El tango en Manizales tiene una tradición que supera los cien años. Así lo asegura Nicolás Montoya, gestor cultural y quien está al frente de Reminiscencias Tango Show, uno de los seis salones que componen la llamada Calle del Tango de Manizales, ubicada en la calle 24 entre carreras 22 y 23 de la capital de Caldas.
Al igual que muchas otras cuadras de este sector de la ciudad, la Calle del Tango quedó visiblemente golpeada por el terremoto de 7,4 grados del pasado lunes 10 de agosto. Por ejemplo, como causa del movimiento telúrico, la torre del reloj de la Catedral de Manizales, que está a un par de cuadras, se inclinó sobre la cúpula central de este centro religioso.
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Evaluación de las estructuras: ¿Cuál es el estado de los salones de baile?
En la mañana de este viernes 14 de agosto, luego de acompañar la evaluación de cada una de las estructuras que realizó la Unidad de Patrimonio de la Secretaría de Cultura y Civismo de Manizales, Montoya aseguró que esta “calle de arrabal” les da sustento a alrededor de 40 familias -unas 240 personas-.
“Los salones de baile, que trabajamos en las primeras plantas, tenemos estructuralmente los establecimientos bien, aptos para funcionar. Sin embargo, las plantas superiores están en evaluación porque tienen que ser intervenidas. Básicamente, estamos a la espera de que las autoridades nos digan cuál es el plan o qué debemos hacer para conciliar la reapertura de los comercios”, explica Montoya.
Sobre esa mañana del lunes en la que sucedió el siniestro, Montoya comenta que, a pesar de la hora -7:34 a.m.-, varios negocios ya estaban abriendo, pues, como es el caso de Reminiscencias, también ofrecen servicio de cafetería y de panadería. “Yo soy vecino, yo vivo en el Hotel Escorial (calle 21 con carrera 21), y justo cuando terminó el temblor me vine y estaba colapsando la fachada del edificio del frente. Todo fue muy caótico, muy nervioso, muy complejo”, añade.
Los días posteriores a la tragedia que enluta a Colombia, los vecinos y los trabajadores del sector se dedicaron a recoger escombros, especialmente en la esquina de la carrera 23. En estos 120 metros en los que se derrama esta calle, también funcionan otros negocios como hoteles, residencias y almacenes de electrodomésticos, que durante la mañana de este viernes se dedicaron a sacar sus productos de los locales.
Montoya cuenta que en las calles 24 y 23, entre carreras 23 y 22, está ubicada la llamada manzana republicana, compuesta por unos 15 inmuebles que tienen la declaratoria de bienes de interés cultural. Según el gestor cultural, muchas de estas edificaciones quedaron golpeadas, algunas más, otras menos, pero, según los balances preliminares, pareciera que no hay necesidad de demoliciones ni de escenarios similares.

“Pero, igual, estar cerrado supone un golpe muy grande. Ahí es cuando uno respira, pero después no sólo es respirar; estamos muy golpeados, llevamos una semana y estos negocios, que están fundamentados en la economía popular, se resienten mucho”, asegura Montoya.
Aunque su nombre se reconoció oficialmente en 2002, la Calle del Tango nació hace 55 años, cuando se inauguró el primer local dedicado al ritmo argentino: Los Faroles, fundado por Hugo Arias Orzoco, quien falleció en 2024.
Esta comunidad milonguera, a la que se suman otros establecimientos como Mr. Tango y Tiempo de Tango, no sólo ofrece salones de baile los fines de semana, sino que sus negocios también funcionan en las tardes como academias dirigidas por varios instructores.
Montoya afirma que la Calle del Tango, sobre la que bailan pequeñas parejas plateadas que cuelgan de las cuerdas de sus postes, tiene un gran valor simbólico en cuanto a elementos de identidad y orgullo para la ciudad. Además, desde ese elemento de lo que él define como ‘tecnología de la emoción’, ofrece un servicio social vital a adultos mayores, pues semanalmente alrededor de 300 personas se reúnen a hacer uso de su buen retiro a través del abrazo de la danza.
“Emocionalmente y psicoafectivamente, esta callecita de arrabal ofrece ese servicio tan importante a esa comunidad. En los chats, sobre todo con los maestros, nos dicen: ‘Necesitamos reunirnos, así sea en una esquina’. Entonces, uno identifica que ese valor simbólico no sólo es el detalle de lo material, de las fachadas que tienen un cierto valor estético, sino de lo que está por dentro, de esa alma, de ese espíritu de quienes las usan”, finaliza Montoya.
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