Claudia Hakim
Foto: cortesía de Gregorio Díaz
abril 26, 2026
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El regreso de Claudia Hakim: volver al arte desde la materia

La artista y gestora sorprendió con una elocuente y evocadora muestra, tras quince años sin exponer su trabajo. Aunque la exposición ya terminó, conversamos con ella sobre su regreso al arte.
POR:
Claudia Arias
Revista Diners
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Cruzo la puerta de la galería La Balsa, en la calle 10 de Medellín, y me transporto. El bullicio que se ha instalado en este sector de la ciudad encuentra un refugio en este espacio, gracias a la muestra “El universo de lo múltiple”, de Claudia Hakim.

La sala es un lugar meditativo, uno creado con partes automotrices, las mismas que la artista consigue alrededor de su taller en la zona industrial de Puente Aranda, en Bogotá. La blancura del entorno contrasta con las formas oscuras, tridimensionales, toscas y, a la vez, sutiles. Tras dedicarse a la gestión artística como directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá y la creación de la galería NC Arte en la misma ciudad, Hakim regresa al centro de la sala en su faceta de artista, la cual nunca dejó.

Claudia hakim
Para Claudia Hakim este era el momento para volver a la escena, un ejercicio en el que combinó sus dos mundos: la gestión y la producción de sus obras. Foto: cortesía de Gregorio Díaz

Para ella, son dos roles que se complementan: “La gestión habilita y amplifica. Cuando tú no le das visibilidad a lo que haces, no hay gestión, no hay visibilidad de la obra. Las cosas hay que moverlas, comunicarlas. Eso es gestión. ¿Y el arte? Mi arte es lo que me mueve, lo que puedo hacer cuando no me encargo de la gestión. Para mí, son dos temas paralelos. Sin gestión, muchas obras no existen, no circulan, y sin el arte, la gestión pierde contenido, se vuelve meramente administrativa”, explica.

Aquella mañana vi las coronas de acero templado, los tapices elaborados con tuercas y tornillos sobre una base metálica, tejidos con cable eléctrico, y la bandada de pájaros de la obra Migraciones. La fundadora de la galería, Patricia Gómez, invitó a su colega, además artista y diseñadora textil, a que saliera de su taller para que compartiera de nuevo su arte con el público.

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Tejer, siempre tejer

“Desde la universidad tuve la motivación de ensayar fibras. Trabajaba con nailon, con polipropileno, hasta con papel aluminio, volviéndolo hilo, pues tenía ya esa curiosidad de buscar materiales más procesados. Con el tiempo, empecé a sentir que la fibra no era de la calidad que requería, ya que soy muy exigente en mis terminados; necesitaba un elemento más industrial, además de los materiales vegetales que tejía y que comencé a pintar con acrílicos, con la idea de proteger la fibra del paso del tiempo. Luego les empecé a dar forma tridimensional a esos mismos tapices, los volvía como unos rectángulos, unos cubos. Y trabajé con materiales industriales”, cuenta. 

En 1997, a su regreso de la Universidad de Oxford, donde tomó cursos de historia del arte, cerámica y joyería, buscando un espacio para hacer su cerámica más grande, llegó a Puente Aranda, donde encontró lo que se le había comenzado a conformar en la mente. “Aparecen una serie de elementos, de cintas metálicas, objetos con perforaciones, y empiezo a mecanizar todo de una manera diferente. Manipulo elementos más duros, más complicados, que requerían más fuerza, y entendí que también podía tejer esas cintas metálicas, que podía ensamblar esos agujeros de las piezas que salían de un reciclaje de la industria. Sentí que allí había una segunda oportunidad para trabajar un material nuevo y de darle otra oportunidad a un material de reciclaje”, manifiesta.

Claudia hakim
Tapiz negro. Base metálica perforada intervenida con tuerca y tornillos tratados y tejido con cable eléctrico. 110 x 60cm, 2024. Foto: Óscar Monsalve

Me pregunto si las obras de Hakim son una contradicción o un imposible. La rudeza del acero, lo macizo de las piezas, así como su levedad. Quizás es mi mirada romántica sobre su trabajo. Ensambles semejantes solo se logran con minucia y dedicación, de ahí que sus obras me parezcan sutiles; también porque muchos describen el tejido como una meditación en movimiento. “Todos los aros que viste, lo que cuelga en algunos cubos gruesos, son entretejidos. Tomo partes de los rines de los carros, corto la pieza, la abro, la ensamblo, y luego la cierro con unas pinzas”, explica.

“Trabajo en un espacio grande, con mucha luz, una cristalera maravillosa, donde estoy rodeada de las empresas que producen estos materiales. Yo los recojo con dos operarios jóvenes que me ayudan a traerlos, a separarlos, y ahí empezamos la creación, comenzamos a trabajarlos, a soldarlos. Yo genero la idea, los colores, el tratamiento; pongo las muestras y ellos se dedican a hacer el trabajo de fuerza”, explica.

Entonces hay mucho ruido, pero igual mucho silencio… “Tal cual. Por ser metal, siempre hay ruido, pero al momento de ensamblar es clave la concentración, porque todo es muy geométrico, tiene un tema aritmético. Las obras se van haciendo casi con una cuadrícula. Es muy mental, pues imagino la pieza, pero no uso papel ni lápiz. Se vuelve como una meditación, algo repetitivo. Te concentras y te dedicas a hacer eso: abrir, cerrar, ensamblar, abrir, cerrar. Cambiar de color, abrir, ensamblar. Las de tornillería también tienen una secuencia. Requieren paciencia. Por eso, a veces me paro, doy una vuelta y vuelvo”.

Otra de las virtudes de su obra está en la espacialidad, la cual la artista concibe con acierto. “Es algo que se percibe y se imagina cuando uno opera el espacio. Quizás por la amplitud de mi taller, me gusta hacer obras grandes. Mi formación es un tejido, lo hago y lo repito y va creciendo en la espacialidad. Siempre estoy viendo la escala. Cuando comienzo a trabajar, miro qué plano va primero, cuál va después y lo hago a mi escala del taller”.

Claudia hakim
Entre tejidos. Tejidos sólidos de aros metálicos entrelazados. 65 x 65 x 110 cm, 2014. Foto: Óscar Monsalve

A la artista también le gusta acoplarse a los espacios cuando le piden una obra para un lugar específico. “Ahí uno empieza a estudiar el espacio, a analizar la luz, pero es algo que realmente tengo como innato. Miro además cómo se desplazan el cuerpo o la mirada alrededor de las piezas. La gente se acerca, se distancia, la recorre, la quiere tocar, y en mi caso esa es la idea. Para mí, el tocar es importante, ya que tengo que entender la proporción; si lo hago vacío, si lo hago lleno, si es un edificio, si es otro espacio”.

Un nuevo universo se abre para la artista. “Creo que era el momento de volver a la escena, a hacer lo que más me gusta, a visibilizar mi trabajo gracias a Patricia Gómez, y a exponerlo en Medellín. Me encantó. Me sentía plena montando mis obras allí. Esta muestra me permitió mezclar los dos mundos: gestión y producción de mis obras (…). Fue muy importante. Me dio la seguridad de volver a salir a la luz con mi trabajo  y de continuar con otros capítulos”, puntualizó. 

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