Revista Diners
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Ya parece inevitable que el negocio más costoso en la historia de Hollywood va a llegar a su final, que para muchos se siente como el desenlace de una tragedia griega. Y es que faltan pocos detalles para que Paramount Skydance concrete su fusión con Warner Bros., la clásica productora que es responsable de, entre otros, clásicos del séptimo arte como Casablanca.
La fusión, que le costará a Paramount 111.000 millones de dólares, estaba en suspenso por una demanda antimonopolio liderada por doce fiscales generales, que finalmente se levantó tras alcanzar un acuerdo este 21 de septiembre. Sin embargo, Araceli Martínez-Olguín, la jueza que lleva el caso, aún tiene algunas inquietudes y programó una audiencia adicional para discutirlas.
En Hollywood, las alarmas por esta multimillonaria negociación llevan sonando varios meses y esta demanda representaba una última luz de esperanza para quienes deseaban que la fusión no se concretara. Las reacciones ante este desenlace legal van desde las más negativas hasta las más cautas.
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“Esperamos que el proceso de diálogo con los fiscales generales les haya dejado claro que, además de la negociación colectiva, nuestros miembros cuentan con la ley para proteger nuestros intereses. Estos son los estándares mínimos que deben cumplir nuestros empleadores”, declaró el Sindicato de Actores de Estados Unidos, presidido por el actor Sean Astin (El señor de los anillos).
Las primeras consecuencias de la fusión, que según David Zaslav, presidente de Warner Bros., empezaría a entrar en rigor en octubre, son una combinación lógica de los contenidos de Paramount con los de los estudios de Warner, que incluyen activos tan atractivos como HBO y los derechos de Harry Potter y DC Comics, la casa de Superman y Batman.
Otra secuela, normal en este tipo de negociaciones de tan alto nivel, son los inevitables despidos. “No me imagino un mundo en el que no vayan a despedir a un montón de gente antes de que termine el año. Creo que hay mucha gente en la industria que ni siquiera se da cuenta del impacto que esto va a tener”, aseguró un ejecutivo de manera anónima al sitio especializado Variety.
Cuando se anunció la posible venta de Warner Bros., una de las cadenas que estuvo cerca de cerrar el negocio fue Netflix. En ese momento -finales del año pasado-, la gran preocupación era que la experiencia del cine se esfumara, pues la compañía se enfoca casi exclusivamente en su plataforma de streaming y, sumado a eso, su codirector ejecutivo, Ted Sarandos, aseguró que la experiencia de ir a cine se ha vuelto cada vez más obsoleta.
Parece que esquivamos una bala, entonces, porque Netflix retiró su oferta de 82.700 millones de dólares ante la muy superior cifra que propuso Paramount. Para calmar las aguas en esta casilla, la empresa se comprometió, según CNN, a mantener un flujo constante de estrenos en salas de cine durante los próximos cinco años.
Según el acuerdo, se estrenarían 30 películas los dos primeros años y 32 los años siguientes. Parece un número adecuado, teniendo en cuenta que Warner Bros. estrenó 15 películas en 2015, incluida la ganadora del Óscar Una batalla tras otra. Sin embargo, la cantidad no siempre se traduce en calidad y, además, deja un cierto sinsabor el hecho de que esa cuota tenga que cumplirse por protocolo, siguiendo unas reglas matemáticas, y no dependiendo de la cosecha creativa de cada temporada.
Ese es el panorama en el sistema de producción de grandes estudios, pero otra de las arterias, tal vez la más innovadora, del cine de Hollywood son los proyectores de directores que pertenecen al circuito independiente.
Y ahí se prenden otras alarmas, pues The Hollywood Reporter alertó que, dentro de ese presupuesto de 1.500 millones de dólares para la creación de nuevas series y películas, Paramount tan sólo dejará un margen de 5 millones de dólares por año para adquirir películas independientes. Se abre la puerta entonces a que Paramount se enfoque casi que exclusivamente en esas grandes franquicias que adquirirá y, como consecuencia, les dará poco espacio a las nuevas voces.
En este terreno de apoyar talentos que están fuera de la gran industria, distribuidoras como Neon han logrado dividendos que ya son históricos: esta compañía estadounidense se ha alzado con la Palma de Oro en las últimas siete ediciones del Festival de Cine de Cannes. La racha se abrió con Parásitos, la multipremiada película del director surcoreano Bong Joon Ho, y este año se sumó Fjord, del rumano Cristian Mungiu. Ojalá Paramount imite esa filosofía de Neon.

La línea editorial, ¿en peligro?
Más allá de los números, la gran preocupación de los miembros de la industria de Hollywood ante esta adquisición es lo que significaría en términos ideológicos. Larry Ellison, el billonario cofundador de Oracle y padre del director ejecutivo de Paramount, David Ellison, es un aliado de las políticas ultraconservadoras de Donald Trump.
Los intereses de esa amistad ya han generado escándalos mediáticos, como el que sucedió cuando Paramount compró Skydance por 8.000 millones de dólares. Para lograr la aprobación de la administración Trump, Paramount aceptó pagar 16 millones de dólares para resolver una demanda por difamación que el presidente estadounidense había presentado contra 60 minutos, el prestigioso programa periodístico, a propósito de una entrevista con la entonces candidata presidencial Kamala Harris.
Las repercusiones contra 60 minutos, que hace parte de la cadena noticiosa CBS, propiedad de Paramount, no se detuvieron allí. A finales de 2025, CBS eligió como su nueva editora en jefe a Bari Weiss, otra seguidora de las políticas de Trump, lo que no cayó bien al interior de la cadena e incluso generó el despido de Scott Pelley, el experimentado corresponsal de 60 minutos, tras sus críticas a la nueva línea editorial. Antes, había renunciado el reconocido periodista Anderson Cooper.
La fusión Paramount-Warner además significa que los Ellison tendrán el control de dos de las grandes cadenas informativas de Estados Unidos, pues a CBS sumarán CNN. Esto cuando ese país está a poco más de un mes de las elecciones legislativas.

Alguien quiere pensar en los actores
Paramount ha protagonizado otros enfrentamientos vergonzosos contra otras figuras de la industria. La compañía calificó de “antisemita” al actor Mark Ruffalo, quien ha asegurado que no trabajará con compañías “implicadas en el genocidio” en Gaza y que además ha sido un férreo crítico de esta fusión.
Ruffalo, que calificó la acusación de indignante y deshonesta, ha recibido el apoyo de otras grandes figuras de la industria, pero el actor también aseguró que cree estar en una lista de actores vetados por la compañía de los Ellison.
Para terminar, recuperemos una situación que captura las tensiones entre voces incómodas y los intereses comerciales de estos modelos de negocio. El año pasado, el inclasificable comediante canadiense Nathan Fielder le dedicó un capítulo de su serie El ensayo, que en Colombia se transmite por HBO Max, a un encontronazo que tuvo con Paramount.
La anterior serie de Fielder, Nathan for You, en la que el canadiense ofrecía desquiciados consejos de mercadeo a empresas pequeñas, era producida por Comedy Central, propiedad de Paramount. Hace unos años, la filial alemana de Paramount decidió remover uno de los episodios de Nathan for You de su plataforma de streaming por abordar temáticas antisemitas.
Como contexto: Fielder había creado una línea de ropa, llamada Summit Ice, con el objetivo de reemplazar a la marca de invierno que solía usar, Taiga. Fielder, de religión judía, tomó esta decisión tras descubrir que Taiga había publicado un tributo a un negacionista del Holocausto.
Con su conocido tono de parodia que supera el absurdo, Fielder dedicó en 2015 un fragmento de Nathan for You a una, aún más absurda, estrategia de marketing que buscaba vender los productos de Summit Ice en una tienda y que, básicamente, consistió en decorar el negocio con una reproducción de la puerta del campo de concentración de Auschwitz y acompañarla de iconografía nazi. “Búscate otra cosa que hacer en la vida, porque no eres bueno en esto”, le dijo el dueño de la tienda a Fielder.
Volvamos al presente. En el segundo capítulo de la segunda temporada de El ensayo, la serie más original que se ha creado en años, Filder recordó la molestia que le generó la desaparición de este capítulo y empezó a ensayar una posible confrontación con el gerente de Paramount Alemania.
La preparación, como todo lo que tiene que ver con Fielder, se salió de control y el comediante canadiense terminó recreando lo que en su mente serían las oficinas de Paramount Alemania: unos cuarteles de guerra llenos de inmensos estandartes y ejecutivos con uniformes de estética nazi, en los que el rojo se cambiaba por el tradicional azul de Paramount.
La reacción de la compañía ante esta muy pública protesta fue el silencio -casualmente, y según informa la plataforma de HBO Max, El ensayo sólo estará disponible hasta el 19 de octubre a pesar de ser una producción propia-. Ahora, la pregunta ante la fusión es si Paramount guardará silencio, criticará, tolerará o apoyará aquellas voces incómodas y críticas que son indispensables en cualquier ámbito creativo.
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