Publicado originalmente en Revista Diners No. 437, agosto de 2006.
A veces las palabras no bastan. Y a veces las imágenes tampoco bastan por sí mismas. Una imagen vale más que mil palabras, pero también las palabras combinadas son capaces de suscitar millones de imágenes. En el curso de historia, algunos de los grandes escritores han practicado la pintura y el dibujo en busca de ideas o para expiar obsesiones imposibles de expresar con las palabras.
Autores de la talla de Victor Hugo, Hermann Hesse, Federico García Lorca, y más recientemente Camilo José Cela y Günter Grass, han acudido a las artes plásticas para experimentar nuevos lenguajes. La obra plástica de los escritores es bastante desconocida para el gran público y por eso el Museo Es Baluard de Palma de Mallorca ha sorprendido al mundo con la exposición La Palabra Pintada, que recoge lienzos, ilustraciones, acuarelas y dibujos de 23 importantes autores europeos.
“Los escritores-pintores se pueden dividir en tres grandes grupos: aquellos que se dedican a ilustrar sus obras o experimentar con la pintura, como Benito Pérez Galdós y Hermann Hesse; los poetas-pintores como Rafael Alberti y Federico García Lorca; y los creadores polifacéticos como William Blake, Jean Cocteau, Victor Hugo, August Strindberg y Günter Grass”, dijo a la Revista Diners la crítica de arte francesa, comisaria de esta muestra y directora del Museo Es Baluard, Marie-Claire Uberquoi.
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Autorretrato de Ghünter Grass
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El prototipo de escritor-pintor es el inglés William Blake (1757-1827), que obtuvo igual reconocimiento como literato y como artista plástico. Visionario, pintor y poeta, creó una mitología personal determinada por la idea de que existe una unidad perdida que hay que recuperar. Durante toda su vida se dedicó a la escritura y la ilustración de sus obras poéticas, entre las que se destacan Cantos de inocencia y Cantos de experiencia.
Nunca obedeció las reglas de nadie y sacrificó toda su vida por el arte con una pasión descomunal y buscando su mundo interior plagado de alucinaciones visionarias. “En una obra de arte las formas armoniosas valen más que los bellos colores. Las bellas tintas solas no son nada. Un matiz, por más bello que sea, sólo es un maldito subterfugio si resulta informe”, escribió el poeta.



