Revista Diners
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Bajo nuestros pies late una red invisible que sostiene en silencio la vida del planeta. Son kilómetros de hilos diminutos conectados bajo la tierra, entrelazando bosques, descomponiendo materia y tejiendo equilibrios esenciales. Sin embargo, lo que durante siglos habitó en la penumbra de la ciencia o se relegó a un rincón secundario de nuestra gastronomía, hoy se revela como una de las herramientas más prometedoras para la salud contemporánea.
Esa misma trama subterránea guarda el secreto de los llamados hongos funcionales: organismos capaces de dialogar directamente con nuestras células para blindar el cerebro, equilibrar el sistema inmunitario, amortiguar el impacto del estrés y ralentizar el desgaste del tiempo.
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En su reciente libro, Hongos que curan, la bióloga y doctora en Biotecnología Diana Carolina Quintero Gil asume el desafío de destapar esa «caja de Pandora» científica. Con el rigor de quien conoce el laboratorio y la empatía de quien busca respuestas para la vida cotidiana, la investigadora traduce el lenguaje técnico a una guía práctica y reveladora. Especies como la deslumbrante melena de león, el milenario reishi o la vistosa cola de pavo dejan de ser enigmas para convertirse en aliados concretos de nuestro bienestar, respaldados por evidencia sólida y acompañados de recomendaciones sencillas para incorporar en la rutina diaria.

En esta conversación para la revista Diners, la científica nos abre la puerta a un reino fascinante donde la naturaleza y la biotecnología se encuentran para recordarnos que la primera y más poderosa medicina siempre ha estado al alcance de nuestra mesa.
¿Por qué cree que estamos viviendo este boom alrededor de los hongos?
Para nosotros esta curiosidad empezó hace cinco años persiguiendo una alternativa terapéutica complementaria para un familiar con alzhéimer. Así nos encontramos con la melena de león y sus propiedades neuroprotectoras y digestivas. Históricamente, en Occidente hubo una asociación negativa hacia las setas que generó un periodo de sombra; en cambio, en Asia su consumo siempre ha sido tradicional. Hoy vivimos un redescubrimiento impulsado por el interés de la gente, documentales y la gastronomía, que ha sabido aprovechar el sabor umami.
En su libro habla de la «red invisible» que habita bajo nuestros pies. Como bióloga, ¿en qué momento personal se abrió esa fascinación?
Nació de una pregunta familiar sobre cómo acompañar una enfermedad de manejo tan complejo como el alzhéimer, que genera ansiedad, angustia y agresividad tanto en el paciente como en su entorno. Toda mi carrera me había dedicado a estudiar compuestos naturales, pero el reino Fungi te atrapa. Entender que descomponen materia, cierran ciclos vitales, alimentan y además curan, abre un universo de preguntas. Detrás de la melena de león llegaron el reishi (conocido como el hongo de la inmortalidad) y el cordyceps, famoso por la energía que aporta a los atletas.
Pasar de un artículo académico a un libro para el público general no es sencillo. ¿Cómo fue ese proceso de traducción?
Sacar la evidencia del laboratorio a ensayos clínicos puede tomar entre 10 y 15 años en la industria farmacéutica. Con los hongos el camino se acorta porque son alimento. Sin embargo, redactar de forma digerible fue el gran logro del trabajo editorial. Pasar de la jerga técnica a lograr que señoras de 70 años me digan que entendieron cómo un hongo protege el cerebro, ha sido la satisfacción más grande.
Hoy existe una cultura de bienestar que a veces raya en el exceso. Como doctora en Biotecnología, ¿cómo separa el marketing de la verdadera evidencia científica?
Todo parte de la confianza y la ética. Cuando cofundé mi emprendimiento (Vital Zas), dejé claro que no podemos salir a decir «este hongo cura el cáncer» ni sugerir a la gente que abandone sus tratamientos. Mantener el rigor implica respaldar cada afirmación con artículos científicos y colaborar con universidades. Además, el marketing te invita a consumir 15 suplementos a la vez. Mi consejo siempre es ir uno a uno, escuchar al cuerpo y entender qué necesita realmente.
El estrés crónico y el agotamiento son pandemias silenciosas. De las especies que estudia, ¿cuál diría que es el aliado más urgente para el estilo de vida actual?
Sin duda, la melena de león. Más allá de ser deliciosa en la cocina, existen estudios controlados que muestran cómo ayuda a mitigar niveles leves de ansiedad y depresión. Vivimos en una constante hiperactividad mental y la melena apoya la concentración y nos ayuda a estar presentes (mindfulness).

Para alguien que quiera consumir melena de león, ¿cuál es la mejor forma de incorporarla?
A diferencia de otros hongos cuyos efectos pueden sentirse más rápido, la melena requiere un tiempo de adaptación para que el intestino absorba sus compuestos neuroprotectores. Conseguirla fresca diariamente es difícil, por lo que la forma más práctica de mantener la constancia es a través de extractos en polvo o cápsulas.
En Colombia no tenemos tan arraigado el consumo gastronómico de setas más allá del champiñón. ¿Cuál es la forma más segura y sencilla de prepararlas en casa?
Lo ideal es pasarlas siempre por calor: salteadas o hervidas entre 5 y 10 minutos. Los hongos tienen una pared celular rígida —similar a la de vegetales como el brócoli— que necesita romperse con la cocción para facilitar la digestión y la absorción de sus nutrientes y fibra prebiótica.
(Para saber más: Hongos: un reino sorprendente por descubrir en Colombia)
¿Qué papel jugarán los hongos funcionales en las próximas décadas?
El mercado y la investigación van a crecer de forma exponencial en los próximos 10 a 15 años. Colombia tiene un potencial gigantesco en el reino Fungi por su variedad de climas y ecosistemas. Sin embargo, enfrentamos dos grandes barreras: la del cultivo a escala —que exige estándares de asepsia muy estrictos para no cruzar especies— y la regulatoria, pues las agencias locales aún ponen trabas a la hora de clasificar estos productos entre alimentos y suplementos funcionales.
De todo este viaje por el reino Fungi, ¿qué es lo que más le sigue maravillando?
Me maravilla su ciclo de vida y el micelio, que es la red viva más grande del planeta. Comprender la interacción molecular, cómo un compuesto de una célula interactúa con otra para proteger nuestro organismo y cómo el hongo abre y cierra el ciclo de la vida, es sencillamente fascinante. Mi invitación con el libro es a recordar la máxima de la medicina integrativa: hacer que el alimento sea tu medicina.
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