London Below (Londres de abajo):
En la primera novela del escritor inglés Neil Gaiman, Neverwhere, hay dos ciudades: Londres y Londres de abajo —también llamada “lado subterráneo” — que es el mundo que da a su relato, un lugar mítico que está bajo el Londres actual y que está formado por partes y ecos antiguos del mundo de arriba. El mundo subterráneo tiene sus propias reglas.
Llena de personajes extraños (vagabundos y exiliados), Londres de Abajo se presenta como un mundo mágico, extraño y muy peligroso, donde caen quienes se escurren entre las rendijas del Londres de arriba.
“Joven —dijo—, entiende esto: hay dos Londres. Está el Londres de Arriba, ahí es donde vivías, y luego está el Londres de Abajo, el Lado Subterráneo, habitado por personas que cayeron por las grietas del mundo”, describe perfectamente uno de sus personajes.
Londres de abajo puede verse como un espejo del Londres de arriba, con puntos en común, que se reflejan en lados opuestos, como estaciones de bus que coinciden. Este es un lugar anárquico, lleno de sorpresas, pues es un lugar oscuro, al que no llega la luz del sol.
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Arkham:
Sede de la Universidad de Miskatonic (donde reposa el libro mágico “Necronomicón), es una de las ciudades que H.P. Lovecraft creó para ambientar sus relatos fantásticos. Se conoce por primera vez en su relato “La lámina de la casa”, en donde describe con precisión un lugar desolado y tenebroso por la fuerza de sus casas viejas y abandonadas.
“(…) las antiguas y solitarias granjas que se levantan entre los bosques de Nueva Inglaterra, pues es en esta región donde mejor se combinan los sombríos elementos de fuerza, soledad, fantasía e ignorancia”, escribe Lovecraft, que ubicó en el estado de Nueva Inglaterra —específicamente en Salem—, y que junto con Innsmouth y Dunwich, forman lo que se ha conocido como el «triángulo de Lovecraft».
Arkham ha trascendido y ha influenciado a otros géneros y formatos, el más famoso es el asilo mental en Batman, donde son recluidos los villanos, y el cual lleva su nombre.
Comala:
Hay dos Comalas: el real y el de Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo. Aunque las dos se llaman igual, Rulfo solo usa su nombre y convierte esta tierra en una interpretación literal de su nombre, un comal, una paila para cocer tortillas o granos.
Este sitio está “sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”, en propias palabras de Abundio Martínez al principio de esta novela. Con llanuras de color verde —a veces amarilla por el maíz— esta Comala es distinta a la real, que es una sierra de clima templado.
En este caso, es más que el fondo o el lugar de la novela, es el personaje principal. Ya lo dijo el propio escritor, que la describe como “un pueblo muerto donde no viven más que ánimas, donde todos los personajes están muertos, y aún quien narra está muerto”.
Pero de esa Comala ficticia de Rulfo hay dos: la actual, ese pueblo de muertos, y la que recuerdan los personajes, un paraíso perdido y añorado desde los recuerdos, “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche», dice una de esas remembranzas.


