José Restrepo, José Restrepo, José Restrepo, José Restrepo, José Restrepo, José Restrepo, José Restrepo,
Lo primero que pensé cuando me ofrecieron un papel en Estado de fuga 1986 fue…
Después de la felicidad inicial, sentí un poquito de nervios por la responsabilidad tan grande que tenía con este personaje.
El mayor reto de haber trabajado en esta serie…
Estar a la altura de todo el equipo, porque siento que aquí estaban los mejores de Colombia.
Camilo León y yo nos parecemos en…
Que también he atravesado momentos muy difíciles en la vida; en mi caso, para cumplir el sueño de ser actor.
Lo mejor de trabajar al lado de Andrés Parra fue…
Haber aprendido de uno de los mejores actores de Latinoamérica; alguien que, además, tiene unas actuaciones muy honestas.
El teatro me ha enseñado a…
Que lo mío era ser actor. Es como un deporte extremo, lleno de adrenalina.
A la televisión colombiana le sobra…
Gente talentosa.
Y le falta…
Tomar riesgos con la gente que no es tan reconocida.
El libro que más me ha marcado…
La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. Fue como una epifanía.
La película que puedo ver una y otra vez…
El quinto elemento. La he visto como cien veces. Siento que es rara y muy chévere.
El verdadero éxito está en…
Poder vivir de ser actor.
Mi próximo proyecto…
La nueva serie de Netflix sobre la toma del Palacio de Justicia.
Mi mayor temor…
Que algo le pase a mi hija.
Si no hubiera sido actor, sería…
Arqueólogo o, en otra vida, me habría gustado tener una granja.
Tres palabras que me definan…
Curioso, honesto y romántico.
José Restrepo y Estado de Fuga
Estado de fuga 1986 llega al panorama de las series colombianas como una apuesta ambiciosa que decide mirar de frente uno de los episodios más perturbadores de la historia reciente del país, desde las zonas grises de la mente y de las relaciones humanas que lo rodearon.
Estrenada en Netflix en diciembre de 2025, la serie se articula como un thriller psicológico que sitúa su relato en la Bogotá de los años ochenta, una ciudad marcada por el miedo cotidiano, la violencia latente y una sensación de descomposición moral que se filtra en cada plano.
La historia toma como punto de partida la masacre ocurrida en el restaurante Pozzetto en 1986, aunque la narración opta por un camino más introspectivo, concentrado en los vínculos, las obsesiones y las fracturas emocionales de sus personajes, antes que en la exhibición directa del horror.
Un vínculo que lo cambia todo
El eje narrativo de Estado de fuga 1986 se sostiene en la relación entre Camilo León y Jeremías Salgado, personajes interpretados por José Restrepo y Andrés Parra. Camilo es un joven estudiante de literatura que observa el mundo con una mezcla de curiosidad intelectual y desconcierto vital, mientras Jeremías aparece como un hombre culto, reservado y atravesado por un pasado militar que nunca termina de explicarse del todo. Entre ambos se construye una amistad marcada por conversaciones densas, silencios incómodos y una progresiva revelación de las sombras que habitan a Salgado.
José Restrepo asume el reto de encarnar a Camilo desde un registro contenido, apostando por la introspección y por una actuación que se apoya más en las miradas y en los gestos que en los grandes parlamentos. Su personaje funciona como testigo y, al mismo tiempo, como espejo de una violencia que se va filtrando de manera casi imperceptible en su vida cotidiana, hasta volverse imposible de ignorar.
Un enfoque narrativo que evita el morbo
Uno de los mayores aciertos de la serie radica en su decisión de no convertir el crimen en espectáculo. El guion, desarrollado con la asesoría del escritor Mario Mendoza, propone una reflexión sobre el trauma, la culpa y la fragilidad mental, explorando las preguntas que surgen antes y después de un acto extremo. La masacre aparece como un punto de quiebre, no como un destino anunciado desde el primer episodio.
La narrativa se expande además a través de otros personajes que aportan miradas complementarias, entre ellos una investigadora que intenta reconstruir los hechos desde una lógica institucional y social, evidenciando las limitaciones del sistema para comprender las motivaciones profundas de la violencia. Este cruce de perspectivas permite que la serie avance como un rompecabezas emocional en el que cada pieza suma inquietud más que certezas.
Bogotá de 1986 como personaje
La recreación de la Bogotá de 1986 resulta fundamental para la atmósfera de Estado de fuga 1986. Las calles, los edificios y los espacios interiores funcionan como un reflejo del clima social de la época, atravesado por la desconfianza y por una sensación permanente de amenaza. La ciudad no aparece como un simple fondo escenográfico, sino como un organismo vivo que condiciona las decisiones de los personajes y amplifica sus conflictos internos.
La dirección apuesta por una estética sobria, con una fotografía que privilegia los tonos apagados y una puesta en escena que refuerza la sensación de encierro emocional, incluso en los espacios abiertos. Cada capítulo contribuye a construir un retrato de época que dialoga con la memoria colectiva sin recurrir a la nostalgia.
Una actuación clave en la televisión colombiana
La participación de José Restrepo en Estado de fuga 1986 consolida su presencia dentro de las producciones de alto perfil de la televisión colombiana contemporánea. Su trabajo aporta una capa de humanidad que resulta esencial para sostener el tono reflexivo de la serie, recordando que detrás de los hechos históricos existen personas comunes enfrentadas a dilemas que las superan.
Estado de fuga 1986 no busca ofrecer respuestas definitivas ni clausurar el debate sobre la violencia, propone más bien una experiencia incómoda y necesaria que invita al espectador a cuestionar los límites entre la fascinación y el horror, entre la amistad y la ceguera moral, desde una narrativa cuidada que apuesta por la memoria crítica antes que por el impacto fácil.



