LA DELICADEZA
Touché, la marca especializada en lencería y fundada en Medellín en 1987 y que ya cuenta con 39 almacenes en Colombia y 17 puntos de venta en el extranjero (México, Perú, Ecuador, Chile, Guatemala y Costa Rica), vive esta versión sin ataduras de la lencería con aparente naturalidad porque forma parte de su vocación “imponer las necesidades de diseño sobre las exigencias del mercadeo”. “Hemos comenzado a visibilizar la ropa interior. Nuestras diseñadoras se relacionan con estas prendas como si fueran piezas exteriores. De ahí el trabajo con los broches y los cierres; con las tiras sobre la espalda; el desarrollo de siluetas especiales que permiten que se perciba la ropa interior a partir de los escotes o los cortes de las prendas que se superponen. No es que sea un fenómeno tan masivo, comercialmente hablando, aunque tenga tan buen impacto en redes sociales”, señala Manuela Arango, responsable del área de mercadeo de la firma.
Lo cierto es que cada vez es más frecuente apreciar el fenómeno en el país de esta vestimenta interior que se puede observar sin forzar la mirada de reojo. Basta recorrer algunos sitios de rumba, restaurantes en furor e incluso pacíficas reuniones sociales en museos, galerías de arte, estrenos de ballet o presentaciones de libros para encontrar quien hace de un body blanco o un brasier negro de cintas que se pierden hasta el ombligo su presentación personal. ¿Dejará de existir el famoso cajón de la ropa interior en los armarios de las mujeres? Ese espacio tomado por los colores más tenues de la paleta o los más turbios de la noche que huele a lavanda. Quién sabe. Es posible que estas prendas sí estén colonizando nuevos territorios: “Nuestras pijamas son tan lindas que ‘ojalá se enfermé el perro en mitad de la noche para llevarlo al veterinario’”, confiesa entre risas Manuela.
LA TRADICIÓN
La colección Silence, una marca masiva como Punto Blanco en Colombia, se une a esta senda de ropa interior desprovista de arandelas, capaz de sugerir y emocionar. La elección de la modelo y presentadora Claudia Bahamón como cocreadora de esta propuesta, que incluye las tres piezas esenciales de lencería en tonos pasteles, le añade un ingrediente adicional a la oferta: comunicación efectiva de una de las divas nacionales que nunca aceptó desnudarse y que se atreve esta vez a enfrentarse literalmente “en ropa interior” a la cámara de Juan Arellano para la campaña fotográfica. El resultado del catálogo acentúa la hipótesis de este artículo. Un ambiente de bosque, naturaleza en su estado esencial, donde esta arquitecta de profesión, madre de dos hijos, revela su cuerpo a través de piezas que la visten y desvisten al mismo tiempo.
EL TALENTO QUE NACE
Entreaguas (Medellín) y El origen del mundo (Bogotá) son también dos firmas nacionales, nacidas del talento creativo y técnico de dos jóvenes diseñadoras que inician su camino en el mundo de la moda con un trabajo de lencería enfocado en descubrir nuevos materiales, siluetas y acabados para hacer de estas prendas íntimas, placeres tan mundanos y visibles como personales. Con macramé y lycras de un solo tono, los bodies parecen trajes de baño, pero son –en manos de Entreaguas– teóricas piezas para proteger y adornar el cuerpo bajo un vestido. Así como la pintura erótica del realista Courbet es la herramienta elegida por El origen del mundo para no recurrir al cliché de la tigresa vestida de negro y encaje, sino servírselo en bandeja a cualquier mujer a las ocho de la mañana. Ambas marcas incipientes aluden a un asunto de exploración constante. Probablemente el escenario que siempre estará asociado a la ropa interior. El que logrará contarnos en el final del tiempo quiénes somos.


