Johana Bahamón cambió en la cárcel

Esta actriz abandonó la actuación para dedicarse al trabajo en las cárceles. Y los frutos de su labor ya han comenzado a verse.
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Ha sido invitada a varios foros internacionales para explicar su modelo de trabajo; amplió su fundación a otras áreas distintas al teatro y en un futuro espera que su idea se replique en las prisiones de Latinoamérica. Diners estuvo en La Picota y El Buen Pastor siguiendo de cerca sus pasos.

Una llamada telefónica cambió por completo la vida de Johana Bahamón. En septiembre de 2012 su celular sonó varias veces, era de un número desconocido y ella, desprevenida, contestó. Querían invitarla a ser jurado del reinado de belleza que se celebra cada año en la cárcel El Buen Pastor. Dijo que sí, sin pensarlo dos veces. “Nunca había ido a una cárcel, pero me llamaba mucho la atención”, confiesa la actriz nacida en Cali.

Veinticuatro meses después, ya no trabaja en televisión. Desde entonces, con una voluntad inquebrantable, se ha dedicado a visitar las cárceles del país, analizando con quién puede hacer alianzas y cómo puede ayudarles. Su vida gira en torno al tema carcelario. Y no es una exageración. El teléfono suena. Es un expresidiario que va a graduarse y quiere invitarla a la ceremonia de grado. Luego, su asistente le dice que una interna está por salir de El Buen Pastor y no sabe a dónde ir. “Que se quede en mi casa unos días”, dice.

Su hijo Simón, de seis años, fruto de su relación con el cantante Andrés Cabas, recibió la Navidad de 2013 en un patio de la cárcel de mujeres. Y para rematar, para su reciente matrimonio con el corredor de bolsa Juan Manuel Salazar –con quien se casó hace un año en una ceremonia privada–, “todo, desde el vestido de novia hasta los recordatorios los mandé a hacer en la cárcel”, dice con una sonrisa. Esta es la historia de su conversión.

EL ORIGEN
Johana tiene 32 años, estudió Administración de Empresas en el Cesa, lleva media vida actuando en televisión y nunca ha estado alejada de la polémica. En una camioneta cuatro por cuatro, camino a la prisión de La Picota, en el suroriente de Bogotá, cuenta que el día de aquel reinado le impactaron “los pocos medios que tienen las internas y las condiciones en las que viven, indignas para cualquier ser humano”.

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Johana Bahamón estuvo, en octubre pasado, junto a la actriz Salma Hayek en un foro internacional en Francia

 

Por un momento, pensó en lo que pasaría si ella estuviera en ese lugar. Renunció a los tres meses de vacaciones que tenía, a su viaje planeado, a todo, y llamó a su profesora de actuación, Victoria Hernández, quien le propuso hacer La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, una obra que habla del encierro, pero también de la libertad del espíritu.

En diciembre de 2012 presentó esta obra en El Buen Pastor. “Hubo un respeto absoluto entre ellas, un silencio total, porque no tenían micrófono, y ante los aplausos, se transformaron”, recuerda Johana. Entendió que tenía que lograr que la gente viera esto. Ocho meses le tomó conseguir los permisos para que le dejaran llevar a las internas a otros lugares.

El tema de su trabajo carcelario saltó a los medios de comunicación cuando una guardiana demandó a Johana por agresión. “Prefiero no hablar de eso, no vale la pena”, dice tajante. Sin embargo, ante la dimensión que tomó su proyecto, se dio cuenta de que no podía seguir financiándolo con sus propios recursos. Así que decidió renunciar a la actuación, se fue a estudiar Teatroterapia en Nueva York y creó en 2013 una fundación llamada Teatro Interno. Su esposo, Juan Manuel Salazar; su mamá, Mercedes Gómez, presidenta de Bancamía, y su papá, el empresario Héctor Bahamón, le ayudaron en esta titánica labor.

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Sobre el Autor

Editora de REVISTA DINERS

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