Foto: Revista Diners
abril 28, 2014
Cultura

Cómo reírse de/con Ray Loriga

El autor español es una de las figuras de esta versión de la FILBO. El siempre joven.
POR:
Marc Caellas

Sucedió hace pocas semanas. Sentado en el tercer piso de la Cámara del Libro escuché esta conversación entre dos jóvenes escritores bogotanos: “¿Tú no querrás presentar a Ray Loriga en la feria del libro?” [Silencio]. “Me lo imaginé.” [Risas]. “Todo bien. Te llamo”. Pensé entonces en la trayectoria de un escritor que hace unos años podía considerarse de culto. ¿Cuándo se convirtió en alguien del que huir? Quizás cuando publicó El bebedor de lágrimas (2011), una novela de vampiros para adolescentes, escrita, según sus propias palabras, “porque tenía que pagar el colegio de mis hijos”. Una novela que sin duda empaña una trayectoria, pero que no borra los logros de novelas como El hombre que inventó Manhattan (2004).

“Vivir es suficiente, había sido su lema en los días apresurados de su juventud, pero ahora, de pronto por culpa de la edad, qué otra cosa podría ser, sentía a menudo la necesidad de poner su pasado en orden”. (Trífero, 2002)

Ray Loriga irrumpió con fuerza en los ambientes literarios de los noventa con Lo peor de todo (1992), una novela que publicó a los veinticinco años y que conectó con toda una generación de lectores que no entendíamos por qué en España se seguían escribiendo tantas novelas que ignoraban, por ejemplo, que existía la televisión. Siguió con Héroes (1993), una novela sobre el rock y con Caídos del cielo (1995), una suerte de road-movie existencial a lo Kerouac que el propio Loriga adaptó al cine con el título de La pistola de mi hermano. Inició ahí una carrera paralela en el cine español con resultados dispares. Poca gente sabe que Jorge Loriga (ese es su verdadero nombre) coescribió con Almodóvar Carne trémula, pero sí en cambio que con Teresa, su visión sobre santa Teresa de Jesús interpretada por Paz Vega, dejó a sus fans bastante insatisfechos.

Ray Loriga suele presentarse como guionista, escritor y director de cine. Pero si le preguntan qué libro o película se llevaría a una isla desierta, responde que a una mujer. Escribió también algunas letras de canciones para la madre de sus hijos, Cristina Rosenvinge, con quien convivió durante 14 años. La música suena siempre en la cabeza de sus personajes. Del omnipresente Bowie de Héroes a la sutileza de Everything but the Girl en Za za za, el emperador de Ibiza, sus novelas avanzan con el ritmo de los buenos vinilos, alternando capítulos rockeros con otros bailables, incluso con alguna balada. Loriga es un romántico, un autor al que no puedes dejar de subrayar. Inagotable su capacidad de escribir frases geniales. En Internet hay blogs que se dedican a recopilarlas, como aforismos a mano para cualquier conversación con tu pareja, amante o amigo.

“Mientras tanto, la razón por la que existe el resto del mundo (ese mundo tercero) permanece inalterada. Ningún campo se puede permitir el lujo de no ser sembrado de opio, o de planta de coca, o de grifa o de hash, ningún niño descalzo crece sin la idea de salir al comercio de lo real en el mundo real. Y sobre todo sin la idea de estar por fin calzado” (Za za za, emperador de Ibiza, 2014).

Las drogas están presentes en la mayoría de los textos de Loriga. El protagonista de Tokio ya no nos quiere es un distribuidor que viaja por el mundo vendiendo pastillas de colores que hacen olvidar los malos recuerdos. El de Za za za, emperador de Ibiza, es un exnarco retirado en Ibiza al que la llegada a la isla de una nueva droga que hace felices a quienes la consumen, lo coloca  de nuevo en primera línea del negocio. Como el Al Pacino de Carlito’s Way, no puede, o no le permiten, dejarlo. Se trata de una droga que no solo cura la angustia, sino que enferma la alegría a base de banalizar la risa. Loriga sabe que reímos de la manera que reímos porque no somos felices. Pero Loriga ya no tiene nada que demostrar y puede permitirse “escribir un libro para caerme bien a mí mismo”. Loriga es un viejo joven de 47 años que acepta con una mezcla de pudor y orgullo que sus libros entren como tema en la Selectividad, ese examen obligatorio para acceder a la Universidad en España. Loriga es un escritor al que debemos seguir leyendo.

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