El huevo al desayuno es típico y común en Colombia. Muchos lo amamos en la niñez, en su presentación frita, revuelta y hasta con salchicha, pero con el tiempo su aroma, textura y sabor se convirtió en algo insoportable. Y seguramente no lo puede explicar bien, quizás le causó un malestar estomacal tras una comida inocente o el olor fuerte de un huevo demasiado cocido lo sacó de sus casillas y hasta ahí toleró ese alimento.
El simple hecho de ver la cáscara o sentir su aroma bastó para provocarle repulsión. Esa transformación, cada vez más frecuente en conversaciones cotidianas, tiene un nombre en el lenguaje actual: food ick . El origen del término food ick La expresión surgió en redes sociales como forma de describir un rechazo repentino hacia alimentos que antes se disfrutaban. No aparece en manuales médicos ni en literatura académica con ese nombre, aunque sí se conecta con conceptos ya estudiados como food aversion o conditioned taste aversion .
El término resume de manera coloquial ese fenómeno de pasar del amor a la repulsión sin previo aviso, y lo aplica a comidas comunes como el huevo, el pescado crudo o incluso el chocolate. Los investigadores llevan décadas estudiando por qué ocurre este rechazo inesperado y resulta que hay varios mecanismos. En primer lugar, puede ser una aversión condicionada, es decir, cuando se asocia un alimento con una experiencia desagradable, como vómito o malestar estomacal, aunque la causa real haya sido otra. Esa asociación puede surgir tras un único episodio.
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También está la sensibilidad al asco, que algunas personas perciben olores, sabores y texturas más intensos y desagradables que otras, lo que aumenta la probabilidad de rechazo. A esto se le suma la neofobia o aprendizaje social, que sucede cuando usted observa que cuando otras personas detestan un alimento en un contexto cultural, usted automáticamente también lo estigmatiza. Por otro lado, también se puede debe [TRUNCADO]



