Hay festivales que se anuncian con nombres ruidosos y cifras infladas y hay otros que empiezan contando una historia distinta desde la forma en que imaginan el espacio donde ocurre la música, y Festival Ondas pertenece a este segundo grupo porque antes de revelar carteles o promesas de récords decidió mostrar el corazón físico de su propuesta, un teatro efímero al aire libre que busca replantear la relación entre artistas y público en una ciudad acostumbrada a los macro eventos.
Un teatro pensado antes que el cartel de Festival Ondas
Bogotá, enero de 2025. Festival Ondas presentó las primeras imágenes del diseño arquitectónico del festival de ciclo que se realizará del 13 al 21 de febrero de 2026 en el Parque Simón Bolívar, un anuncio que no pasó por alto entre quienes siguen de cerca la evolución de los formatos de música en vivo en la ciudad, ya que el proyecto se aleja de las tarimas monumentales y apuesta por un teatro al aire libre dispuesto semicircularmente, con graderías numeradas y un escenario concebido para eliminar barreras visibles y simbólicas entre artistas y audiencia.
Last Tour América fue la encargada de mostrar el diseño del teatro efímero del Festival Ondas, una estructura temporal que durante nueve días dará vida al festival ondas, y que propone una fusión del teatro griego, la intimidad del club de jazz y la libertad del concierto al aire libre, una mezcla que privilegia la cercanía como eje central de la experiencia musical y que se traduce en decisiones arquitectónicas concretas.
A diferencia de los festivales tradicionales que priorizan asistencias masivas, Ondas construirá en el Simón Bolívar un escenario donde la cercanía es protagonista, con graderías elevadas en formato de anfiteatro y áreas de pie muy cercanas al escenario, todo dentro de una estructura temporal que se montará exclusivamente para el festival y que busca recrear la atmósfera íntima de un teatro tradicional bajo el cielo abierto de Bogotá.
Esta disposición responde a un principio claro que se repite como idea fundacional del proyecto y que atraviesa cada decisión de diseño disminuir la distancia entre el público y los artistas, una intención que se vuelve tangible cuando se observa la escala del espacio y la manera en que cada ubicación fue pensada para mantener una relación visual y sonora directa con lo que ocurre sobre el escenario.
Una declaración de intenciones desde la arquitectura
Cuando diseñamos este espacio, teníamos una premisa clara que cada persona, sin importar dónde esté sentada, sienta que está en primera fila, explicó Nicolás Ayala, director de Booking y Promotoría en Last Tour América, quien subrayó que el teatro efímero no es únicamente una estructura física, es una declaración de intenciones que busca que el público experimente la música con todos los sentidos, vea las expresiones de los artistas y sienta la música de sus artistas favoritos sin perderla en la distancia, en la aglomeración o la incomodidad.
Para Ayala, volver a lo esencial implica recuperar una escena básica y poderosa un escenario, un artista y una audiencia conectada, una idea que en tiempos de pantallas gigantes y transmisiones simultáneas adquiere un valor particular para quienes buscan una experiencia más concentrada y emocional.
El entorno también hace parte del relato
El diseño contempla zonas de circulación amplias, áreas de gastronomía y experiencias que complementan el festival sin competir con el protagonismo del escenario, además de una distribución orgánica que aprovecha el entorno natural del Parque Simón Bolívar, integrando vegetación y creando corredores iluminados que guían al público a través del espacio y refuerzan la sensación de estar dentro de un recinto pensado para el recorrido y la permanencia.
Lo que estamos proponiendo es una experiencia sensorial completa, no queremos que la gente sienta que está en un evento masivo donde eres uno más entre miles, aquí cada asistente importa, cada ubicación fue pensada y cada detalle sonoro está calibrado, añadió Nicolás Ayala, quien destacó que el teatro al aire libre permite fusionar la magia de estar bajo las estrellas con la calidad técnica de un recinto pequeño.
Un modelo de consumo cultural distinto
Este nuevo festival que aterriza en Bogotá también pensó en tener una capacidad controlada para cada fecha, muy distante de las aglomeraciones de los macro festivales, y propone un modelo de consumo cultural más consciente que invita a elegir la noche que más resuene con los gustos de los fans, disfrutar un show completo del artista sin interrupciones de cambios de tarima y vivir la música en un entorno diseñado para el detalle y la conexión.
La programación confirmada refuerza esa idea de noches únicas y experiencias cerradas Ivy Queen y Villano Antillano el 13 de febrero, The Cardigans el 14 de febrero, Encanto de Disney con una proyección de la película y banda sonora en vivo junto a la FOSBO el 15 de febrero, Arde Bogotá y Silvestre y la Naranja el 19 de febrero, Justin Quiles y Ovy on the Drums el 20 de febrero y Jerry Rivera el 21 de febrero, con boletas que se venden de manera individual para cada fecha.
Más que sumar nombres, Festival Ondas parece interesado en construir un ritual urbano donde la música vuelva a sentirse cercana y donde el espacio deje de ser un contenedor neutro para convertirse en parte activa del relato, una apuesta que podría marcar un nuevo capítulo en la forma de vivir los festivales en Bogotá. Festival Ondas, Festival Ondas, Festival Ondas, Festival Ondas, Festival Ondas, Festival Ondas


