Foto: Revista Diners
noviembre 27, 2025
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“El después de una guerra es más difícil que la guerra misma”, dice la Nobel de la Paz Nadia Murad durante el She Is Global Forum

Diners conversó con Nadia Murad, activista yazidí y Nobel de Paz, en el marco del She Is Global Forum. Esto fue lo que nos contó.
POR:
Daniel Alejandro Páez

El She Is Global Forum, considerado el foro más grande de Latinoamérica dedicado a la equidad de género, abrió hoy sus puertas en el hotel Cosmos 100 de Bogotá con el objetivo de tejer redes y generar espacios de diálogo profundo entre mujeres y hombres de todo el mundo. Durante cinco años, este encuentro ha impulsado conversaciones esenciales sobre liderazgo femenino, derechos humanos, desarrollo sostenible y construcción de paz, donde se conectan visiones diversas para avanzar hacia sociedades más justas y equitativas. En esta edición, una de las voces más esperadas fue la de Nadia Murad, activista yazidí de 32 años, Nobel de Paz en 2018 y reconocida mundialmente por su lucha contra el uso de la violencia sexual como arma de guerra. Murad sobrevivió al genocidio contra su comunidad perpetrado por ISIS en 2014, cuando el grupo extremista arrasó la región de Sinyar, en el norte de Irak.

Durante ese ataque, fue secuestrada, sometida a violencia sexual sistemática y reducida a esclavitud, experiencia que más tarde decidió hacer pública para denunciar los crímenes de lesa humanidad cometidos contra su pueblo. Es así que su valentía al relatar lo vivido, así como su labor incansable para visibilizar y exigir justicia para las víctimas de explotación sexual y persecución religiosa, fueron determinantes para que recibiera el galardón de la paz. Y hoy, Tras su intervención de apertura, donde habló sobre el rol del liderazgo para las mujeres víctimas del abuso sexual y del conflicto armado, Murad participó en una rueda de prensa en la que Diners estuvo presente, un espacio crucial para profundizar en temas como justicia, reparación, y el proceso de sanar. Esto fue lo que nos contó. Una de las palabras recurrentes al escucharla es “justicia”.

En Colombia también discutimos constantemente sobre ese término. ¿Para usted, qué es la verdadera justicia? Nadia: Es una muy buena pregunta, porque para cada sobreviviente la justicia significa algo distinto. Hay quienes quieren estar en un juicio frente a sus perpetradores; otros solo quieren poder enterrar a sus seres queridos. Muchos necesitan un lugar seguro o apoyo psicológico. Cada sobreviviente tiene una forma diferente de entender la justicia porque, después de una violación, las necesidades son muchas. En mi caso, necesitaba sentirme segura, poder compartir mi historia, recibir apoyo y que la gente creyera en mí. Aquí en Colombia estoy segura de que sus ideas de justicia también serán diferentes. Quizá han contado su historia por años, pero no ha sido escuchada por quienes deberían oírla. Cuando la violación se usa como arma de guerra, la justicia aún es un concepto nuevo. En Kosovo, donde estuve el año pasado, más de 20.000 mujeres fueron violadas y solo una persona ha sido juzgada, después de dos décadas.

Eso no es suficiente. Si la comunidad internacional y los gobiernos reconocen que no fue nuestra culpa, entonces deben reconocer lo que nos ocurrió, y eso solo se logra con justicia. Aunque Colombia haya avanzado más que otros países, muchas sobrevivientes siguen esperando. Y cuando el reconocimiento llega desde tu propio país, es más especial: sientes que lo que viviste fue injusto, que vales, que eres tratada como cualquier otro ciudadano. Luego de todo lo vivido, usted ha pasado por todo tipo de procesos, incluyendo la sanación. ¿Qué parte de ese proceso sigue activa hoy? Nadia: La sanación es un proceso extraño. Muchas pensamos que salir de los campamentos y llegar a un lugar seguro, como Alemania, sería sanar. Yo lo hice, y descubrí que no era así. Me dijeron que debía ir a terapia, y aunque vi a psicólogos, no funcionó para mí. Yo necesitaba encontrar un propósito. Cuando conviertes tu dolor en propósito, ahí empieza otra forma de sanar. La gente no entiende que el “después” de un genocidio o una guerra es incluso más difícil que el momento en que la guerra está activa. Durante la guerra esperas que termine; después buscas respuestas. Yo, todos los días, recuerdo que los restos de mi madre aún no han sido identificados; tampoco los de mis hermanos, mis sobrinos. Y muchos de mis familiares siguen desaparecidos en Siria. Sanar es un proceso conectado con tus seres queridos, con tu hogar, con el hecho de haber sido obligada a huir y convertida en refugiada. En mi caso, todo llegó al mismo tiempo: el Nobel, la ONU, los medios, ser refugiada, ser sobreviviente. Además, el mundo suele no creerle a quienes han sobrevivido a una violación. La sociedad nos dice “perdona”, “sigue adelante”, “ve a terapia”, pero no siempre es así de simple.

Llevo 11 años en este proceso, sigo en él, y quizá será un viaje para toda la vida. Algunos días son buenos; otros, oscuros. Usted habla sobre el hecho de que perdonar puede ser un beneficio más grande para el perpetrador que para la víctima. ¿Tiene el perdón algún papel en la sanación? Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Nadia Murad (@nadia_murad) Nadia: El perdón es algo que das a un amigo que cometió un error, a alguien que se equivocó. Pero no puedes perdonar crímenes como matar, violar, destruir cuerpos y mentes. Ellos creían en una ideología que decía que las mujeres debían ser esclavas, que personas como mis hermanos debían morir por ser “herejes”. ¿Cómo perdonar eso? No son errores pequeños entre amigos, vecinos o familias. Son crímenes de lesa humanidad. A esos crímenes no se les responde con perdón, sino con justicia. Muchas veces se nos incita o se nos obliga a perdonar, pero he conocido sobrevivientes que, aun diciendo haber perdonado, siguen cargando el trauma porque no han olvidado. A mí me mataron a mi madre, violaron a mis hermanas, asesinaron a mis hermanos. No puedo perdonar.

Esos crímenes necesitan justicia. Esa es la razón por la que estoy aquí. ¿Qué formas de reparación siguen haciendo falta para las mujeres sobrevivientes? Nadia: Cuando se habla de reparación, la gente piensa inmediatamente en dinero, pero no es solo eso. Hemos trabajado con sobrevivientes en Colombia, Irak y el Congo, y para cada una la reparación puede ser distinta. Para algunas es apoyo financiero; para otras, atención psicológica. En ciertas comunidades se trata de reconstruir su hogar o de garantizar que puedan contar su historia sintiéndose seguras. Sí, todas compartimos la experiencia de la violación, pero cada sobreviviente tiene necesidades distintas. Y muchas mujeres nunca han recibido apoyo. A veces solo se reparan a las que muestran su rostro y su historia públicamente, mientras que quienes no lo hacen quedan por fuera. La idea es cambiar eso: si una mujer necesita apoyo, debe recibirlo aunque no quiera exponerse.

Colombia es un lugar con una violencia de género elevada. ¿Tiene algún mensaje para las mujeres de este país? Nadia: no se enfoquen en resultados rápidos. El cambio toma tiempo. Trabajar con comunidades requiere paciencia. Y quiero que sepan que, cuando estén listas, su voz puede ser más poderosa que la de cualquier político o líder mundial. Cuando fui estigmatizada y muchos no quisieron escucharme, entendí que mi voz era lo único que tenía: mi arma para defenderme de lo que me ocurrió. Y esa voz, cuando se usa con verdad, es más fuerte que cualquier intento de destruirnos. También le puede interesar: ‘Recurrí al chat que tenía con mi hermano ya fallecido’: David Bohorquez revela cómo el dolor se convirtió en Nota de voz, su nueva película de terror psicológico

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