Foto: espectador durante artBO 2012
octubre 23, 2012
Arte y Libros Cultura

Un artista antes y después de las ferias

La inauguración, la fiesta y el formato ferial funcionan y se sincronizan en unidad. Son encuentros que de otra manera serían imposibles de lograr si estuvieran disgregados en el tiempo. Pero, ¿qué pasa el resto del año?
POR:
Revista Diners

Esta semana que cierra tiempos de ferias y fiestas del arte en Bogotá muestra una dinámica comercial que se ha consolidado rápidamente y se presenta contundente frente al circuito artístico de otras ciudades del mundo. Es grato ver los cambios y sentir que la participación de las galerías nacionales, en conjunto con las del continente hacen una gran apuesta por pensarse y presentarse cada año en este escenario. Sin embargo, en medio del regocijo por la consolidación comercial existen preguntas e incertidumbres que se generan con relación a las altas expectativas y el optimismo que siembra el mercado en un entorno local que se cita en esta época, una vez al año.

Estas líneas no buscan dar un balance de los espacios feriales, para ello habrá números y datos que escapan a mi conocimiento. Los artistas en la mayoría de los casos poseemos una mirada borrosa del mercado del arte e inclusive parece ser similar a como percibimos el «calentamiento global»: existe, sabemos que está allí y su dimensión aumentada hace que sobrepase nuestro sentido común, instalándose en la mente de forma permanente e incluso autoritaria. Así, sobre lo que quiero pensar es en el impacto de este «hiperobjeto» llamado mercado del arte en el artista y en su producción; así como entender la frecuencia de tiempo que trae el antes y después de las ferias en el contexto bogotano.

La acumulación de tantos eventos en una sola semana o unos pocos días no es un fenómeno fuera de lo común en los formatos feriales alrededor del mundo. La intersección generada entre los actores que participan del circuito del arte provoca encuentros que de otra manera serían imposibles de lograr si estuvieran disgregados en el tiempo. Esta intensidad y tensión que genera el encuentro ha hecho del evento el soporte ideal de la convergencia artística. La inauguración, la fiesta y el formato ferial funcionan y se sincronizan en unidad. Los hábitos sociales entorno a las prácticas artísticas alteran también los modos de producción de los artistas y a medida que se aproxima el tiempo de las ferias crece con ello la expectativa por los resultados y por la visivilidad que el artista pueda alcanzar con su obra.

Esto abre la pregunta de si como artistas, hoy en Bogotá, comprendemos la diferencias de los tiempos que marcan el mercado y los de la producción individual. La feria cumple con el objetivo de ofrecer un escenario de consumo y circulación artística y en ello Odeón, artBO y Sincronía representan dicho interés por crear nuevos públicos. Por otro lado, existe también una atmósfera afanosa por alcanzar los plazos o ajustarse adecuadamente a los mandatos estilísticos de ciertos escenarios. Creo que siempre será imperativo para el artista pensar su producción en un cierto «fuera-de-tiempo»; esta distinción le permite tomar distancia y conservar la autonomía en su producción, lo que incide sin duda en la práctica comercial. Una operación inversa puede dejar expectativas rotas o demasiado idealizadas en un mercado local que aún esta en formación y del cual la mayoría de los artistas no basan su economía.

El antes y después de las ferias de arte en Bogotá, también me abre la pregunta sobre como están realmente funcionando muchos otros escenarios artísticos de la ciudad, los cuales presentan una agenda de exposiciones y eventos académicos activa todo el año, con la gran sorpresa de no contar en muchos casos con la asistencia esperada. Tal fue el caso de Casa Abierta, en la ASAB a comienzos de octubre, cuyos conversatorios no superaban la decena de asistentes y en el marco de esta semana cabe mencionar los espacios alternativos a la feria que inauguraron con escasa asistencia como LIA, Alianza Francesa y la Ruta Circular, en la que, a pesar de su acogida, no cubrió el recorrido propuesto en su totalidad. La actividad artística alrededor de las ferias en Bogotá muestra que se ha llegado a una cima importante, que hay públicos diversos comenzando a participar, pero la realidad es que aún en Bogotá se está construyendo lo que ha de ser un entorno más robusto y enriquecido de obras que realmente se ven, dialogan y circulan más allá de la agitada semana de las ferias que se sucede cada año.

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