Revista Diners
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Pocos cantantes han logrado insertarse tan profundamente en la sensibilidad popular colombiana, y también latinoamericana, como el argentino Piero, que nació en la ciudad italiana de Gallipoli y que falleció este miércoles 7 de octubre a sus 81 años. En nuestro país, la canción Mi viejo, que Piero compuso junto al escritor y periodista argentino José Tcherkaski, se convirtió en la mejor manera de recordar y homenajear a nuestros padres.
Piero, cuyo nombre completo era Piero Antonio Franco De Benedictis, que cuando tenía tres años llegó a Argentina en barco desde Italia junto a su mamá y su hermana de once meses -ya su padre estaba esperándolos desde esta orilla del Atlántico-, se empezó a enamorar de la música gracias al negocio de venta de tocadiscos de su padre y a la voz de su madre, que según él cantaba muy bien, contó en un video de su canal de YouTube que en una de sus sesiones de trabajó junto a Tcherkaski lanzó la idea de que quería hacerle algo padre.
“Pero no: Papito lindo, te quiero mucho, porque ya se habrá hecho. Sino un homenaje, un agradecimiento cuando el viejo ya deja de ser el superhéroe que es para nosotros”, dijo en una charla con el músico Emilio del Guercio.
Compositor y escritor se habían conocido gracias a amigos comunes de la extinta revista 7 días. El padre de Tcherkaski, un inmigrante ruso, era un gran lector, especialmente de la literatura de su país, y gracias a esa influencia fue que el colega de Piero se fue metiendo en el mundo literario.
Su primer libro fue Cosa de Buenos Aires, que además de poemas suyos incluyó algún cuento de uno de sus amigos, el aclamado escritor Ricardo Piglia, autor de Respiración artificial, novela fundamental de la literatura argentina de las últimas décadas.
En ese libro apareció Ambulante, un poema que luego alimentaría la letra de Mi viejo y que incluía versos como:
Qué cansancio,
¿No? Viejo
Ya en esas construcciones semánticas se predecía el carácter simbólico de Mi viejo, una canción que está plagada de frases conmovedoras como:
Ahora ya camina lerdo
Como perdonando el viento
Una popularidad que nació en TV

Luego de salir de una Italia que estaba experimentando las secuelas del final de la Segunda Guerra Mundial, la familia de Piero se instaló inicialmente en la localidad de Banfield, en la zona sur del Gran Buenos Aires.
Allí, a una cuadra del centro, el padre de Piero, Lino, tenía su negocio de venta de tocadiscos. Una mañana, Lino encontró su negocio totalmente vacío; al parecer, su socio fue el responsable de haberse llevado hasta las estanterías.
Con esa idea de empezar de nuevo, la familia se fue hacia Allen, en la provincia de Río Negro. Allí, mientras estudiaba en el seminario, Piero empezó a coquetear con la música. “La música era cantar así cositas sueltas y, con el tiempo, para acompañarme, empecé con los teclados, pero me aburría con los ejercicios que te daban los viejos maestros”, recordó el cantante y compositor en esa charla en su YouTube.
Lo que lo terminó conciliando con los instrumentos fue ver a “un pibe en el seminario tocando una zamba”. Así se fue puliendo aquel talento precoz, que terminó atendiendo el llamado de la televisión, pues el Canal 9 lo convocó en medio de su búsqueda de nuevos rostros.
En la pantalla pequeña, Piero empezó cantando canciones melódicas italianas y, posteriormente, en los sesenta, llegó al programa musical El club del clan. Fue entonces que empezó a forjar su popularidad, que se tradujo en éxitos de ventas como Alla cara cara Nonna, también creada a cuatro manos, esta vez junto al acordeonista Aquile Ardolino.
Más allá de esas mieles de éxito que probó en la televisión, Piero llegó a pensar en estudiar medicina antes de dedicarse profesionalmente a la música. El cantante de origen italiano contó que, antes de un concierto en la zona de Caballito, alguien le contó que el auditorio estaba lleno.
Piero pensó que alguien más se presentaría aquella noche, pero luego se enteró que esas más de mil personas habían llegado para verlo a él. “Eso me tocó algo adentro. Subí y les hablé: “…Con esto que pasó hoy, me voy a dedicar a esto”, contó el cantante, quien consideraba que, hasta ese momento, la música era un juego.
Se dedicó entonces a estudiar, a leer poetas clásicos y contemporáneos, cuyas obras no se vinculaban tan bien con su manera coloquial de interpretar la música. Hasta que apareció José Tcherkaski.
“Era buena la mezcla de tener miradas distintas, de discutir mucho. Eran todos los días de un laburo de ocho horas para componer”, recordó Piero.
De ahí salieron canciones como Juan Boliche, Pedro nadie, Tengo la piel cansada de la tarde, Valdemar, el brasilero y Llegando, llegaste, otro gran clásico que nació en la cotidianidad de la vida barrio.
Para Piero, estas canciones eran postales, una foto testimonial del momento. Esas postales han logrado trascender y volverse imperecederas.


