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Revista Diners
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El café, el tucupí amazónico, las hormigas limoneras, el chocolate y el queso Paipa llegaron hasta Nueva Orleans con la misión de contar la historia de un país a través de sus sabores. Con esa propuesta, el equipo colombiano consiguió un resultado inédito en el Bocuse d’Or Américas 2026: por primera vez, Colombia subió al podio de esta competencia considerada una de las más exigentes de la alta cocina mundial y aseguró su lugar en la final de Lyon 2027.
Si bien la cocina colombiana cuenta con numerosos reconocimientos en la esfera gastronómica internacional, esta es la primera ocasión en que la delegación nacional es galardonada con al estatuilla del chef francés Paul Bocuse. La hazaña en la selección continental del proclamado mundial de los chef, además del tercer lugar para Colombia, marca un nuevo logro: la joven chef Laura Osorio fue elegida como la Mejor Commis de la competencia, un premio que destaca la precisión técnica, disciplina y capacidad de trabajo en equipo de los asistentes de cocina.
«Haber representado a Colombia en el Bocuse d’Or Américas es hacer realidad el sueño de toda mi vida y me llena de un orgullo profundo. Este hito es el resultado del esfuerzo incansable de mi equipo, el amor de mi familia y el apoyo de todo un país que creyó en nosotros; gracias infinitas a ellos por hacerlo posible», expuso Juan Buitrago, integrante de la delegación nacional en la competencia.
Una cocina colombiana que llegó con biodiversidad al plato
El reto del Bocuse d’Or no consiste únicamente en cocinar bien. Los equipos deben demostrar dominio técnico, creatividad, organización e identidad gastronómica bajo una presión extrema. En ese escenario, Colombia decidió llevar un platillo construido con sabores trazados por los territorios nacionales.
La propuesta del equipo colombiano estuvo construida alrededor de ingredientes que cuentan la historia natural y cultural del país: el internacionalmente conocido café, el caldo ocre tucupí de origen amazónico, la acidez de las hormigas limoneras, chocolate y queso Paipa, materializaron el concepto culinario. A ellos se sumaron reinterpretaciones contemporáneas de preparaciones tradicionales como el ají de maní, el encocado del Pacífico y la mazorcada costeña.
La apuesta fue mostrar que la cocina colombiana puede dialogar con los códigos de la alta gastronomía sin perder su origen. En lugar de presentar los ingredientes como elementos exóticos, el equipo los convirtió en una narrativa sobre la biodiversidad y la memoria culinaria del país.
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Si bien el garladón es por sí mismo un hito para la historia del país, las manos de aquellos cocineros que hoy cuentan con una estatuilla de bronce también pasan a la memoria culinaria nacional. La delegación estuvo integrada por Juan Buitrago, chef candidato; Laura Osorio, commis; Carlos Pájaro, coach; Juan de la Roche, jurado de degustación; Santiago Alarcón, líder de staff; Sergio Puentes, Santiago Yepes y Natalia Moreno, responsables del mise en place; además de Andrés Uribe, fotógrafo oficial del equipo.
Para Carlos Pájaro, coach de la delegación, el resultado fue la consecuencia de meses de preparación y trabajo colectivo. “Este logro es el resultado de muchos meses de preparación, sacrificio y trabajo colectivo”, señaló. El reconocimiento a Laura Osorio, agregó, demuestra que Colombia cuenta con una nueva generación de cocineros preparada para competir al más alto nivel.
El reconocimiento a una nueva generación de chefs colombianos en Bocuse d’Or
Al frente de esta histórica participación estuvo Juan Buitrago, quien asumió el desafío como candidato oficial de Colombia después de un proceso de entrenamiento que requirió cientos de horas de preparación técnica.
Su propuesta combinó investigación sobre ingredientes colombianos, precisión culinaria y una mirada contemporánea sobre la gastronomía nacional. Con ello, Buitrago se suma a una generación de chefs colombianos que busca ampliar la conversación internacional sobre la cocina del país, más allá de sus platos tradicionales y sus territorios de origen.

El podio en el Bocuse d’Or Américas también representa una consolidación del camino que Colombia ha recorrido en las últimas décadas para posicionar su gastronomía en escenarios globales. El país ha pasado de ser reconocido principalmente por la riqueza de sus productos a demostrar que tiene talento capaz de transformar esos ingredientes en propuestas de alta cocina.
“Este resultado marca un momento histórico para la gastronomía colombiana. No solo demuestra el extraordinario nivel de nuestros cocineros, sino que confirma que Colombia ya compite de tú a tú con las grandes potencias culinarias del continente”, afirmó Dominique Oudin, chef ejecutivo del Sofitel Legend Santa Clara y presidente del concurso Bocuse d’Or para Colombia.
Ahora, el equipo colombiano se prepara para una nueva disputa en Francia, donde se enfrentará a los mejores representantes gastronómicos del globo en el llamado mundial de la alta cocina. Allí llegará con una propuesta que ya consiguió algo fundamental: demostrar que los sabores colombianos tienen un lugar en la conversación de la alta cocina internacional.
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