El 19 de enero de 2023, el jurado presidido por la escritora argentina Claudia Piñeiro anunció al ganador del Premio Alfaguara, uno de los galardones literarios más importantes en el mundo hispanohablante. Ese año se recibieron 760 manuscritos, pero fue Gustavo Rodríguez quien se llevó el reconocimiento por su novela Cien cuyes . A sus 55 años, se convirtió en el segundo peruano en recibir este premio en toda la historia de la convocatoria. Para entonces, Rodríguez ya no tenía nada que demostrar. Contaba con una carrera consolidada como columnista del diario El Comercio , colaborador de la revista Etiqueta Negra y cofundador —junto a Javier Arévalo— del Proyecto Recreo, una iniciativa dedicada a fomentar la lectura en las escuelas del Perú. Su labor ha sido reconocida por diversas instituciones: recibió homenajes del Consejo Nacional de Educación del Perú, del Colegio de Abogados de Lima e incluso una medalla de la ciudad de Trujillo, donde vivió desde los cuatro hasta los dieciséis años. Entre sus novelas más destacadas se encuentran La risa de tu madre (2003), La furia de Aquiles (2005) y Treinta kilómetros a la medianoche (2021). Hoy regresa con la que podría ser su obra más personal hasta la fecha: Mamita . Incluso el título da pistas del trabajo emocional y la intimidad que atraviesan cada página. El protagonista de esta historia es un escritor —como el propio autor— que por fin se ha atrevido a cumplir su deber familiar: contar la historia de sus abuelos y de su madre, una travesía que inicia en el siglo XX, en la Amazonía peruana. Es una novela que entrelaza la maternidad, el amor familiar y el proceso creativo, a través de recorridos urbanos cotidianos, evocaciones de la selva y una profunda reflexión metaficcional. Diners conversó con Gustavo Rodríguez sobre el significado de Mamita , sus conexiones personales, lo que implica publicarla en este momento y por qué decidió incluir un guiño a Colombia. ¿De qué trata Mamita ? Foto: Cortesía de Editorial Penguin Random House / Portada de Mamita . Imagina que eres un escritor y tu madre, a punto de cumplir 90 años, te hace saber que solo le quedan tiempo y ganas para leer un libro más en su vida. Y quiere que tú escribas ese libro. Mamita es la historia de cómo un escritor, corriendo contra el tiempo, intenta producir una novela que le debía a su mamá desde hace décadas. Una novela que cuenta el origen problemático y complicado de su abuelo, comenzando por los años del boom del caucho en la selva amazónica, una época de genocidios y violencia. En realidad, yo no creo que los escritores de ficción deban sentirse obligados a entregar un mensaje a sus lectores. Pero, en el caso de las novelas, uno cuenta varias historias que se entrelazan entre sí; es un universo con múltiples capas. Y una de las capas de Mamita es la memoria familiar. ¿De qué manera las historias que nos cuentan nuestras madres y abuelas ayudan a construir nuestra identidad? ¿De qué forma nuestra historia familiar se entrelaza con la Historia en mayúscula, esa que aparece en los libros? Otra es el lugar de la mujer: ¿hasta qué punto, en los últimos cien años, la mujer ha dado grandes pasos para conseguir y conquistar su propio espacio en nuestra sociedad? Y una capa que no pensaba que iba a generar tanto interés: ¿cómo crea una novela un escritor? ¿Qué preguntas se hace? ¿Cómo es su proceso de trabajo? ¿Cómo se escribe contra el tiempo? Eso, a grosso modo, ahora les corresponde a los lectores completar los temas. ¿Por qué publicar un libro como Mamita en este momento de su vida? ¿Comparte la ansiedad del protagonista por contarle la historia a su madre? Claro, sentía que le debía esta historia a mi propia madre desde hace mucho tiempo, y fui mucho más consciente de ese deber hace unos diez años. Desde que era pequeño, mi abuela me contaba historias sobre mi abuelo, Otoniel Vela: un magnate amazónico que llevó el progreso a la selva, que era amigo de Julio Verne, y que construyó un enorme palacio al lado del río. Hace más o menos diez años, invitaron a mi mamá a la ceremonia de lanzamiento de una nueva moneda en el Perú. Lo especial era que el palacio de mi abuelo iba a estar grabado en el reverso. Y al ver ese palacio tan pequeñito, me dije: “Acá tienes una gran historia”. El Estado peruano estaba ratificando aquello que escuchabas e imaginabas de niño. En ese momento intenté escribirla, pero no me salía con el registro, con la voz que yo quería. No fue sino hasta el año pasado que pude concretar la forma en la que quería aproximarme a este proyecto. Las dificultades de hace diez años que menciona, ¿tienen que ver con cómo equilibrar la implicación personal y la fidelidad a los acontecimientos históricos, especialmente los más oscuros? Foto: Sasha Gerasimov en Shutterstock / Parque Nacional Yasuní. ¡Claro! En Colombia ustedes tienen La vorágine , pero en Perú eso no existe. No hay un gran libro que mencione el genocidio del Putumayo, la época del caucho. Ni siquiera se enseña en las escuelas. Eso es algo deplorable. (Siga leyendo: ¿Por qué el escritor español Blue Jeans incluyó a un colombiano en su nuevo libro? ) Entonces, yo era consciente de que este proyecto tenía que ser crítico con la historia, crítico con mi abuelo, crítico con la época… pero también tenía que ser cariñoso con mi madre. Y lo hallé en un tono no denunciador, sino de curiosidad, que le deja al lector la potestad de que sea él quien juzgue. En relación con mi abuelo, también me debato mucho entre la crítica, la admiración y la ternura, y creo que el tono que encontré me permitió hablar del genocidio con firmeza, con dureza, pero también con los matices que el caso merece. En cuanto a su intención de ser cariñoso con su madre, ¿cómo se le ocurrió el título de la novela, Mamita ? Fue una decisión difícil, porque estamos rodeados de títulos maravillosos, largos, intelectualmente impecables, ¿no? Por ejemplo: Nada se opone a la noche , o El ruido de las cosas al caer . Son títulos muy evocadores. Pero en algún momento de mi carrera desistí de seguir ese estilo y quise ser más fiel a la visceralidad de la novela, al enorme afecto que me acompañó mientras la escribía. Me despojé del camuflaje intelectual con el que a veces escondemos nuestra vulnerabilidad y decidí ir a la raíz, con un diminutivo altamente emocional. Dado que es un libro tan íntimo, ¿hubo algún momento en el que sintió miedo o dudas de seguir adelante? Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Embajada del Perú en Colombia (@embajadadelperuco) Esta vez, no tanto. Recordemos que lo peor lo pasé hace diez años, cuando intenté infructuosamente abordar el proyecto y no me sentí satisfecho con lo que estaba haciendo. Además, en estos últimos diez años, ya he usado como molde para varios personajes a personas cercanas: familia, amigos. Entonces, ya me sentía con una licencia para escribir con más comodidad y sin censura. Incluso te confesaré que la escritura de esta novela fue placentera, tranquila. Y para que el lector se la pasara mejor leyendo y tuviera más interés, incluso tuve que exagerar detalles y preocupaciones de mi álter ego dentro de la novela. En conclusión, sentí que ya lo tenía todo bien planchado y listo para entregar. ¿Qué significó escribir esta novela después de Cien cuyes , de ganar el premio Alfaguara? ¿Cree que eso cambió las expectativas que tenía sobre sí mismo y sobre lo que podía hacer? Cien cuyes y Mamita rinden tributo a una misma preocupación que he desarrollado con los años. Yo no habría escrito estas historias a los treinta, porque aún no era un testigo consciente de cómo mi madre iba envejeciendo, de cómo iba avanzando en la fila; cómo tu generación empieza a despedirse de aquella que la precedió. Quizás, en el fondo, escribir Cien cuyes y Mamita es una forma de prepararme para la gran despedida que tendré con mi madre. En cuanto al Premio Alfaguara, la manera en la que encaré Mamita no difiere de la forma en que enfrenté Cien cuyes ni ninguna de mis novelas anteriores. No creo que el premio me haya generado ansiedades adicionales sobre mi futuro como escritor. Primero, porque el reconocimiento me llegó ya como un autor consolidado. Y segundo, porque no considero que Cien cuyes sea mi mejor novela. Entonces, solo me quedaba escribir la siguiente con la misma constancia y autenticidad de siempre. En la novela hay ciertos guiños hacia Colombia. ¿Fueron intencionales o surgieron de manera espontánea? Foto: Hamdi Bendali en Shutterstock / La novela Hasta agosto de Gabriel García Márquez en librería. Hay menciones de la embajada colombiana en Perú, de los sobrinos colombianos de la pareja del protagonista, incluso un guiño a Gabriel García Márquez más adelante en la novela. Todo eso se debe a que tengo un vínculo muy estrecho con Colombia, y porque cada vez que la menciono, es porque era necesario y real, ¿no? Por ejemplo, el mundo amazónico —con su realismo mágico, sus contradicciones y sus crueldades— es un espacio compartido no solo con Colombia, sino con otros ocho países de Sudamérica. Entonces, era inevitable que aparecieran esas menciones, esos temas que me marcaron desde niño, a través de las fábulas y las historias que me contaban mis mayores. Finalmente, ¿qué podemos esperar de Gustavo Rodríguez en el futuro? ¿Qué podemos esperar de mi futuro? Bueno, que siga manteniéndome calvo, eso seguro. En lo literario, probablemente una nueva novela donde la ternura y el humor se entrecrucen. Justamente, creo que voy a retomar uno de mis manuscritos incompletos de hace algunos años e intentar volverlo más frondoso y ambicioso. La única exclusiva que puedo dar es que será una novela interactiva, en la que el lector participa mientras lee. Vea también: Escritor peruano Gustavo Rodríguez gana el Premio Alfaguara 2023


