La película Sirât, dirigida por Oliver Laxe, llega a la cartelera colombiana envuelta en un murmullo extraño que mezcla entusiasmo internacional, respaldo industrial y una incomodidad persistente entre parte del público que la ha visto primero, una combinación que suele anunciar obras destinadas a permanecer en la conversación cultural mucho después de abandonar las salas, especialmente en un año cinematográfico que todavía busca títulos capaces de marcar una época con una identidad clara y una apuesta estética reconocible.
En Estados Unidos, Sirât fue clasificada en la preselección de cinco categorías de los premios Óscar, entre estas mejor reparto y mejor película extranjera, un dato que confirma el interés de la industria por el trabajo de Oliver Laxe y por una película que rehúye los caminos narrativos cómodos.
Entre tanto, en España se convirtió en un éxito de taquilla que llenó salas y generó conversación en redes sociales, aunque ese respaldo numérico vino acompañado de críticas del público relacionadas con la intensidad del sufrimiento que atraviesan sus personajes, una incomodidad que ha sido leída por algunos espectadores como una experiencia emocional excesiva y por otros como una apuesta ética radical.
Oliver Laxe y su mirada persistente
Oliver Laxe no es un nombre ajeno al circuito de festivales internacionales, con una filmografía que incluye títulos como Todos vós sodes capitáns, Mimosas y O que arde, películas que han construido una identidad autoral centrada en el paisaje, la espiritualidad y la resistencia física y emocional de sus personajes, una trayectoria que ha sido reconocida en espacios como el Festival de Cannes, donde su cine ha encontrado un lugar constante de diálogo con la crítica especializada y con un público dispuesto a dejarse interpelar por ritmos narrativos exigentes.
Sirât continúa esa línea creativa con una ambición mayor en términos de alcance y producción, apoyándose en un dispositivo narrativo que combina el viaje físico con una travesía moral, donde cada decisión parece cargar un peso simbólico que se acumula sin pedir permiso al espectador.
Un viaje en busca de Mar
Con un elenco en el que sobresale el experimentado Sergi López, la cinta sigue a un padre y a su hijo durante su recorrido por una fiesta electrónica instalada en las montañas del sur de Marruecos, un espacio que funciona como escenario y metáfora de una búsqueda desesperada, ya que ambos intentan encontrar a Mar, hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas celebraciones descontroladas que atraen a jóvenes de distintos países.
La elección de una rave como punto de partida narrativo permite a la película explorar un territorio visual y sonoro de gran potencia, con música electrónica que golpea de forma insistente y cuerpos que se mueven en un trance colectivo, un entorno donde la euforia convive con el peligro y donde la desaparición de Mar se convierte en una herida abierta que orienta cada paso del relato.
El conflicto y la polémica

A partir de esa premisa, Sirât desarrolla una serie de giros narrativos trágicos que han provocado la reacción más intensa entre los espectadores españoles, con escenas que exponen el dolor físico y emocional de sus protagonistas sin atenuantes ni concesiones, una decisión que refuerza la coherencia del universo de Oliver Laxe y al mismo tiempo desafía las expectativas de un público acostumbrado a relatos de redención más explícita.
La polémica no parece un accidente, ya que la película insiste en confrontar al espectador con la fragilidad humana en contextos extremos, sin ofrecer explicaciones tranquilizadoras ni resoluciones que cierren todas las heridas, una postura que ha sido defendida por parte de la crítica como una muestra de honestidad narrativa y cuestionada por quienes esperaban una experiencia menos abrasiva.
¿La mejor película extranjera de 2026?
Plantear si Sirât es la mejor película extranjera de 2026 implica aceptar que el cine contemporáneo sigue encontrando valor en propuestas que incomodan y dividen, con una obra que ha logrado reconocimiento institucional en Estados Unidos, respaldo masivo en España y una discusión abierta sobre los límites de la representación del sufrimiento, elementos que rara vez coinciden en un mismo título.
Sirât no parece interesada en agradar de manera unánime, apuesta por una experiencia sensorial y emocional que exige atención y resistencia, y en ese gesto se juega su relevancia dentro del panorama cinematográfico actual, un lugar donde Oliver Laxe reafirma su voz y plantea una pregunta incómoda sobre el precio de mirar de frente el dolor ajeno, una pregunta que seguirá resonando mientras la película continúe su recorrido por las salas del mundo.


