicas. En adición, Máscara plumario remite a las cosmovisiones de los pueblos mesoamericanos y andinos, ampliando el repertorio cultural presente en la exposición.
La séptima pieza, Cueva, parte de una fascinación particular: la que el artista sintió por Cuba, aunque nunca visitó la isla. Su presencia en la muestra recuerda que las fuentes de inspiración de Negret no siempre surgieron de lugares que conoció directamente, sino también de territorios e imaginarios que despertaron su interés. Las siete obras reúnen así referencias naturales, arqueológicas y culturales que el escultor reinterpretó desde un lenguaje geométrico propio.
Aunque la esculturas sean un punto extra a la visita al Jardín Botánico de Bogotá, no habrá una tarifa extra o diferencial para apreciar las piezas más allá del monto incluido en la entrada general al espacio que resgurada distintas especies de flora.
Un artista con lenguaje de aluminio
Nacido en Popayán en 1920, Negret estudió en la Escuela de Bellas Artes de Cali entre 1938 y 1943. En 1944 conoció al escultor Jorge de Oteiza. Sus primeras exploraciones incluyeron el yeso, pero con el tiempo el metal se convirtió en uno de los materiales centrales de su producción, especialmente a partir de la serie Aparatos mágicos.

Con piezas articuladas de aluminio, el artista construyó estructuras en las que la geometría organizaba el volumen sin cerrar por completo el espacio. El color y el movimiento hacían parte de la composición, al igual que los vacíos entre los elementos, que permitían percibir la escultura desde distintos ángulos. Este método le dio una identidad reconocible y se extendió a series como Navegantes, Puentes y Los Andes.
A lo largo de su carrera, Negret exploró las relaciones entre tecnología, naturaleza y culturas ancestrales, sin limitarse a una sola tradición. En 1968 recibió el Gran Premio de Escultura David Bright en la Bienal de Venecia. Su obra forma parte de colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Solomon R. Guggenheim, el Museo Rodin y el Banco de la República.
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