Ya son más de 10 años en los que la fachada de la calle 65 #4A- 51 llama la atención de los curiosos. Esa planta con influencia mediterránea que enfatiza la geometría de su entrada y sus ventanas es la casa de Emilia Grace, un restaurante fundado por Daniel Castaño y Camilo Giraldo, dos amigos de toda la vida que le han dado a Bogotá un refugio de gastronomía italo americana.
Y como buenos amigos se pusieron la “diez” para ofrecerle al bogotano y al turista un menú que se diferencie del resto. Por eso se trajeron de Italia semillas de tomate san marzano, entre otras variedades más dulces y menos ácidas, así como quesos y jamones curados en casa, hierbas como la albahaca y huevos orgánicos, esos sí de su huerta.
Justamente esta entrega y pasión por la gastronomía, los ha hecho sobrevivir a una pandemia, alzas inesperadas en ingredientes y sobre todo embates que todo negocio sufre de vez en cuando. A pesar de eso, Emilia Grace, que su nombre rinde homenaje a la hija de Daniel, sigue abierto para los comensales, porque lo que se hace con amor perdura en el tiempo.
Emilia Grace, un lugar para volver una y otra vez
Volver a Emilia Grace implica reconocer un proceso de aprendizaje colectivo. En sus primeros años, muchos comensales tuvieron que familiarizarse con platos a la carbonara (de verdad) y con la pasta al dente, conceptos que hoy hacen parte del vocabulario cotidiano de quienes frecuentan el lugar. Con el paso del tiempo, el público ajustó su paladar y encontró placer en esos clásicos que definen la cocina italiana contemporánea.
Una parte fundamental de esa identidad proviene del recorrido de Daniel Castaño en Nueva York, donde trabajó casi una década dentro del mundo restaurantero y entendió que la tradición italiana en Estados Unidos permite una flexibilidad más abierta de los recetarios y de las combinaciones. Esa experiencia se traduce en un menú que no teme cruzar influencias de aquí y de allá.
En Emilia Grace aparecen carpaccios alternativos, milanesas y osobucos de gran tamaño, costillas de res braseadas con una clara raíz estadounidense y platos como el pulpo con almendras, una combinación poco habitual dentro del canon italiano. La cocina del restaurante privilegia la experimentación cuidada y celebra la convivencia de sabores dentro de un mismo plato, siempre a partir de pastas hechas en casa y productos frescos y colombianos como la mozzarella de búfala, los piñones y el pesto clásico.
Una cena de lujo en Emilia Grace

Este es uno de esos restaurantes que amerita una celebración en su interior. Pero no tiene que ser un cumpleaños o un grado, puede ser simplemente el hecho de estar vivos, por eso nada mejor que ir con su pareja, con su madre o hasta con un buen amigo, para que disfrute este recorrido que le proponemos desde la entrada hasta el postre.
Empiece con un acciughe, que es una focaccia tostada con anchoas, pimentón asado, perejil y ajo encurtido, un comienzo salino y directo que despierta el paladar. Luego, continúe con las remolachas con avellanas y stracciatella, un plato que introduce dulzor y cremosidad y prepara el cuerpo para lo que viene sin saturar.
Como antipastos vale la pena llevar la mesa a un punto más profundo con los espárragos con huevo al tartufo, parmigiano y trufas. En su defecto, también puede pedir los carciofi, conocidos también como los corazones de alcachofa con parmigiano, peperoncino y hierbabuena, que aportan textura, amargor y un perfume vegetal que limpia la boca antes del siguiente paso.
Las pastas de Emilia Grace
Para el momento de la pasta, puede elegir los ravioli pisello, rellenos de puré de arveja con salsa de crema de leche, hierbabuena y prosciutto, mientras su pareja gastronómica pide los fetuccini carbonara, huevo, parmigiano, guanciale y pimienta negra, una combinación que permite contrastar delicadeza y profundidad sin romper la armonía del conjunto.
Ahora si está buscando platos con proteína. Empiece por el salmone con pesto de hierbas, puré de papas y cebolla asada aporta equilibrio y elegancia, mientras el saltimbocca de ternera con prosciutto, salvia, mantequilla, vino y papa dorada introduce una nota más contundente y clásica que deja abierto el festín gastronómico para el postre.
Aquí conviene pedir dos postres y compartirlos. El felice, con crema de mascarpone, bizcocho al café y fudge de avellanas, ofrece suavidad y nostalgia, y el cioccolato, suflé de chocolate oscuro con crema batida de chocolate blanco, añade intensidad y calor, dejando la mesa en silencio por unos segundos.Cierre con dos limoncellos, uno por persona y disfrutará con todas las de la ley uno de los mejores restaurantes de Bogotá. Eso sí, es mejor que deje el perrito en casa porque no es pet friendly.


