Revista Diners
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La tan retratada historia del narcotraficante Pablo Escobar regresa a la pantalla, esta vez desde la mirada de su hijo, Juan Pablo Escobar. En Dear Nannies Killer: Criado por Sicarios (calificado con 6.2 estrellas sobre 10 en IMDb), la historia sigue a Juan Pablo Escobar, un niño solitario que crece lleno de lujos en Medellín, Colombia. Sin embargo, su vida se ve sacudida cuando se entera que su padre es uno de los narcotraficantes más temidos y buscados del mundo, y no un humilde benefactor de los pobres como él pensaba. Esta producción televisiva cuenta con 8 capítulos y actualmente se puede ver en Disney+.
En conversación con Diners, los actores Janer Villareal, quien interpreta a Juan Pablo Escobar, y Juanita Molina, quien interpreta a Angie, una de las niñeras del joven Escobar, contaron sobre su proceso para interpretar estos personajes y algunos detalles de la serie.

¿Qué diferencia de esta producción de Pablo Escobar con las otras versiones?
Janer Villareal: Creo que la diferencia más clara es la intención con la que se está haciendo. Esta es una historia que, si bien está rodeada de prejuicios alrededor de una historia y de un relato que se cree que se ha contado, creo que lo que la diferencia es la intención con la que se cuenta.
No es una historia para glorificar la criminalidad, tampoco pasar por simple los problemas que toca. La importancia del relato es que hay que contarlo con responsabilidad, porque es una historia que necesita responsabilidad para poder contarse y no pasar por alto la gran herida que significa para nuestro país. Creo que con esa intención se abre un diálogo muy interesante para hablar de temas incómodos pero necesarios. Creo que esa es la diferencia puntual y más importante de la serie.
¿Cómo se construye humanidad en personajes que en teoría deberían generar rechazo?
Juanita Molina: Creo que todos nos enfocamos mucho en las zonas grises en las que deambulan estos personajes. Siento que la sociedad le forma a uno un pensamiento muy dual: o las cosas son blancas o negras, o son buenas o malas; Ellos o nosotros, frío o caliente. Como que hay un gran vacío en esas zonas grises, y la humanidad de todos los seres humanos está llena justamente de eso.
Creo que, a la larga, es lo más interesante de ver en una pantalla, en una historia: esas contradicciones constantes, esos puntos de tensión donde los personajes quieren una cosa, pero hacen otra; saben que está mal, pero aun así quieren hacerlo, porque la necesidad los lleva a eso.
Entonces, siento que logramos construir esa humanidad en estos personajes yendo a esas zonas grises que nos permitían no solo mostrar el arquetipo del sicario —que ya estaba—. Creo que fue muy chévere con los directores que no se recalcaba el hecho de que eran sicarios. Me acuerdo que muchas veces los directores decían: “quítenles las armas, que no tengan nada”, porque ya estaba claro que éramos sicarios.
Y entonces las escenas giraban más en torno a eso: jueguen con él, ahora juguemos con el niño, ahora tú haces la tarea, ahora tú estás cocinando… Eso los humanizaba y los sacaba de ser solamente el arquetipo de “los malos”, de sicarios. No nos quedábamos en ese lugar reforzando que eran malos o que hacían cosas, porque eso ya estaba. Entonces la pregunta era cómo ir hacia todo lo otro que los personajes vivían.
Creo que esta serie no se enfoca tanto en los grandes acontecimientos que rodean este hecho histórico, sino en la cotidianidad: en la mesa, en la conversación con el café, cuando se despiertan… en esa vida diaria de los personajes.
Janer Villareal: Te hago un paréntesis, me parece tan interesante cómo se habla de estos personajes lejos de la violencia, porque claro, si bien lo dices, si ya son sicarios, cómo se cuenta la vida de los sicarios sin las armas.
Juanita Molina: Exacto, y mira que en verdad hay muy pocas escenas donde estamos con armas. Nos quitaban las armas en las escenas en donde estábamos sentadas, hablando. Decían «No, quítenselas, eso no es necesario». Ahorita viéndolo, esto sirvió para no reforzar ya el arquetipo que estaba ahí.
Janer Villareal: Yo particularmente pienso que los seres humanos están llenos de contradicciones. Y justamente, viéndolo desde un personaje como el de Juan Pablo, que está atravesado por una historia de violencia llena de muchos prejuicios, creo que esas mismas contradicciones le permiten ser humano.
Porque en la equivocación y en el error está la humanidad misma. Y justamente, un personaje como el de él habla y abre una conversación muy interesante sobre las decisiones que tomamos diariamente para construir lo que queremos hacer y ser.
En ese sentido, verlo desde ese punto de vista, sin rechazarlo y sin el prejuicio de por medio, vale completamente la pena. También para darse un espacio y verse a uno mismo a través de los errores, de las decisiones que uno toma o que toman otras personas.
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¿Por quÉ se realizó esta historia del hijo de Pablo Escobar ahora y no antes, cuando las series de narcotráfico eran más comunes?
Juanita Molina: pues lo que tenemos entendido es que esta serie lleva casi siete u ocho años en proceso. Es decir, el público no dimensiona lo largo que son los procesos para que una serie llegue a ser estrenada. En todo el proceso estuvieron Sebastián Ortega y Sebastián Marroquín hablando, escuchando y reuniéndose con los guionistas.
Todo esto lo vuelve un proceso muy largo para por fin presentar lo que la gente está logrando ver. Las cosas siempre son en el momento en el que se tienen que dar, y en este caso pues fueron siete u ocho años de proceso para que esta historia pudiera nacer.
Tampoco diría que es una serie de narcotráfico, porque no trata en sí el tema del narcotráfico, está permeada por el narcotráfico, por un hecho histórico del país, pero no es una historia que hable precisamente de eso.
Janer Villareal: Yo al igual que mi compañera también pienso que si la historia bien está contada a través de un contexto de la violencia, hay evidentemente muchos años detrás. Ha pasado mucha agua debajo del puente para que estas historias se cuenten y creo que las historias en general toman un buen tiempo gestarlas. Soy fiel creyente de que las cosas pasan cuando tienen que pasar, y es más que justo que él que vivió esta historia, tenga la oportunidad de contarla.
¿Cómo se prepararon para esta serie, siendo la primera vez que actúan en una historia tan violenta?
Janer Villareal: Yo personalmente intenté sentirme con la capacidad de contar una historia que conozco. En ese sentido, fue muy importante llenarme de información sobre el contexto histórico de mi país, de la historia que estaba atravesando, de los problemas y las cicatrices que ha dejado.
Y en esa misma línea, lo más importante desde el comienzo fue conocer y contextualizarme para poder contar esa historia con responsabilidad. Ya el personaje, el camino de la interpretación, estuvo muy acompañado por mis compañeros y por el guion. Le doy mucho crédito a mis compañeros, a Pipe, a Pablo, porque al final eso termina mostrando una ruta para poder escuchar mejor y empatizar más con la historia y el mundo que rodeaba al personaje de Juan Pablo.
Juanita Molina: Para mí, el proceso arranca con una preparación muy desde lo físico, como encontrando una corporalidad muy específica que yo quería para este personaje: entrenamiento de armas, aprender a manejar moto, y todo el trabajo de construcción interna del personaje, entendiendo el universo de por qué esta persona había llegado acá.
También soy una actriz que deja mucho espacio para lo que pasa en el set. Hago todo ese trabajo antes, me obsesiono, soy muy ñoña, pero una vez llego al set como que suelto todo y dejo que eso quede guardado. Ahí permito que el personaje vaya apareciendo con todo lo que va pasando: en las direcciones que me dan, en las relaciones con el otro, porque uno también entiende quién es en relación al otro.
Además, estamos acompañados de dos directores increíbles, Pablo y Pipe, que son grandes directores. Entonces también hay un espacio muy grande de incertidumbre que yo dejo en mis procesos, para que el personaje sea quien me vaya encontrando escena tras escena, y no yo empujando o tratando de definir qué es, sino dejando que venga y me muestre.
Hay un quiebre en la reputación que tenía Pablo Escobar como un hombre «familiar», luego de hacer la serie, ¿cómo pudo ver a Pablo Escobar como padre y qué querían transmitir?
Janer Villareal: Bueno, intentar ponerme en los zapatos de Juan Pablo implicó retos como estos: entender la dualidad que hay en un personaje como Pablo Escobar desde el punto de vista del padre, reconociendo también el personaje criminal que hay detrás de su humanidad.
Entender esto fue muy complejo y creo que, más allá de intentar suavizar su imagen —no creo que esa sea la intención—, una cosa no quita la otra. Viéndolo desde el punto de vista de Juan Pablo, siempre era intentar verlo así: ok, si es muy difícil comprender cómo un padre amoroso con su hijo puede cometer este tipo de atrocidades, ¿qué significa esto para mí?
En ese sentido, creo que fue muy importante no desdibujar la visión crítica que yo tengo como Hanner, pero sin que eso también desdibujara la visión que puede tener un personaje como el de Juan Pablo. Porque Juan Pablo lo amó, y creo que lo ama profundamente, y en la serie eso se nota.
Entonces, esa dualidad, vista desde ese punto, sin quitarle responsabilidad a lo que atraviesa este conflicto y este problema, creo que vale la pena para entender cómo, desde la mirada de Juan Pablo, un personaje puede llegar a tener esas contradicciones.


