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marzo 17, 2026
Cine y TV

De la vida real a Netflix: la historia de Pérxides María Roa que exige justicia

La historia real de María Roa, lideresa afrocolombiana y fundadora del sindicato de trabajadoras domésticas, ha llegado a Netflix con la serie María, la Caprichosa. La producción cuenta su vida de lucha, resistencia y liderazgo, resaltando la reivindicación de los derechos laborales y la justicia narrativa para la comunidad afro, poniendo en primer plano voces que históricamente han sido invisibilizadas. Hablamos con ella.
POR:
Revista Diners

Hay historias que nacen en silencio, entre paredes ajenas, y tardan años en encontrar una voz que las nombre. La de Pérxides María Roa fue una de ellas. Durante mucho tiempo, su vida —como la de miles de trabajadoras domésticas en Colombia— transcurrió en los márgenes: invisible, resistente, sostenida por una fuerza que ella misma bautizó como “capricho”. Hoy, esa historia cruza fronteras y se instala en la pantalla global.

María, la Caprichosa, la nueva serie producida por Caracol Televisión en alianza con Netflix, no solo marca un hito para la industria audiovisual colombiana por su escala —más de cincuenta capítulos y un elenco de más de doscientos actores y actrices afrodescendientes—, sino por lo que decide contar y, sobre todo, desde dónde lo hace. Inspirada en el libro Soñar lo imposible, de Paula Moreno, la serie recoge la vida de una lideresa que transformó los derechos laborales de más de un millón de mujeres y la convierte en un relato colectivo.

Pero esta no es solo la historia de una mujer que logró cambiar su destino. Es también una disputa por la voz, por el lugar desde el cual se narran las vidas afro en el país. Durante décadas, esas historias fueron contadas por otros. Hoy, empiezan a ser dichas en primera persona.

Pérxides María Roa, lideresa afrocolombiana y fundadora del sindicato de trabajadoras domésticas, comparte su historia de lucha y transformación, ahora llevada a la pantalla global por la serie María, la Caprichosa.
Pérxides María Roa, lideresa afrocolombiana y fundadora del sindicato de trabajadoras domésticas, comparte su historia de lucha y transformación, ahora llevada a la pantalla global por la serie María, la Caprichosa. Foto cortesía

En esta conversación, Pérxides María Roa vuelve sobre ese camino: el dolor, la lucha, la organización y la convicción profunda de que contar su historia no es un acto individual, sino una forma de justicia. Porque, como insiste, no se trata de reconocimiento simbólico, sino de algo mucho más urgente: dignidad.

¿Cómo fue el momento en el que le avisaron que esta historia se iba a convertir en una serie y que iba a estar en Netflix?

Bueno, nosotras, con Paula Moreno —la escritora del libro Soñar lo imposible en miradas singulares, quien escribió mi historia de vida— decidimos tocarle la puerta a Caracol. Cuando empezamos a escribir, yo le dije: “Sí, yo te cuento mi historia desde los 7 años, pero a cambio de algo”. Y ella me preguntó: “¿A cambio de qué?”. Y yo le dije: “De una casa, Paula. Yo no tengo casa”.

Entonces empezamos a tocar puertas y después dijimos: “Bueno, que esto salga al aire, que se vuelva televisivo, que lo vea Colombia, que lo vea el mundo entero, que esto se vuelva viral, que sepan”.

Y cuando ya me dicen que sale en Netflix el pasado 5 de enero, yo dije: “Dios mío”. Fue una mezcla de felicidad, emociones encontradas, pero también como un sustico en el corazón. Era alegría, pero de esas noticias fuertes que uno a veces no sabe cómo recibir. Así me sentí.

Pero estoy muy contenta, muy honrada, muy orgullosa. Mi familia también está muy orgullosa de mí. Me dicen: “Usted es muy berraca, muy valiente por contar su vida, por dejar que todo el mundo la sepa”. Y yo sí, porque quiero que el mundo entero sepa qué pasó conmigo, qué ha vivido esta mujer, cómo fue su crianza.

También quiero que muchos hombres —esos que se identifican con ese Fernando— se reivindiquen. Y que esas mujeres que se identifiquen con María Roa, con lo que vivió, levanten la voz, metan capricho y salgan de ahí. Por eso quise que mi historia se viera, se escuchara y se escribiera.

¿Tuvo algún tipo de participación en la realización de la serie o simplemente la vio ya terminada?

No, yo estuve ahí, al pie de la letra. Incluso con los libretistas hicimos un grupo; de ahí salió el nombre de la serie. Los mínimos detalles me los preguntaban: “¿Quiere que se llamen así?”. También fui a Bogotá, conocí a todos los que iban a estar en la serie.

Había toda una comunidad negra, afro, en representación, que era lo que yo más amaba y buscaba. Yo quería que se reivindicaran en el medio del cine, en el mundo de los actores y actrices. ¿Dónde están esos negros? Y ahí había más de 200 actores y actrices afro que hoy salen en la serie.

Hay que felicitar a Caracol por eso, porque era lo que yo quería. Me siento identificada: cada detalle, cada paso de nuestra cultura está ahí. Se recoge, se muestra y no se pierde esa identidad negra.

La serie lleva poco tiempo en Netflix. ¿Qué impacto le gustaría que tuviera en quienes la vean?

Que genere cambios. Cambios en esas cosas que se han normalizado. Por ejemplo, lo que yo viví.

Que ese impacto haga que hombres —vuelvo y lo reitero, esos que hoy son más de un Fernando— cambien, que la serie los conmueva y digan: “No puedo seguir maltratando a una mujer, porque vengo de una mujer”.

Y que otras mujeres también puedan salir de ahí y decir: “Voy a meterle capricho, porque los sueños sí se cumplen. Voy a estudiar, voy a salir adelante, voy a conseguirme una casa”. Pero también que aprendan a hablar, a reclamar sus derechos.

Que haya un impacto en los derechos de las trabajadoras domésticas. Que haya una reivindicación real. Ese es el llamado a empleadores y empleadoras: vamos a la formalización laboral. Pero no solo eso, también a la dignificación, al buen trato.

Porque todo lo que yo viví en casas de familia… quiero que hoy los empleadores se metan la mano en el corazón y digan: “Vamos a cambiar, vamos a formalizar, vamos a tratar bien”. Porque su casa se convierte en mi lugar de trabajo. Y todo ser humano merece respeto y reconocimiento.

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¿Cuál fue ese momento clave que le hizo cambiar, empoderarse y crear el sindicato?

Yo lo llamo el doble maltrato: en las casas de familia y en mi hogar. Eso me impulsó. Pero también el capricho que mi papá me inculcó: no quedarnos en el odio, el rencor o el dolor, sino salir adelante.

Él siempre hablaba de la unión familiar. Y no solo la unión de sangre, sino la unión con otras mujeres para levantar la voz, para tocar puertas, para reivindicar derechos.

Muchas decían: “No conformemos sindicatos, porque son de pelea”. Pero nosotros decíamos: “Nuestra lucha es distinta. No es pelear por pelear, es dialogar con las instituciones”.

Eso motivó a que nos organizáramos, a que yo fuera la primera presidenta del sindicato durante cinco años. Todo lo que viví me dio esa fuerza.

¿Diría que esa fuerza vino, en gran parte, de su papá?

María Roa: De las dos cosas, pero lo primero fue la unión familiar. Él decía que no podíamos quedarnos en el dolor, llorando. Había que buscar soluciones.

Él decía: “Nos han pasado cosas muy duras, pero tenemos que hacer algo”. Y siempre repetía: “Mija, funde capricho”. Siempre: “funde capricho”.

¿Él alcanzó a ver la serie?

No, mi papá murió en 2012. Pero eso también me empujó. Él debe estar feliz. Desde que salí de esa vida de sometimiento, discriminación y maltrato, él debe estar orgulloso. Y me sigue dando fuerza para seguir fundando capricho.

Actualmente, ¿cómo ve la situación de las trabajadoras domésticas? ¿En qué falta avanzar?

En la formalización. Desde el sindicato capacitamos a las mujeres, muchas han profesionalizado su labor, pero necesitamos que más de 700.000 trabajadoras en el país estén formalizadas, con contrato escrito.

Y no me voy a cansar de decirlo: formalización, sí, pero también buen trato. Dignidad. Respeto. Eso es lo mínimo que merece cualquier ser humano.

Aún persisten actitudes muy clasistas…

Sí, y están camufladas. Hay que hacer mucha pedagogía. No todos los empleadores son iguales, pero falta mucho.

El llamado es claro: formalización, contratos escritos, buen trato, respeto. Porque esa persona que cuida tu hogar merece dignidad.

Para cerrar, ¿qué entiende por “justicia narrativa”?

Que hoy todos se reconozcan. Por eso felicito a Caracol: lograron mostrarlo como debía ser. Demostraron que sí hay talento, que sí hay con qué contar estas historias con actores negros. Eso es justicia narrativa.

Muchas gracias,Pérxides María Roa. Y, por cierto, me encanta su nombre.

(Ríe) Gracias. Es un nombre griego, viene de una escultura. Mi mamá me lo puso por eso.

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