Foto: cortesía Universal
julio 8, 2026
Cine y TV

Entrevista: Christopher Nolan convierte La Odisea en una historia sobre el trauma, la memoria y el regreso

El cineasta británico Christopher Nolan dirige esta producción, filmada en varios lugares del mundo, con la que busca transformar el poema de Homero en una experiencia física, emocional y profundamente humana. Diners conversó con él y los protagonistas de esta historia.
POR:
Mario Amaya
Revista Diners
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Christopher Nolan lleva más de dos décadas haciendo cine como si cada película fuera una apuesta contra los límites de Hollywood. Lo hizo cuando convenció a un estudio de financiar una historia sobre sueños dentro de sueños y terminó creando Inception, uno de los filmes más influyentes del siglo XXI. Lo volvió a hacer cuando tomó una teoría científica compleja sobre agujeros negros y relatividad y la convirtió en el corazón emocional de Interstellar. Y lo consiguió de nuevo con Oppenheimer, un drama biográfico de tres horas sobre física nuclear que terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural, que arrasó en premios y demostró que todavía existe espacio para el cine a gran escala.

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Christopher Nolan asiste a la proyección de ‘Sink Or Swim (Le Grand Bain)’ durante el 71 Festival Anual de Cine de Cannes en el Palais des Festivals el 13 de mayo de 2018 en Cannes, Francia. Foto: Denis Makarenko / Shutterstock

Pero incluso dentro de esa carrera marcada por desafíos casi imposibles, su nuevo proyecto parece ocupar un lugar distinto, más arriesgado y personal, porque esta vez Nolan decidió enfrentarse a una de las historias fundacionales de la humanidad: la Odisea, de Homero.

Adaptar esta obra no parece simplemente el siguiente paso lógico en la carrera de Nolan. Se siente más bien como el tipo de reto que alguien como él necesita para seguir haciendo cine, o al menos es lo que deja entrever en esta conversación con Diners, a propósito de la película, en la que no habla de monstruos marinos ni de batallas gigantescas, ni tampoco de dioses, efectos visuales o secuencias épicas rodadas en IMAX. En esta ocasión, simplemente habla del regreso. “Es una historia sobre volver a casa después de haber visto demasiadas cosas. Y, por eso, para mí todo empezó a tener sentido”, afirma el aclamado director británico.

Quizá Nolan nunca vio la Odisea como una película de aventuras. Tal vez la vio como algo mucho más cercano a sus obsesiones habituales. “Esta historia siempre estuvo como un referente narrativo en mi mente porque trata sobre un hombre roto tratando de encontrar quién era antes de la guerra, antes de la culpa, antes de perderse a sí mismo”, explica.

Eso es algo que el actor Matt Damon entendió casi de inmediato. “Chris (Nolan) tenía muy claro lo que quería de mi personaje, Odiseo; era una forma muy distinta de la imagen clásica del héroe invencible. En gran parte, quería mostrar no tanto a un guerrero mítico conquistando océanos, sino más bien narrar la gran aventura de un hombre exhausto, un sobreviviente”, comenta Damon. Y eso fue precisamente lo que atrapó al actor cuando Nolan le explicó el proyecto.

“Chris no veía a Odiseo como un héroe perfecto, sino como alguien profundamente humano. Como un hombre intentando volver a conectarse con la vida que dejó atrás”, asegura Damon. Y esa idea parece atravesar toda la película; porque si bien en la Odisea hay tormentas gigantescas, criaturas itológicas, guerras y dioses observando desde las sombras, Nolan evitó desde el comienzo el tono fantasioso que domina buena parte del cine épico moderno.

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Esta adaptación del poema de Homero se estrenará en Colombia a mediados de julio. Foto: cortesía de Universal

Por ese motivo, decidió filmar en locaciones reales de varias partes del planeta, como Grecia, Sicilia, Marruecos, Islandia, Malta y Escocia. “Elegimos lugares donde el paisaje no se ve diseñado para el cine, sino que se pudiera percibir como peligroso, con algo de ambiente hostil y antiguo, como elementos que formaran parte integral de esta epopeya”, comenta Nolan.

“Puedo decir que hubo secuencias demasiado arriesgadas y exigentes en la película”, agrega Damon. “En varias ocasiones, el equipo pasó días enteros esperando tormentas reales porque Chris quería determinadas condiciones naturales de luz y mar, y para mí eso es algo increíble en el cine de hoy. Cualquier otro director habría resuelto el problema con pantallas verdes y tecnología de vanguardia, pero Christopher Nolan no trabaja así”, expone Damon. En efecto, nunca lo ha hecho. “Filmar esta película fue una absoluta pesadilla, eso tenlo por seguro. Pero ese es exactamente el tipo de pesadilla que yo disfruto vivir”, manifiesta el director londinense.

Quienes conocen su forma de trabajar saben que probablemente habla en serio. Nolan parece disfrutar ese límite físico del cine. La sensación de que una película se debe sentir construida con esfuerzo y con personas reales enfrentándose a algo enorme. “Quizá por eso insistí, por ejemplo, en rodar la Odisea completamente con cámaras IMAX. Es algo que llevaba años intentando hacer”, asegura.

Y para Nolan, no es un simple capricho técnico. “Quiero que el espectador sienta el peso del océano, que escuche el viento como si estuviera dentro del barco. Que el paisaje no sea un fondo digital completamente artificial, sino una presencia viva aplastando a los personajes”, comenta.

Todo en la producción parece diseñado para transmitir agotamiento. Barcos destruyéndose contra acantilados, rostros cubiertos de sal, cuevas iluminadas apenas por fuego, hombres empapados, perdidos, diminutos frente al mar. Nada luce limpio ni cómodo y eso probablemente sea exactamente lo que Nolan busca. “Pienso que uno de los grandes centros emocionales de la historia no son las criaturas mitológicas ni las secuencias gigantescas. Es la idea del desgaste”.

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Anne Hathaway y Tom Holland interpretan, respectivamente, a la esposa y al hijo de Odiseo: Penélope y Telémaco. Foto: cortesía de Universal

Anne Hathaway, quien interpreta a Penélope, habla del personaje como alguien atrapado entre el duelo y la esperanza. “Mi personaje es una mujer suspendida emocionalmente durante años, incapaz de seguir adelante porque tampoco sabe si debe dejar ir. Ella no sabe si Odiseo sigue vivo, pero tampoco sabe cómo dejar de esperarlo”, explica la actriz.

Por su lado, Tom Holland, encargado de interpretar a Telémaco, hijo de Odiseo, comentó que Nolan le pedía constantemente bajar el tono de sus escenas. “Chris pedía más silencio, más contención y menos explicaciones. Él hablaba mucho de la ausencia, de crecer sin un padre y de aprender a convivir con ese vacío”, dice Holland.

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Matt Damon, quien encarna al protagonista, Odiseo, junto a Zendaya, quien le dará vida a la diosa Atenea. Foto: cortesía Universal

Incluso Zendaya, que interpreta a Atenea, asegura que Nolan buscó mantener una lógica emocional real aun dentro de los elementos más fantásticos de la historia. “Creo que esta historia es muy importante porque, a pesar de las vicisitudes, al final todo se siente humano. Incluso cuando ocurren cosas imposibles”, dice.

Esa frase tal vez explica mejor que cualquier análisis la razón principal por la que Nolan terminó obsesionándose con la Odisea, porque en el fondo nunca fue solo una historia sobre monstruos, sino una historia sobre personas intentando regresar emocionalmente de algo.

Y Nolan lleva toda su carrera hablando de eso. Sus personajes siempre están atrapados en laberintos mentales, culpas imposibles o recuerdos que no saben cómo abandonar; así sucede con Leonard en Memento, con Cobb en Inception, con Cooper en Interstellar, con Robert en Oppenheimer, consumido por el peso de lo que creó, y hasta con Bruce Wayne como Batman en El caballero de la noche.

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En la película también actúa el actor de origen colombiano John Leguízamo. Foto: cortesía de Universal

En esta ocasión, Odiseo parece ser simplemente la versión más antigua y brutal de esa misma obsesión, de un hombre intentando volver a casa después de que la guerra le destruyera la vida interior. Y Matt Damon parece haberse conectado profundamente con esa lectura del personaje: “Durante el rodaje, hablaba mucho con Chris sobre el trauma de la soledad, de la guerra, sobre hombres incapaces de reconocerse después de sobrevivir demasiado tiempo, y no tanto sobre la mitología. Y todos entendemos esa sensación, la de preguntarte si todavía puedes volver a ser quien eras”, explica Damon.

De esta manera, la película ha generado gran expectativa porque no se siente como otra gigantesca producción diseñada para expandir franquicias o vender juguetes, sino más bien como la obsesión profundamente personal de un director que todavía cree que el cine puede ser una experiencia física y emocional al mismo tiempo. “En realidad, lo que busco con mis historias es dejar algo que no solamente se pueda ver, sino analizar e interpretar”, comenta Nolan. “No me gustan las historias demasiado limpias ni demasiado heroicas. Prefiero elementos primitivos en una que otra ocasión. Algo antiguo, pero emocionalmente inmediato”.

Eso es algo que buscó también en la musicalización con el compositor Ludwig Göransson, quien le dio un enfoque musical a la película distinto al de otras su perproducciones épicas. “Para conseguirlo, experimentamos con percusiones metálicas, sonidos orgánicos e instrumentos antiguos que producen una sensación casi incómoda. Como si la música también estuviera perdida en medio del viaje”, afirma Göransson.

Y si Christopher Nolan logra que una historia escrita hace unos tres mil años se vuelva a sentir urgente, no será por el tamaño de las cámaras, ni por la escala del rodaje, ni tampoco por el despliegue técnico que ya lo rodea como una leyenda en construcción. Como lo explica Damon, “es por algo mucho más difícil de fabricar: la sensación de que todo ese viaje, toda esa violencia, todo ese mar interminable tiene un peso humano real, casi insoportable, como si en el fondo no estuviéramos viendo a Odiseo sino a cualquiera de nosotros intentando volver a una vida que ya no existe en la misma forma en que la dejamos”.

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Después de su experiencia en Tenet, el actor Robert Pattinson vuelve a trabajar con Nolan en la Odisea. Foto: cortesanía de Universal

La Odisea, en manos de Nolan, no parece estar interesada en la épica como espectáculo, sino en la erosión que deja cuando termina. Como él mismo lo describe, “es ese tipo de desgaste silencioso que no se ve en las batallas, sino en el momento en que el ruido se apaga y uno se queda solo con lo que perdió”. Ahí es donde la película deja de ser un mito para convertirse en algo incómodamente cercano, en la historia de alguien que sobrevive demasiado tiempo lejos de todo lo que lo definía.

Nolan lo entiende y lo tiene muy claro, para no dejar la historia simplemente como una aventura, mientras que Matt Damon lo interpreta como un hombre que ya no sabe si merece llegar. Los personajes en la historia pueden verlo por igual como una espera que se ha convertido en identidad o como una larga ausencia no correspondida. “Y en conjunto, lo que están construyendo no es el regreso de un héroe, sino la pregunta de qué queda de un héroe cuando el regreso finalmente ocurre”, expone el actor norteamericano.

Quizás por eso el propio Nolan siente esa fascinación y gravedad hacia este tipo de historias, como si supiera que no está filmando solo una película, sino un punto de llegada dentro de su propio cine. Al menos, así parece expresarlo. “En realidad, no trato de categorizar una historia únicamente por su efecto de crear una clase de emoción. Cuando escribo, estoy visualizando la película como alguien del público, como alguien que está experimentando la historia. Después, cuando dirijo la historia, intento llevar al público hasta allí. Así que, en el caso de la Odisea, estoy intentando ponerlos en la cubierta del barco de Odiseo. Espero que disfruten del viaje”.

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