Revista Diners
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A lo largo de sus 36 años de vida, Diana Ayala Gómez ha catado casi todos los cafés del mundo y los reconoce al rompe recorriendo cafetales en países como Brasil, Etiopía, Ecuador, Perú, India, México, Malasia, España, y, por supuesto, Colombia, su país natal. Ha aprendido que sus mejores oficinas son las fincas, los laboratorios de cata, las instalaciones de los tostadores, las cafeterías de especialidad y los aeropuertos a las cinco de la mañana, cuando el sol apenas despunta. “La vida más interesante no siempre ocurre en un lugar fijo”. Dice esto justo cuando acaba de regresar del París Coffee Show, que se realizó en septiembre pasado en Francia.

Diana vive en Valencia, España, “aunque vivir quizás no sea la palabra más exacta para describir mi relación con los lugares actualmente. Soy, en cierta medida, una nómada del café”, y acaba de hacer la jura y obtener la nacionalidad española, sin renunciar a la colombiana.
Conectando mundos
¿Cómo llegó esta economista y negociadora internacional nacida en Cali a convertirse en consultora en café de especialidad en IPD (Import Promotion Desk) y a presidir el capítulo de la International Women’s Coffee Alliance (IWCA) en España? Ella cuenta que desde muy pequeña tuvo el sueño de emprender y el café ha sido el combustible que la ha llevado a estar en las grandes ligas de este producto.
“No es extraño encontrar raíces cafeteras en una familia colombiana. En mi caso, mi abuelo materno era caficultor; pero mi entrada consciente al mundo del café de especialidad llegó después de graduarme de Icesi, cuando tuve la oportunidad de trabajar con una comunidad de 1.472 familias productoras de café orgánico de Tierradentro, Cauca”. En este municipio de Inzá, en el departamento del Cauca, Diana conoció de primera mano una realidad que cambió su manera de ver el café: “entendí que detrás de una taza existe una cadena de valor enorme, con retos económicos, sociales y comerciales muy complejos”.

Con la obsesión por emprender fundó en 2015 Aygo Organic, empresa enfocada en la exportación de café colombiano de especialidad. Luego trabajó con diferentes eslabones de la cadena en distintos países. Su avidez por beber aún más del mundo inagotable del café la llevó a obtener la beca Young Leaders of the Americas Initiative (YLAI) del Departamento de Estado de Estados Unidos, una experiencia que “me abrió muchísimo la mirada y me motivó a buscar herramientas para poder escalar mis proyectos”. En 2019 llegó a Kuala Lumpur para estudiar un MBA en Asia School of Business, en colaboración con MIT Sloan.
Fue así como su formación en economía, negociación internacional y gestión encontró en el café un espacio donde podía combinar todo lo aprendido: comercio, estrategia, negociación, desarrollo y, sobre todo, el vínculo con las personas detrás de un café de especialidad: desde los productores del grano en remotas fincas, pasando por exportadores e importadores hasta baristas y organizaciones de desarrollo.
“Al final, lo que más me interesa es precisamente eso: conectar mundos que normalmente están separados y ayudar a que esas conexiones se conviertan en relaciones de largo plazo”.
Barismo con aroma de mujer
Cuando Diana inició un nuevo capítulo en su vida y llegó a España después de haber construido su vida profesional en Colombia se enfrentó al reto de empezar de “cero”, tejer una red, encontrar nuevas oportunidades y explorar al máximo su potencial profesional.
“Sabía que necesitaba construir un network fuerte, así que me puse en contacto con IWCA Global”. Esta organización se dedica a conectar, empoderar y promover el avance de las mujeres en la comunidad cafetera internacional y se encuentra en 40 países. Justo cuando llegó a España no existía allí un capítulo de la IWCA y ella se ofreció a crearlo. Fue gracias a la sincronicidad que conoció a la argentina Chantal Demonty, quien, con las mismas pretensiones, había contactado con IWCA Global en calidad de tostadora y propietaria de una cafetería de especialidad en Barcelona.
Diana explica que abrir las puertas locales de la IWCA no se dio de un día para otro, porque existe un proceso de nueve pasos y una investigación previa para confirmar que realmente hay una necesidad de fundar un capítulo. “Cuando comenzamos a hacer entrevistas y una investigación cualitativa con mujeres del sector, encontramos que había muchísimas trabajando con café en España, pero no necesariamente estaban conectadas entre ellas ni tenían un espacio común para compartir conocimiento, oportunidades y experiencias”.
Chantal y Diana se enfrentaron también con una cruda realidad: menos del 5 por ciento de los competidores de los campeonatos de baristas en España eran mujeres, a pesar de que ellas representan el 54 por ciento de la fuerza laboral de este sector.
Fue cuando decidieron crear Espréssate, el primer campeonato femenino de baristas en el país ibérico, que no es solo un concurso, sino que incorpora todo un entramado de entrenamiento, asesoría en presentación y preparación de café.

“Espréssate nació de una pregunta incómoda que decidimos no ignorar: ¿por qué tan pocas mujeres competían en los campeonatos nacionales de baristas en España, si había tanto talento femenino en el sector? Después de hablar con muchas baristas, la respuesta no era falta de habilidad sino de visibilidad, mentoría, confianza y acceso a oportunidades. Las reglas de competencia, el formato, los espacios, todo estaba diseñado para quienes ya conocían el circuito. Nosotras queríamos crear la puerta de entrada”.
Su fuente de inspiración fue la experiencia de IWCA Perú, que había desarrollado su propio modelo con buenos resultados. Fue así como diseñaron Espréssate en tres fases. La primera fue una formación virtual gratuita y abierta para todas las participantes, con profesionales y jueces internacionales. Trabajaron desde las reglas técnicas de la Specialty Coffee Association (SCA) hasta storytelling, presentación y mentalidad competitiva, donde podían participar las 28 mujeres que se inscribieron al campeonato.
La segunda etapa fue práctica: sesiones presenciales en cafeterías de Barcelona, Bilbao, Madrid y Valencia, donde las participantes pudieron simular una competencia real, recibir mentoría uno a uno y retroalimentación de calidad. “No una clase magistral, sino una experiencia real, en el terreno”, aclara Diana.
Y la tercera fase fue el campeonato en Barcelona, en el que 10 mujeres seleccionadas compitieron bajo los estándares de la SCA, pero con enfoque educativo, pues cada competidora recibió al finalizar una evaluación detallada con sus fortalezas, áreas de mejora y recomendaciones concretas de los jueces. “No queríamos que salieran solo con un resultado, queríamos que salieran con herramientas para seguir creciendo”.
La fuerza de las alianzas
En su trabajo con IWCA, Diana construye puentes más allá de España y fortalece alianzas con otros capítulos de la organización. Recientemente la sede firmó acuerdos de colaboración con los capítulos de Colombia, Canadá, Francia y Grecia para promover el intercambio de conocimiento, desarrollo profesional y posibles proyectos conjuntos. Una de esas iniciativas es unir fuerzas para darle un mayor impulso al Campeonato Nacional de Mujeres Baristas en Colombia, que ya cuenta con su segunda versión. “Desde IWCA España podemos compartir la experiencia y el modelo que desarrollamos con Espréssate en formación, mentoría, preparación y feedback para que pueda ajustarse a la realidad local”.
Para esta consultora el mayor logro de su experiencia en España ha sido ver cómo una necesidad que empezó siendo personal –la de encontrar una comunidad– terminó convirtiéndose en una plataforma que hoy puede servirle a muchas otras mujeres.
La colombiana no olvida sus raíces y, sin importar el lugar en que se encuentre, viene a Colombia cada diciembre. “Mi familia es mi ancla y, siendo caleña, la Feria de Cali es un ritual irrenunciable. Volver a Cali en diciembre con el calor, la música y la comida es el premio que me doy después de un año de mucho trabajo”.
¿Y a su juicio cuál es el mejor café del mundo? “Después de haber catado granos de muchísimos orígenes, mi respuesta honesta es que no existe uno solo. Depende del momento, del método de preparación, de con quién lo tomas. Pero si tengo que elegir una conexión emocional, siempre vuelvo a los cafés de lavados de Colombia, que tienen algo que va más allá del sabor para mí. Tienen historia; tienen raíz. Y eso, para mí, es lo más difícil de replicar”.
(Continúe leyendo: Un café que salva vidas: el milagro del café en el sur de Bolívar)


