Cuando conversamos, Mayil Georgi Nieto estaba en Pogradec, Albania, frente al lago Ohrid. Desde allí, rodeada de montañas y agua, recordaba el recorrido que la llevó de los escenarios bogotanos a estar de gira por el sur de Europa con su monólogo Por una banana. Formada en el Teatro Popular de Bogotá -TPB- y egresada de la ASAB en el 97, Mayil ha construido su carrera en Italia, a donde su pasión por el teatro la llevó en 2004 a estudiar comedia del arte, dejando atrás su carrera de actriz en Colombia, donde había trabajado en producciones como Isabel me la veló y El Precio del Silencio. Durante más de dos décadas, Mayil Georgi ha trabajado en Europa, especialmente en Italia y Francia, como actriz de teatro y gestora cultural abordando temas como la migración, la identidad, los derechos humanos y la promoción de la cultura colombiana.

Violetta Canitano / Mayil Georgi
En noviembre de 2023 estrenó en Roma, durante el Women’s Festival , su monólogo Por una banana, una obra que entrelaza el realismo mágico de Gabriel García Márquez con sus propias memorias. En los próximo días, la actriz presentará su monólogo en Benin, en el festival Rencontre Internationale Du Theatre Monodrame – RITM, del 25 de octubre al 1 de noviembre; y en España, en la XI Muestra Internacional de Teatro Mujeres que Cuentan, el 7,8 y 9 de noviembre. La dramaturga acaba de estar en el International Monodrama Festival Verbum Est – Eshte Fjala, de Albania; y en el 8th Cairo International Monodrama Festival, donde su actuación recibió un premio especial del jurado. Diners conversó con la actriz de su obra y de su carrera. Diners: ¿En estos más de 20 años de trabajo en Italia, qué diferencias ha visto en la forma de manejar el teatro en Europa y como lo había experimentado en Colombia? Mayil Georgi Nieto: Colombia tiene un teatro creativo.

Nosotros creamos a partir de nada y hay cosas muy bonitas en el país, cosas poéticas, con recursos mínimos, que en Europa se lo sueñan. He visto montajes en el Piccolo Teatro que han costado más de cien mil euros y yo me pregunto, ¿es necesario o podemos hacerlo artesanalmente? Porque la cosa bella que tiene el teatro es que sea artesanal, que te sorprenda con cosas mínimas. Entonces veo que ahora en Italia hay un movimiento bastante grande que están empezando a aprender a hacer teatro artesanal como lo hacemos en Colombia. Ellos se están como devolviendo de todos estos grandes decorados, un poco de ópera, de las escenas donde entran los carros armados, y están volviendo a la simplicidad, a la creación y a la creatividad. En Colombia hace rato que no veo teatro, pero he visto que continúa siendo bastante activo, bastante creativo.

Hablemos sobre su monólogo Por una banana, ¿cómo fue el proceso de escritura y de dónde nació la idea de hacerlo sobre Gabriel García Márquez? Gabo siempre ha estado en mi corazón porque mi abuela me contaba de la masacre de las bananeras. Yo supe primero lo que pasó por mi abuela, porque ella lo vivió. Entonces, cuando leí a Gabo, me di cuenta de que era la historia un poco de mi familia: a sus hermanos los habían asesinado durante esa masacre. Cuando leo a Gabo me siento como si hablara de mí. Yo creo que eso nos pasa un poco a todos los colombianos, ¿no? Tú lo lees y dices, ‘Pero es que esto me pertenece, esto es mío’. El primer boceto que hice fue como un homenaje a Gabo con la Hojarasca, pero es un texto que vine trabajando durante mucho tiempo. Investigué bastante sobre la masacre de las bananeras, porque quería hablar más de ese aspecto, de lo que había pasado en Colombia, de la explotación de los recursos, de todas las víctimas que hubo durante ese tiempo y que nadie nunca las reparó. ¿Cuándo escribió Por una banana? Ella nació a partir de La Hojarasca, como en el 2005, 2006. Hice una primera escritura, que era un homenaje a Gabo. Y justo en el año en que murió el Nobel (2014), la llevé a Japón, luego le metí la parte de las bananeras y fue en noviembre de hace dos años que ya quedó como la obra que quería. Tiene un proceso muy largo, no fue una cosa de hacerla en dos días, sino que es una cosa que va lento.

Me gusta mucho investigar, que tenga una base histórica fuerte. La gente no sabe todo lo que yo he investigado, todo lo que he leído, todas las entrevistas que he hecho. Siempre digo que el teatro es como un iceberg: lo que tú ves es solo la punta del iceberg y todo el trabajo que hay debajo puede tomar años. Entonces, a mí me gusta que los textos como que se decanten y ellos nacen cuando tienen que nacer. Llega un momento que se cuadran todos los astros y encuentras el texto perfecto, el movimiento perfecto, la música perfecta y nace el espectáculo. No está forzado, no está pensado para ganar un premio o porque tengo urgencia de presentarlo, nace de una necesidad y yo creo que el teatro debe tener tiempo para gestarse, para crecer y después nacer en el momento que tiene que nacer. La creación es la parte más hermosa del teatro. ¿Si quisiera contarle a alguien de qué trata el monólogo Por una banana, cómo lo resumiría? Cortesía Mayil Georgi Le diría que es la historia de un pueblo ficticio y una mujer que nos conduce por la historia de ese pueblo que cambió con la llegada de una compañía bananera. Creo que eso resume todo. Isabel es protagonista en el universo de Macondo ¿qué representa para usted y para su obra? Isabel es la fuerza de todas las mujeres. Para mí ella resume Úrsula, Amaranta… todas las mujeres. Fue el primer personaje que él escribió en La Hojarasca. Entonces yo siempre he pensado que ella es la Eva de Gabriel García Márquez. Al leer La Hojarasca hay como muchas vidas, muchos hilos después de otros personajes que se van a desarrollar; eso es Isabel. Ella es la memoria de un pueblo, de una patria.

¿Qué tan fácil fue representar el universo de Gabriel García Márquez, que ha sido tan estudiado, tan leído en Colombia y en el extranjero? No es fácil, pero hay muchas cosas que a nivel literario tú puedes volver a nivel teatral, porque obviamente Gabo no nace como teatro. Entonces, yo utilicé algunas ‘sugestiones’ de sus obras. Hay una imagen muy bonita en Cien años de soledad de este hilo de sangre que vuelve a casa. Entonces, yo utilizo una lana roja y eso resume una masacre, resume la muerte, resume muchas cosas. Siempre he pensado que el teatro es un juego declarado. Me permito jugar descaradamente con algunos elementos que son incluso un poco infantiles, pero que representan el juego. El público empieza el monólogo con cuarta pared y piensan que va a ser una cosa aburrida y en un momento cambia. La gente no se da cuenta que ha terminado involucrada conmigo en el espectáculo, los invito a participar y al final terminan ellos tirados adentro. Creo que eso es lo que ha gustado porque acá (en Italia) se utiliza muy poco al público. Sé que la gente cuando va al teatro se quiere emocionar. La gente al entrar al teatro tiene que salir cambiada. Tal vez le guste o no, pero sale con una emoción diferente con la que entró. Y esa información que le damos en el espectáculo resuena muchísimos días. Es bello que el teatro tenga ese poder de dejarte algo, de dejarte una imagen, de dejarte información, de hacerte dar rabia, de hacerte llorar. Está presentando el monólogo en países que a primera vista tienen muy poco en común con la cultura latina y con el idioma.

¿Qué conecta a los espectadores con su obra? Cortesía Mayil Georgi Creo que todos tenemos puntos en común. Todos los países hemos sufrido situaciones muy parecidas de violencia, de uso de los recursos naturales. Entonces, creo que es la emoción lo que a ellos los conecta y el hecho de jugar, porque el juego es universal. (…) Hay un momento en la obra que yo sé que agarro el público, es como en la tragedia griega, que cuando empieza pasa algo terrible y entonces el público quiere saber cómo pasó, cómo se llegó a ese momento terrible y ya están conectados. Pasando a su historia personal, sus antepasados pertenecían a cinco grupos étnicos diferentes, cuénteme un poco sobre esto. Yo siempre he dicho que yo soy ciudadana del mundo, donde estoy me siento bien; y creo que debería ser una cosa que deberíamos sentir todos (…) Mi abuela era de Chocontá y también era indígena, y hay un poco de esa mezcla que tenemos todos los colombianos. Hay algo del Líbano, algo de España, algo de Japón, algo de Indio. Hay una mezcla ahí bastante fuerte. Entonces, se activa el ADN: a veces se me activa una parte, después otra. Sientes como que hay muchas cosas que te gustan porque dices, «Pero es que al final yo soy mundo». Cuando estoy en España de verdad me siento muy bien, me siento como en mi casa; pero cuando vuelvo, por ejemplo, y estoy en alguna situación tribal, es como si llegara a otra parte de casa, como que me puedo conectar también con ellos.
Lleva fuera del país más de 20 años, ¿qué permanece en su interior como colombiana qué haya sido fundamental para su desarrollo como artista en Europa? Creo que son dos cosas. Uno, el no desistir. Los colombianos somos muy fuertes. Cuando tú decides que haces algo, lo haces. Y lo otro creo que es la creatividad. La creatividad del colombiano es impresionante. Hay gente que se inventa unas cosas para sobrevivir que tú dices, «¿Cómo hacen?» Entonces, esa creatividad creo que es uno de los puntos fuertes en la vida y en el trabajo. Siempre buscas alguna forma de crear o de pasar situaciones y convertir lo que es un problema en una ventaja. ¿Ha considerado traer el monólogo a Colombia? Cortesía Mayil Georgi Sí lo he considerado, el problema es si los teatros me consideran, porque por ahí dicen que nadie es profeta en su tierra… El problema es que ya tengo dos tierras, tengo la italiana y tengo la colombiana (risas). La pregunta inevitable, ¿le gustaría volver a Colombia? Sí, creo que sí. Después de un tiempo empieza a hacer falta la casa, te empieza a hacer falta tus sabores, tus amigos. Los primeros años cuando estuve en Italia algo de mí se tuvo que desarraigar de Colombia porque si no me dolía (…) Me empieza a hacer falta Colombia y creo que también la situación en Europa se ha puesto bastante tensa y puede ser una cosa muy linda volver. También le puede interesar: Del arte urbano a los grandes teatros: 5 lugares para vivir la cultura en Bogotá


