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mayo 24, 2017
Cultura

Lea «La noche en que estuvimos tan cerca» esta semana

Las dotes de Beatriz Libreros como escritora se dan mejor en la sudorosa cotidianidad de un gimnasio o en los desvaríos a que puede llevar un hueco en una media en una fiesta sofisticada. Allí brilla su garra de artista.
POR:
Revista Diners

LA NOCHE EN QUE ESTUVIMOS TAN CERCA
BEATRIZ LIBREROS
Editorial Icono
Colección Yo cuento, Bogotá, 2015.
102 páginas.

Los ocho relatos de esta autora caleña nos narran la vida de una mujer que aspira a ser escritora, que tiene amigos que también sueñan lo mismo, y que en un ambiente entre universitario y bohemio siente, por ejemplo, en un bar, cómo el confidente se torna en un iluminado objeto de deseo. Las fascinaciones son efímeras y el epílogo resulta inalterable: “El número marcado se encuentra ocupado. Por favor intente más tarde”. Tal acumulación de ausencias, de inexplicables rupturas y virajes, la llevará a consultar a una psiquiatra, someterse a una terapia y visitar a un médico bioenergético con sus teorías de auras, cristales y chacras. Todos los episodios, entre humorísticos y trágicos, se sostienen en la claridad introspectiva de un estilo diáfano, en la capacidad descriptiva de cuartos, cafés, emociones y sentimientos. Si bien el clima parece ser compartido por todos los escenarios y personajes, cada uno tiene un sello propio, su marca inconfundible.

Una ceñida urdimbre de referencias literarias, de Julio Cortázar a Paul Auster, y musicales, “la música de Rubén Blades mezclada con Queen, The Doors y Genesis, pasando por Billy Joel y Phill Collins” (p. 14) y fotos de Brassai muestran los fetiches compartidos de su momento histórico.

Lo entrañable son los relatos como Pastillaje, donde la madre y sus amigas elaboran dulces flores de azúcar y, al final, la involucran a ella que ya padece las tormentas dolorosas de su primer amor. Lo que sobrevive en el recuerdo es la creación de ese jardín artificial sobre tartas y ponqués.

Pero ni el uso de antidepresivos curará el desamor y los desencuentros, como reconocen lectores perspicaces como Fernando Cruz Kronfly y Hugo Chaparro, al saludar la aparición de este volumen ganador de la beca de la Secretaría de Cultura de Cali. “Miedo a querer y a detestar. A una decepción más…” (p. 26). Las entregas pueden ser fallidas y el futuro tan insólito como al terminar de profesor en Guinea Ecuatorial. Sin embargo, las dotes de Beatriz Libreros como escritora se dan mejor en la sudorosa cotidianeidad de un gimnasio o en los desvaríos a que puede llevar un hueco en una media en una fiesta sofisticada. Allí brilla su garra de artista.

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