Reza la sabiduría popular cuando algo debe ser admitido o celebrado que “al César lo que es del César” y en esta ocasión esto aplica con aplausos de pie para Inexmoda y todo su equipo quienes lograron, a pesar de lo ambicioso de la tarea, una feria diferente, innovadora y llena de puntos a resaltar. Empecemos pues por el comienzo.
Pasarelas y diseñadores
La parrilla diaria tuvo un poco de todo. Desde propuesta altamente complejas conceptualmente y con un altísimo nivel de técnica, transversalidad artística y puestas en escenas disruptivas que rayaron casi en lo performático como fue el caso de A New Cross, hasta espacios para nuevos talentos y de generaciones en formación con los talentosos estudiantes de la UPB y La Colegiatura. La elegancia atemporal y las siluetas femeninas clásicas se vieron representadas por todo lo alto por Andrés Pajón y su colección “Escarlata” mientras que la nueva estética de fronteras de género más fluidas y relajadas se vieron en propuestas como la de Agybo y su colorida e iconográfica “The Cosmic Árbol”.
La necesaria democratización del buen diseño en un país que aún suele creer que la moda es costosa y está fuera de su alcance también se hizo presente con las colecciones de Andrés Otálora en colaboración con Arkitect y de Beatriz Camacho en colaboración con Bronzini. Dos propuestas y dos pasarelas, una inspirada en La Guajira y otra inspirada en los sentires de La Habana en las que brillaron los estampados, ambas con intención de amplia salida comercial y con el sello de dos grandes nombres de la moda colombiana para una audiencia masiva. Como nos comentó Beatriz: “se vale soñar”.
Lo propio hizo Waimari de la mano con Falabella en una colección de prendas fluidas, cómodas y suaves para los días cálidos.
La sostenibilidad, la moda circular y la conciencia del impacto de la industria de la moda sobre el planeta también fueron protagonistas. Evidentemente la propuesta de Alejandro Crocker fue la más contundente y radical al realizar un colección con materiales 100% reutilizados. Por su parte, la marca debutante Toscano por Franklin Ramos le apostó a piezas funcionales, dinámicas y versátiles pensadas para combinar y estilizar una y otra vez sin comprometer estilo o diseño en pos de la circularidad. Por su parte, su hermana Faride Ramos presentó su colección “Alma” junto a la fundación AlmaRosa para concientizar sobre la prevención temprana del cáncer de mama a través de una colección elaborada con fibras sostenibles y materiales reciclados.
Vale mencionar la emoción de ver en pasarela a los Guardianes del Páramo, una organización dedicada a reforestar y cuidar el delicado ecosistema paramuno en Ocetá ondeando su bandera, que emocionó hasta las lágrimas a más de uno durante los desfiles de Crocker y de la peruana Sandra Weil, quien fue la encargada de la pasarela de cierre.
A propósito de esta última, su colección Kintsugui le puso ese toque de sofisticación tan necesario a la feria a través de sus salidas que pasaron de la mezcla de textiles, trazos, luz, color y estampados a la suavidad de vestidos que parecían de origami. Un claro guiño a la milenaria técnica japonesa que le valió el nombre a la colección.
Las locaciones alternativas y los nuevos escenarios
Uno de los puntos más interesantes de esta edición de la feria definitivamente fueron las locaciones alternativas de las pasarelas.
El Claustro San Ignacio con sus más de 200 años y su rigurosa reinterpretación patrimonial a cargo de Comfama le dio ese aire de solemnidad, grandeza y magistralidad a la pasarela de Andrés Pajón. Por otro lado, la antigua fábrica de Coltabaco se convirtió en un escenario alternativo de la feria, con sus espacios industriales (y un poco calientes, si debemos ser 100% honestos) que albergaron las propuestas de corte y ADN más urbano o edgy como A New Cross, Pilatos, Agybo, QST y Y/Out.
Maravilloso fue presenciar que el hermosísimo corredor ecológico urbano Parques del Río con su verdor y a las orillas del río Medellín fuera el lugar elegido para la pasarela “Pervivir” de Franklin Ramos. La ciudad brilló tanto como ese miércoles de sol a través de ese espacio tan único revestido de moda.
Pero tal vez el escenario más impresionante de toda la feria lo sirvió el desfile de Andrés Otálora que se llevó a cabo en las entrañas mismas de la cordillera, dentro del mismísimo Túnel del Oriente. Emulando el paisaje de la árida y desértica región de la Guajira, con una pasarela de arena, cactus y un juego de luces rojizos, esta ha sido sin miedo a equivocarnos la puesta en escena más innovadora y retadora de la historia de la feria.
Además de esto, hubo actividades y eventos por toda la ciudad en el marco de la feria que iban desde exposiciones, conciertos, conversatorios académicos en universidades, ferias itinerantes y toures por los barrios todo esto con la intención de conectar a Colombiamoda con la ciudadanía y la ciudad de una manera más integral. Aplausos y puntos a favor por estas iniciativas.
Las grandes sorpresas
Los eventos paralelos a la feria también le ponen un aire de dinamismo y belleza al ajetreo diario. Vale la pena resaltar la labor de la concept store Makeno que sin duda se corona edición tras edición como el rey de la moda colombiana. Aparte de tener la mejor curaduría del país, Makeno este año se fajó con sus fiestas, brunches, encuentros y conversatorios de los que queremos destacar muy especialmente la serie de cortometrajes que revelan las voces de tres grandes mentes creativas de la industria: Miguel Mesa, Andrea Landa y Felipe Espinosa.
Por otro lado, este año se inauguró el pabellón de decoración con gran éxito gracias a propuestas en las que brillaron la artesanalidad, el lujo discreto y las artes y oficios manuales. Nos encantaron propuestas como Pomplón, Alado Diseño, Diamantina y la Perly y, por supuesto, Artesanías de Colombia para vestir la casa.
Y sería injusto despedir la feria sin una mención especial al nivel gastronómico de Medellín que toma alas durante estos días para mostrar sus mejores exponentes. Este año podemos decir sin duda que además de los conocidos de confianza que ya mencionamos (ver nuestra guía de Medellín para Colombiamoda enlace) hay que hacerle su propio apartado a Oni, la propuesta del grupo Sin Mente de gastronomía nikkei que no sólo está en un espacio espectacular dentro del edificio Wake sino que deja al comensal queriendo volver a probar todo lo que el apetito no alcanzó.
Brillan los makis y los nigiris con ingredientes tan especiales como la jaiba y la langosta, pero también se vuelven objeto de deseo los tiraditos, los gunkanes o rollitos de masa filo que resultan en un bocadito perfecto y los robatayakis de tierra o de mar dependiendo del gusto. Amantes de los postres: ríndanse frente al cake de banano, crumble de maní salado, cremoso de chocolate y cardamomo, caramelo salado y helado de caramelo. Merece alabanzas.
Se cierra pues un capítulo más de Colombiamoda siempre con agradecimiento hacia Inexmoda y sus aliados por impulsar, visibilizar y darle herramientas de empoderamiento y fortalecimiento al talento nacional que es tan grande y amplio como colombianos hay. Hasta la próxima.



