Foto: David Micolta / Producción Natalia Ramírez
abril 15, 2019
Estilo de vida

Dos diseñadoras comprometidas con el cambio social

Diners eligió a dos jóvenes diseñadoras que por medio de su trabajo se comprometen con el cambio social. Es la nueva generación de mujeres que, con acciones concretas, buscan vivir en un país mejor.
POR:
Revista Diners

MARÍA FERNANDA VALENCIA

Dos diseñadoras comprometidas con el cambio social

Aunque solo tiene 36 años, dice que “arrancó después de vieja” a cumplir su sueño de vida: convertirse en diseñadora y tener una marca propia. “Estudié Administración de Empresas en Los Andes y en algún momento todas mis electivas se volvieron de diseño, así que en medio de una crisis me devolví a Cali, mi ciudad natal, porque sentía que eso no era lo mío. Quería irme a estudiar a Italia Diseño, pero quedé embarazada y terminé mi carrera de Administración en Cali”, cuenta María Fernanda, quien ahora tiene dos hijos.

Luego de crear una exitosa empresa de pastas decidió cumplir su sueño de diseñar. “Vendí todo y me metí a estudiar Diseño en una academia. Yo siempre he pintado y me ha gustado mucho el arte; también me encanta descubrir Colombia y he sido muy aventurera”. Con ese concepto creó Juan de Dios, una firma de vestidos de baño inspirada en el Pacífico. “Siempre iba con mis papás a conocer lugares exóticos a los que nadie iba; veíamos las ballenas y explorábamos sitios a los que normalmente el turismo no llega. Me encanta esa parte de Colombia y por eso la primera campaña de mi marca se enfocó en el Pacífico, en la selva y en esos lugares, y fue todo un boom en redes. Mucha gente preguntaba dónde quedaban esos paisajes para ir a conocerlos, así que se incrementó el turismo en la zona”, dice.

Su marca arrancó hace dos años y ha sido toda una aventura. “Me inspiro en cosas de mi tierra, la segunda colección está basada en el chontaduro, así que la gente quería conocer ese fruto tan exótico”. Ahora va para su tercera colección y todavía no aterriza bien del fenómeno en el que se ha convertido Juan de Dios.

El impacto social que ha logrado la marca se refleja en varios factores. Por un lado, todo lo produce en Cali, en talleres con mujeres madres cabeza de familia, y por otro lado, ha empezado a crear conciencia sobre la importancia de no arrojar plásticos y desperdicios al mar. “Quiero crear conciencia ecológica en la región y participar en los programas que hay de limpieza y recolección del maparé, el nombre que se le da a este material que llega al mar”. Además, con su tercera colección inspirada en los pájaros tropicales, también quiere impactar en la región y devolverle algo de todo lo que esta parte de Colombia le ha dado a ella.

JUANITA GIL

Dos diseñadoras comprometidas con el cambio social

Desde su labor como diseñadora líder del programa Moda Viva en Artesanías de Colombia, esta bogotana ha tenido la oportunidad de conocer el trabajo de muchas comunidades artesanales y contribuir al rescate de técnicas ancestrales. “Empecé hace tres años en un proyecto llamado Moda Viva. Hacemos talleres de moda, de color y de diseño para ampliar su portafolio de producto”. Se busca abrir más el mercado en el sector moda y para ello también invitan diseñadores emergentes o establecidos que hacen colecciones cápsula con los artesanos.

“La intención es que cada año podamos cubrir más territorio y más comunidades del país. Buscamos hacer un seguimiento para descubrir el potencial de todas las técnicas y de esta manera involucrarlas más en las colecciones”. Ella se encarga de la creación desde adentro, en temas que tienen que ver con accesorios, textiles y bisutería. “Trabajamos más en carteras e intervenciones textiles que se hacen para enaltecer un producto de moda. La idea es posicionar la artesanía como producto de lujo y así motivar a los nuevos diseñadores a incluir estas técnicas y volver al origen”.

El proyecto de Moda Viva lo inició en Artesanías de Colombia su directora Ana María Fríes y ha buscado desarrollar diseños más cercanos a la moda, respetando las técnicas, las iconografías y los símbolos de los artesanos para que la artesanía no sea únicamente un insumo. “Cada año trabajamos con un promedio de doce comunidades y algunas se han repetido”, cuenta Gil, quien estudió Diseño de Moda y Textil en el IED de Barcelona, hizo una especialización en dibujo en Saint Martins en Londres y trabajó en Loewe en el desarrollo de productos para desfiles de cartera y bisutería. “Lo más satisfactorio ha sido seguir diseñando, pero en algo que tiene un impacto social grande. Me he redescubierto y me he conectado con el origen. Me encanta contribuir a rescatar estas técnicas y mostrarlas al mundo”.

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