Revista Diners
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En el corazón de La Rioja, donde el tiempo es un ingrediente más, los vinos de las bodegas Beronia expresan con claridad la evolución del tempranillo a través de sus crianzas. Entre ellos, el Reserva y el Crianza trazan dos momentos distintos del mismo relato: uno pausado, profundo; el otro, vibrante y accesible. La diferencia no solamente se percibe en la copa, sino —sobre todo— en la mesa.

Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad. Ley 124 de 1994. Foto: cortesía de Beronia
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El Beronia Reserva es un vino de estructura envolvente, nacido de viñedos maduros y afinado durante largos meses en barrica y botella. Su perfil aromático es una combinación de fruta negra —mora y ciruela— con especias dulces como la canela y notas tostadas que evocan cacao y avellana. En boca, sus taninos son redondos, con un equilibrio entre frescura y profundidad que se prolonga en un final largo.
Este carácter lo convierte en un aliado natural de platos intensos. El maridaje ideal se construye con carnes rojas asadas, cordero o cortes a la brasa; también encuentra afinidad en embutidos ibéricos y quesos curados, cuya salinidad potencia su complejidad. Incluso en preparaciones más elaboradas —como un osobuco o un estofado—, el Reserva actúa como un hilo conductor que une profundidad y elegancia.

Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad. Ley 124 de 1994. Foto: cortesía de Beronia
Por contraste, el Beronia Crianza ofrece una lectura más fresca y directa del Rioja. Con menor tiempo en barrica, conserva una expresión más frutal: cereza, frutos rojos y un delicado fondo herbal que recuerda al romero y al tomillo, acompañado de sutiles notas de vainilla y cacao. Es un vino ágil, con taninos suaves y un perfil más inmediato.
Su versatilidad en la mesa es notable. Funciona con carnes asadas ligeras, aves o incluso platos de inspiración mediterránea, en los que las hierbas aromáticas desempeñan un papel central. Los embutidos y quesos semicurados resaltan su carácter jugoso, mientras que las pastas con salsas de tomate o pizzas gourmet encuentran en él un contrapunto equilibrado.
Así, mientras el Reserva invita a una experiencia más contemplativa —casi ceremonial—, el Crianza se adapta al ritmo cotidiano. Ambos comparten origen, pero divergen en intención: uno busca profundidad y persistencia; el otro, frescura y versatilidad. En el arte del maridaje, esa diferencia no es menor: define no solo lo que se bebe, sino cómo se vive cada comida.


