Foto: Revista Diners
febrero 25, 2013
Cultura Cine y TV

Girls capítulo seis: Chicos

El sexto capítulo de la temporada va dedicado a esos vacíos existenciales que, a veces, es mejor dejar fuera de la tela de juicio, de la propia y la de los demás.
POR:
Paola Páez S.

Luego de un encuentro cercano con la vida adulta y la agradable sensación de ser consciente de la realidad que siempre había deseado sobre “ser feliz” (gracias a su encuentro fortuito con Joshua, el vecino quejumbroso de Grumpy´s) Hannah retoma las labores de su vida habitual: el café, Ray, Marnie, Jessa, Shoshanna, escribir.

Y de pronto se encuentra sentada en una cafetería de Brooklyn conversando con uno de sus ídolos editoriales de “Pumped mag”, quien elogia sus escritos por ser narraciones complejas, dulces, inocentes y exasperantes (muy Hannah, por supuesto) y le propone que escriba un libro electrónico para dentro de un mes. Incluso allí ella todavía no reconoce que a pesar de ser la más grande de sus aficiones, escribir no es tarea fácil. Así que acepta la propuesta, sale de aquel lugar, se despide del personaje y vomita. Es la primera vez que alguien valora su trabajo y le pide que escriba algo grande que será leído por muchos. La cosa es que, ¿un mes?

Marnie vive una fantasía amorosa junto a Booth Jonathan, el artista popular con complejo de rock star. Tienen sexo constantemente y comparten mucho tiempo los dos, situación que ha llevado a Marnie a ver su “relación” como un asunto un poco más serio de lo que en realidad es. Para Jonathan, Marnie es la mujer del momento: sensual, de mente abierta, hermosa, joven, agradable pasatiempo. Para Marnie él es el hombre con quien quizás podría volver a ser llamada novia.

Y a pesar de que él suele comportarse como un perfecto idiota insensible, incluso cuando a veces su curiosidad se interesa medianamente por la vida personal de ella (como saber de sus amigas por ejemplo, que a propósito no existen para él a menos que aparezcan de alguna manera frente a su cara) o quizás sobre sus intereses como ser humano, que entre otras cosas ha venido ignorando. Y en uno de sus encuentros de sábanas Booth Jonathan despide a su asistente y le pide a Marnie que sea la anfitriona de la fiesta que él planea hacer esa noche. Ella sonríe, lo piensa poco y acepta. ¿Era un favor que le pedía?, ¿planeaba pagarle por ello?, ¿qué significaba ser su anfitriona?

Shoshanna vive en el mundo de las decisiones correctas. Vestirse, actuar, tener sexo y una vida, todo de forma correcta. Ray le ha quitado su virginidad y llevan cuatro meses saliendo como pareja. Dos capítulos atrás ella le confesó que estaba enamorada de él. Pero en realidad, ¿de qué está enamorada, del hombre sin ideales, cuarentón y que ha tomado decisiones incorrectas o del ideal de ser humano que busca en el único ser con el que ha tenido encuentros de intimidad? Así que planea buscar la forma de satisfacer sus deseos propios e intenta encaminarlo. Encuentra un seminario de emprendedores en el que hablará Donald Trump. Le cuenta a Ray sobre el asunto y espera que se motive a participar pero, ¡sorpresa! A Ray le importa poco y nada la idea. Por primera vez se afirma a sí misma que su novio es un perdedor.

Hannah llega a Grumpy´s a trabajar como es usual, pero tarde. Ha estado escribiendo. Ha intentado escribir. Ray le pregunta por un libro que él le había prestado hace tiempo: “Mujercitas”. Cuando Hannah estuvo saliendo con Adam estaba leyendo el libro y lo dejó en la casa de él. De un momento a otro el libro se convierte en la nueva necesidad de Ray y lo quiere de vuelta, así que le pide a Hannah que vaya por él. Por obvias razones ella se niega (la última vez que vio a Adam fue una madrugada mientras la policía que ella había llamado se lo llevaba preso) y Ray es quien debe ir a buscarlo.

Adam es un desastre. Su apartamento lleno de mugre y desorden, su aspecto desordenado y poco aseado, su cabeza llena de depresión. Ray llega a su casa y le pregunta por el libro. Adam actúa de forma paranoica y le grita pensando que fue Hannah quien lo envió a buscarlo. Ray sólo quiere el libro, novedosa y extraña obsesión por un libro que quizás ni quería leer. Entra al apartamento y Adam le dice que el libro está en el baño. En el baño hay un perro atado y ladrando. Adam ha raptado ese perro (con el ánimo de salvarlo, según él) y el perro lo ha mordido varias veces. Así que lo tiene encerrado. Ray se indigna y le dice que el perro tiene un dueño que quizás lo extraña y que debe regresarlo. Adam le pide que lo acompañe a su aventura y esa es la cosa más importante que hayan hecho ambos el mismo día. Ambos están igual: aburridos, desorientados y buscando excusas para hacer algo medianamente significativo que de sentido a sus días vacíos.

Marnie, Marnie y Marnie. Solo ella cabe en sus vestidos y sus días complejos al lado de un exitoso artista. Ni siquiera sus amigos caben en su nuevo círculo social. Planea usar el mejor traje para la noche estelar: será la anfitriona de una de las fiestas del fabuloso Booth Jonathan. Siente que será la primera vez en que su relación tendrá un momento oficial y planea todo para el magno evento. Pero todo resulta al revés cuando él le ofrece dinero para pagarle por sus “servicios” esa noche. Fue su mesera y debía pagarle. Es sólo otra más de las mujeres de su lista. Marnie rompe en llanto y él se aflige por inercia: “No llores, es sólo que este no es mi mejor momento”. Y de repente cambian los papeles, Marnie le afirma que ha estado obsesionada por su talento y su compañía y éxito… Booth Jonathan se siente indignado y le dice que por eso jamás ha tenido algo serio, porque precisamente nadie lo ha tomado enserio. Es sólo un juguete cómico.

Hannah pasa horas frente a su computador y no logra escribir algo concreto. Lo más difícil es comenzar. Y el mundo se ha encargado de decirle que su libro no es la gran cosa y que a nadie le va importar (palabras textuales de Jessa, ente deprimido y sin ganas) Marnie se siente más sola que nunca. Y ambas se han empeñado en mostrarse la una a la otra, alegrías paralelas que ni siquiera existen.

Adam dejó a Ray solo en su aventura. Ray encontró a la hija del dueño del perro (una loca agresiva que lo insultó y juzgo de perdedor, no muy lejos de la realidad) quien le dijo que se fuera y de paso se llevara al animal. Termina la tarde y están los dos: Ray y el perro, sentados en algún lugar de la ciudad, conversando sobre la vida, sobre ser y no ser, sobre ser nada… Ray comienza a llorar.

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