Los muiscas lo llamaban Vicachá, que en español equivale a resplandor en la noche. A mediados del siglo XVI, tras la construcción de la iglesia que llevaba el mismo nombre, los españoles lo rebautizaron con un nombre bastante castellano: San Francisco. En la época precolombina, este río era considerado sagrado por las comunidades indígenas de la sabana; luego, en la Colonia, empezó a abastecer de agua a la ciudad de Bogotá. Paulatinamente, pasó a ser fuente de energía mecánica, epicentro de lavado de ropas y, por último, se convirtió en vertedero de desechos y basuras.



A comienzos del siglo XX, la administración local decidió canalizarlo y finalmente se convirtió en la avenida Jiménez. En las postrimerías del siglo pasado, se extrajo el agua sagrada de los muiscas del cemento impuesto en nombre del progreso, en desarrollo de un proyecto liderado por el maestro Rogelio Salmona; así nació el Eje Ambiental, una obra de arte urbana que serpentea por el centro de Bogotá.
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Entender la historia del río es una manera de aprender sobre la historia de lo que ha sido Bogotá en sus distintos momentos, aseguró el gestor cultural Juan Ricardo Rincón, quien participará en la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25, que se celebrará hasta el 9 de noviembre y que justamente tendrá como escenario central el Eje Ambiental. Rincón codirige este nuevo evento artístico junto con Diego Garzón, y a ellos se suman José Roca en la asesoría curatorial, y María Wills, Jaime Cerón y Elkin Rubiano como miembros del comité curatorial.



Este equipo diseñó una programación que, durante siete semanas, exhibirá en cerca de 20 espacios de la ciudad obras de más de 200 artistas nacionales e internacionales. Desde Ciudad de México, la invitada de honor, llegarán las artistas Yunuen Díaz, Mónica Mayer, Amaranta Almaraz, Ali Gua Gua y Pilar Cárdenas, más conocida como Fusca. Más allá de esas [TRUNCADO]


