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Jaime Manzur, el coleccionista de más de 700 títeres

Títeres y marionetas, fantoches y arlequines, enseñan y divierten, suscita risas y lágrimas, influyen sobre pensamientos y conductas.

Foto: Sagar Dani on Unsplash

Títeres y marionetas, fantoches y arlequines, enseñan y divierten, suscita risas y lágrimas, influyen sobre pensamientos y conductas.

En el teatro de marionetas de Jaime Manzur me topé con 700 muñecos que actúan en el teatro (para darles un nombre genérico). No tengo el dato estadístico de la población de estos geniecillos, en Bogotá y en el resto de Colombia, pero lo cierto es que crece notablemente, como alentador indicio de afán cultural y de buen gusto. Títeres y marionetas, fantoches y arlequines, enseñan y divierten, suscita risas y lágrimas, influyen sobre pensamientos y conductas.

Foto: Archivo Diners.


En el teatro de Manzur es más, por el momento, lo que se siente que lo que se ve: ladrillo, polvo, madera, herramientas rodean a los muñecos, los trajes, los mueblecitos. Pero la terminación de la bella obra (calle 61-A con carrera 14) está cercana. Y habrá allí la sala de espectáculos, con todos los progresos de la escenografía y la luminotecnia; y los talleres para la utilería: y los recintos donde reciben clase alumnos desde los cinco años de edad, del propio Manzur y de otros artistas como Carolina Trujillo, Luis Fernando Orozco, Delfina Guido, Delia Zapata Olivella, Omar Rubio, Pedro Nel López, Elena Rodríguez Cely. El mundo fascinante de los títeres cabrá entero en este teatro de Manzur, quien formula llamamiento apasionado para que la ciudad lo entienda y apoye.

 

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Disfrutando las #marionetas del Maestro #JaimeManzur … #Kenneth

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Manzur aprecia sin egoísmo alguno la labor de los demás impulsores de este arte, como Ernesto Arona en «El tinglado». Fabio Correa, Julia Rodríguez, Príncipe Espinosa en «La libélula dorada». Ciro Gómez, los grupos «La carreta» y ¡Ajá!». Su solo registro muestra que las marionetas no son ajenas a la vida de los colombianos, pero al hacer el recorrido del teatro de Manzur se fortalece la convicción de que sería útil multiplicar el esfuerzo para relacionarlas con el público más extenso por todos los medios: y sobre todo llevarlas a todas las escuelas. El títere es un compañerito» y un maestro.

Foto: Archivo Diners.

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La madre de Manzur, colombiana siempre tuvo la devoción de los muñecos, y se la transmitió a este desde cuando la familia se encontraba en la Guinea Española. Ya en Colombia, profundizó en sus estudios con Lilly de Yankovich en Medellín y Víctor Mallarino en Bogotá, y en 1977 se incorporó con entusiasmo en la Fundación de Amigos del Arte (Fundarte), que continúa siendo valioso centro. En la mística de las marionetas Manzur ha logrado colaboraciones estupendas, como la del arquitecto Saúl Nova, en quien se realiza cabalmente el ideal de que el arquitecto de teatro debe saber de teatro; y para los demás trabajos de esta múltiple obra, la participación diaria de jóvenes profesionales, intelectuales y estudiantes:

Francisco Piedrahíta, Blanca Díaz, María Teresa Díaz, Carlos Díaz, Pedro Nel López, José Luis Graterón, Susana Silva, Alicia Pardo, Diego Miranda, Gustavo Bustos, Victoria Londoño y Marta Ulloa. Belisario Betancur y Mario Calderón Rivera le han dado los estímulos más oportunos. En la junta directiva se sentarán Edna Luz Acevedo de Calderón, María Clara Betancourt de Hielo, Inés Gutiérrez de Sokoloff, Margarita Vidal, Fernando Toledo, Pedro Gómez Barrero, Humberto Vegalara. Se ofrecen sillas permanentes a 3.000 pesos. Talentosos lectores de esta crónica no vacilará en adquirirlos a grandes velocidades.

 

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Las marionetas de Jaime Manzur #art #jaimemanzur

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Ahora debe Manzur contarnos algo sobre las técnicas de su arte. La historia es de nunca acabar, pero por lo pronto hacemos un recorrido por el títere de guante, propio del guiñol francés: el títere de varilla, con influencia javanesa; el argüez, con piel de cerdo; el buraco, muñeco gigante que tienen que manejar tres personas por lo menos; la técnica siciliana de varillas de acero; la pantomano, las sombras, el cartón, el marot y el catalán entre los de hilo, así como una bailarina de movimientos tan sutiles y complejos que tienen que maniobrarla cinco personas. Para todo ello hay domicilio y escenario en el teatro de la calle 61-A, antecedido por más de 400 obras: 36 óperas, 92 zarzuelas, once operetas, dramas clásicos, comedias ligeras como «La fiaca», cuentos infantiles, adaptaciones bíblicas e históricas, literatura nacional.

Foto: Archivo Diners.


Títeres y marionetas llegan a todas las edades, a todas las condiciones del conocimiento; conmueven al presidente de la república y al más ignaro de los súbditos. Con ellos se puede hacer demagogia; se pueden inculcar malos hábitos, se puede asustar. Les tuve pánico durante años, por causa de un Satanás que vociferaba y me imprecaba en el teatro del Parque Nacional, en mi remota infancia, casi tan asustador como los predicadores de los retiros espirituales.

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#JaimeManzur @uniandes

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Todo ello se trata de evitar ahora, con el más fino criterio del arte y la pedagogía, haciendo de los monicacos o monigotes un vehículo colosal de cultura, incluso por el más prosaico argumento: resultar más baratos que los demás montajes teatrales o musicales. Pensando en los niños, tienen la virtud complementaria de que se puede orientar a estos hacia la fabricación de muñecos, oficio en el cual todo sirve: calabazas secas, botones, tuercas, puntas de zanahoria, restos de telas.

Foto: Archivo Diners.


Magno espectáculo, para el cual también está listo el teatro de Manzur, presencié en Moscú en la mezcla teatral de personas con muñecos. Me sigo preguntando el porqué de la eficacia de estos, y llegó a la conclusión de que casi todos los seres humanos son demasiado inexpresivos; no abundan, exactamente, los Chaplin, las Grietas Garbo.

Nos representa mejor el mamarracho al que se le infunden expresión y genio por medio de una mano, con un virtuosismo mayor que el de la de un guitarrista, moviendo las cuerdas del lobo de Caperucita, por ejemplo, para presentarlo destilando simpatía. Pero estas son divagaciones mías, para volver otro día sobre ellas, después de haber asistido a muchas funciones en el teatro de
Manzur.

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Septiembre
01 / 2019


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