Revista Diners
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Al son de Un Lobo en París, de La Unión, Dolores Te Canta inició la pasarela de diseñador Alejandro Crocker mientras interpretaba la melodía saliendo de una camioneta en aquel quinto piso del Ágora de Bogotá, acto de cierre del Bogotá Fashion Week de 2024. Dicha escena logra resumir, en parte, una esfera del artista que ha hecho de la interpretación uno de los centros de su proyecto, desde su paso por Factor X hasta la búsqueda de una voz propia a través de sus llamados poemas musicalizados.
Dolores Te Canta nació como proyecto en 2018, a la par de una ruptura amorosa y una crisis personal. Su universo vocal pasó de interpretar baladas, música de plancha y rock en español a construir un repertorio en el que conviven trap, cumbia, rancheras y pop lírico. El resultado parte de una mezcla de referencias que va de Lana del Rey a los sonidos latinoamericanos que comenzó a redescubrir mientras hallaba sus propias palabras.
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En conversación con Diners, el intérprete habló de ese tránsito entre cantante y compositor, la mezcla de géneros en su mundo creativo y de la relación entre Nicolás y Dolores, así como la representación de sí mismo gracias a la canción, el cuerpo y el performance.
Hace dos años salió su primer álbum y, sumado a otros sucesos, el proyecto creativo Dolores Te Canta alcanzó gran popularidad y así pudo dar a conocer su historia. Sin embargo, ¿cuál es el origen musical de Nicolás, quien convive con Dolores?
Siempre fui un niño muy inquieto por la música. Fui histriónico. Creo que eso generó una conexión con la música de manera natural. Igual, mis papás también vieron esa vena desde muy pequeño y de una me metieron a clases de música. Entonces, desde chiquito estaba en xilófono, en coro, en flauta dulce.

Fui ese niño que los sábados iba a clase de música. Durante el colegio yo cantaba en todo. En cualquier izada de bandera, cualquier hueco o cualquier festival con otro colegio.
Me fui a la universidad y ahí dejé de cantar mucho por mis estudios en artes plásticas. Estaba haciendo otras cosas. Hacia el final de la carrera me reconecté un poco como con la música por medio del drag.
Ciertos artistas manifiestan un alterego, otros dicen que es un personaje. ¿De qué manera cohabitan Dolores y Nicolás?
Tengo un dicho que amo y que ejemplifica mucho la situación: yo me llamo Dolores, pero mi corazón se llama Nicolás.
Esa persona que también está muy conectada con su infancia, con ese niño que fue, con esas búsquedas y esas cosas que, digamos, en algún momento también me negaron como, no sé, jugar con Barbies o con muñecas; acercarme a cosas muy femeninas. Esa inocencia de descubrir belleza en las cosas sin importar el género.
Entonces, Nicolás siempre ha estado conectado con esas cosas que le faltaron, pero que al verlas le producían profunda belleza. Eso para mí es gasolina pura para Dolores.
Estar como: “Nicolás fue el que las vivió y a quien le movió el corazón profundamente, pero dolores es como un poco la oportunidad para mostrarle al mundo cuáles son esas cosas o cuáles son esas chispas de emoción que veía cuando era pequeño”.
El 20 de septiembre el álbum Dolores Te Canta cumplirá dos años desde su publicación. ¿Cómo ve la entrada al mundo de las disqueras, managers y todo un escenario comercial desde un proyecto tan personal como lo es Dolores?
Regresando a ese momento en que estábamos construyendo el álbum, me hace pensar que tenía la ilusión a flor de piel. En ese entonces, lo que conocía de la industria venía muy permeado de la televisión, de esa intersección extrañísima entre la televisión y la industria musical, que realmente también es muy nula.
Yo salí de un reality, Factor X, con un reto muy grande que era atravesar esa intersección: la gente me conoce, pero eso no significa que la industria musical me vaya a copiar. Hice este álbum con esa necesidad muy clara de que si quería ser competente en la industria de la música, tenía que contar con mi propia música. Fue un reto muy grande en sí porque la gente me conocía por ser intérprete.

Esos retos siempre los he sabido asumir desde una perspectiva optimista. Me dije: “voy a sacar esas canciones de donde sea”. Me costó mucho al comienzo porque antes de eso era intérprete, no compositor.
Con las ganas de querer sacar algo que decirle al mundo y encontrar una manera propia y unas palabras mías, un universo propio, pude hacer el álbum. Ahora, después de 2 años, entiendo un poco más globalmente qué significa tener música fuera.
Este primer álbum vino del romanticismo, de la ilusión, viene de esas ganas también muy inocentes y estar nuevo en esta industria. Era Nicolás queriendo ser ese cantante con el cual soñaba de chiquito, sin necesidad de pensar que esta música hay que venderla. Ahora que estoy volviendo a hacer música, tengo presente que no soy tan libre en la medida de que voy a hacer una canción solamente porque me gusta, aunque lo hago porque es necesario para mi alma, pero ahora ya también me toca pensar que esas canciones tienen que sostener el proyecto, hablarle a una audiencia. Estoy en el proceso de encontrarle la comba al palo un poco, encontrar mi manera de que se sienta real.
Cuenta con un universo musical en el cual abarcó como intérprete desde las rancheras al rock en español; ahora su proyecto personal une trap, cumbia, y pop lírico. ¿De dónde viene la inspiración y quiénes son los referentes en un escenario tan particular como lo es Dolores Te Canta?
En este momento, me está llamando mucho la atención lo que está pasando en Medellín, un poco también en Bogotá, como en Club Felinas, en DJ Piolinda, en Yajaira la Beyaca, que es como música superchartarruda, guarachosa, electrónica; así el tema frente a la vida campesina, el pueblo y estas imágenes también orgánicas que tiene la música folclórica del llano, del norte del Valle, el bambuco.
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Estoy en una investigación y pongo los ojos en esa cultura popular, en cómo suena el taxi, la buseta o la carrosita de las frutas. Busco esa esencia que Dolores podría cantar.
Ha mencionado que sus canciones son poemas musicalizados, incluso ha recitado en ciertos sencillos. ¿Cuál es el origen de esta práctica?
Hay un trasfondo muy importante para mí, muy profundo. Parece la escena de La Bella Durmiente, cuando le dan los dones. Mi papá hizo lo mismo conmigo, darme el don de la palabra. Incluso me decía poeta. Eso me abrió mucho la cabeza y el corazón a esa palabra.
Me preguntaba: ¿por qué me dice poeta? Y entonces eso me abrió bastante la mirada frente a buscar eventos poéticos en la vida, cosas poéticas, imágenes de ellas; estar en esta constante actividad de sentir el corazón un poco abrumado de sentimiento, de belleza y de felicidad. Eso me convirtió en una persona que aflora sus sentimientos y que quiere experimentarlos.
En esta búsqueda de encontrar mis palabras, me recosté muchísimo en ese don que me dio mi papá: poder ver la vida desde una mirada poética. Pude hacer versos y eso me pareció un elemento diferencial con otros proyectos.
En este momento cultural que está pasando, cada vez la comunicación de los artistas es súper de frente, como que la gente no quiere pensar tanto.
En ese momento me decía: si voy a hacer música y voy a proponer arte, pues quiero que la gente se detenga a escuchar realmente lo que estoy diciendo y a imaginarse las palabras que estoy utilizando. La apertura de El Perfume dice: “alguna vez existió para mí un amor que ofrecía las caricias más lindas. Fue un amor tan grande que cuando se marchó dejó un vacío inmenso. Muchas veces creí escucharle, verle, incluso leerle. Fue como si su perfume se hubiera quedado para siempre siempre recordarme su ausencia”. Y ahí empieza la cumbia.
¿Cómo se dio el tránsito en el apartado visual de una primera muestra más barroca a una apariencia que se liga a lo contemporáneo?
La vestimenta está completamente ligada a mi corazón, a mi sentir, al mood en el que ando.
Cuando empecé a hacer a Dolores las primeras veces, también durante Factor X, había un contexto drag, superfemenino, del hombre que le negaron su feminidad. Para mí, era muy importante permitirme ser muy femenino.

Toda la vida quise experimentarme así, toda la vida quise hacer todo lo que hice con ese Dolores superfemenino. Pero llegó un momento momento en el que también me conecté un poco con un lado mucho más masculino.
Entonces es chistoso que Dolores, al cual conocen por por ser así como superfem con el pelo largo, se cortara el cabello. De hecho, fue muy importante que esto pasara un año después de lanzar el álbum; fue reconectarme un poco más con Nicolás. Le estaba entregando un montón al personaje todo el tiempo.
Si se habla del género y el cuerpo, hay que poner sobre la mesa aquellas experiencias tanto pasadas como las actuales, que conllevan a su presencia escénica desde un cuerpo que puede tomarse como hegemónico. ¿Cuáles fueron esas vivencias?
Para mí el cuerpo ha sido una oportunidad increíble porque soy una persona que ve la vida como un multinivel.
Uno va escalando, no solamente hablando del éxito y de los premios, sino en las experiencias que uno va teniendo. Te van nutriendo y te van haciendo una mejor persona, si es lo que quieres. Como siempre intento estar superándome, siempre quiero ser mejor, siempre quiero crecer.
Tengo una gran herida con el cuerpo desde muy chiquito porque me molestaban un montón por ser tan femenino. Crecí gordito, entonces era este cuerpo gordito muy femenino que todo el tiempo señalaban y me hacían bullying por gordito y por gay.
Siempre tuve esta cosa de tener que cambiar eso, de tener que estar mejorando el cuerpo. Pero entonces llegó un momento de la vida donde entendí que eso también era mucho ego, que eran cosas vacías muy aparentes. Entendí que realmente lo que yo tenía que hacer era lograr que el cuerpo se volviera indispensable para mí porque era mi herramienta, no por como se viera.
Entonces, logré hacer ese click en mi cabeza: “perdónate por no haber crecido como tu hermano, como los niños populares como los que jugaban fútbol y los invitaban a todas las fiestas”.
“Perdónate, pero realmente no es porque te tengas que ver como ellos, es porque si quieres trabajar a partir de tu cuerpo como un material y como parte de tu expresión artística, pues hay que trabajarlo como tal”. Necesito un cuerpo disponible que me permita elongar brazos, que me permita tirar pluma y ser superbestial también.
Desde el lado privilegiado, un cuerpo trabajado te abre puertas. La hegemonía te abre puertas. Sin embargo, no lo vivo tanto desde ahí. En mi cabeza, lo que estoy haciendo es trabajar con mi voz, es lo que me permite decirle al mundo quién soy.
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