Revista Diners
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Mucho antes de que Ariel cantara bajo el mar o de que Rapunzel dejara caer su cabello desde una torre, estas historias ya circulaban en libros y relatos que fueron cambiando con el pasar de los años. Figuras como Blancanieves y Cenicienta formaron parte de una larga tradición oral de cuentos europeos; Ariel proviene de un relato de Hans Christian Andersen, publicado en 1837, y Rapunzel aparece en una versión recopilada por los hermanos Grimm en el siglo XIX.
De dichos escenarios, Disney tomó ese material, aplicó un poco de magia que omitía los detalles más escabrosos y lo llevó a la pantalla grande. No obstante, alejado de los éxitos animados de la compañía, detalles que quedaron fuera del universo mágico de lo que hoy conocemos como princesas Disney todavía vive en los pasajes de las historias originales.
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Decesos, torturas y finales que hoy serían considerados crueles habitan en buena parte de los textos primarios. Al llevar estas historias al cine, la compañía reconocida por sus trabajos aptos para toda la familia modificó las motivaciones de los personajes, transformó algunos desenlaces y amplió los relatos con nuevas escenas, canciones y personajes secundarios. El resultado fueron versiones que conservaron elementos reconocibles de sus antecedentes, pero adquirieron una identidad propia.
La Sirenita, el trágico relato danés
En La Sirenita, de 1989, Disney creó a Ariel, una joven sirena fascinada por el mundo humano que se enamora del príncipe Eric después de salvarlo de un naufragio. Para poder acercarse a él, hace un trato con la bruja del mar Úrsula: entrega su voz a cambio de unas piernas y dispone de tres días para conseguir que el príncipe se enamore de ella. La bruja intenta impedirlo, pero Ariel logra recuperar su voz, Úrsula es derrotada y la familia de Ariel finalmente acepta que ella abandone el mar. La historia termina con Ariel convertida definitivamente en humana y casada con Eric.
El cuento publicado por Hans Christian Andersen en 1837 parte de una inquietud diferente. La protagonista también se enamora de un príncipe y desea conocer el mundo de los humanos, pero su interés tiene una dimensión que no aparece en la película: las sirenas no poseen un alma inmortal. La joven descubre que, al morir, su existencia terminará convertida en espuma de mar, mientras que los humanos conservan un alma que sobrevive al cuerpo. Sumado al fragmento de Andeersen: «una sirena no tiene lágrimas, y por eso es mayor su sufrimiento». Por eso decide acudir a la bruja del mar, no solo para conseguir unas piernas y acercarse al príncipe, sino para tener la posibilidad de convertirse en humana y obtener un alma.

El precio del hechizo también es mucho más severo. La sirena entrega su voz y cada paso que da con sus nuevas piernas le provoca un dolor semejante al de caminar sobre navajas. Además, si el príncipe se casa con otra mujer, ella morirá y se convertirá en espuma. El príncipe nunca llega a saber que la sirenita fue quien le salvó la vida. Está convencido de que fue otra mujer quien lo encontró en la orilla y, cuando conoce a la princesa con la que sus padres han decidido casarlo, cree reconocer en ella a su salvadora. La sirenita asiste a la boda sabiendo que, con la llegada del amanecer, morirá.
La noche antes de su muerte, sus hermanas consiguen un cuchillo de la bruja del mar y se lo entregan: si acaba con la vida del príncipe antes de que salga el sol, su sangre hará que recupere la cola y pueda volver al océano. La sirenita entra en la habitación, pero no puede hacerlo. Arroja el cuchillo al mar y se lanza detrás de él, convencida de que su destino será convertirse en espuma. Sin embargo, su historia no termina allí: se transforma en uno de los espíritus del aire, criaturas que pueden obtener un alma inmortal mediante trescientos años de buenas obras. El final de Andersen, por tanto, no es una boda ni el regreso de la protagonista a su mundo, sino una recompensa espiritual que llega después de que renuncia a liquidar al hombre que ama.
Blancanieves, la primera de las princesas Disney
En 1937, Disney presentó su primer largometraje animado y a color: Blancanieves y los siete enanitos. La trama de la primera princesa Disney gira sobre una reina malvada que descubre que Blancanieves es más hermosa que ella, así que ordena su muerte, pero la joven escapa y se refugia con los siete enanos. La reina la encuentra disfrazada de anciana y la engaña para que coma una manzana envenenada. Blancanieves cae en un sueño profundo, pero despierta con el beso del Príncipe después de que la reina muere al caer por un precipicio. Al final, ambos parten juntos hacia el castillo y viven el conocido felices para siempre.
Si bien el cuento estuvo rondando en distitnos hogares europeos siglos antes de su proyección en la gran pantalla, la idea, en sí, no cambia tanto. Una bella joven que halla diversas circunstancias preocupantes debido a los celos de una reina. Aunque allí acaban las similitudes.

En el cuento de los Grimm, la reina intenta asesinar a Blancanieves en tres ocasiones. Primero la asfixia con una cinta, después intenta envenenarla con un peine y finalmente recurre a la manzana. La película reduce estos ataques a uno solo y convierte la manzana en el único intento por acabar con la vida de la protagonista.
El príncipe también tiene un papel distinto. En la película, conoce a Blancanieves antes de su huida al bosque y ambos se enamoran desde ese primer encuentro. En el cuento, no aparece hasta mucho después, cuando encuentra el ataúd de cristal en el que los enanitos han colocado a Blancanieves. Su enamoramiento ocurre entonces, al verla aparentemente muerta.
Y mientras Disney resuelve la historia con un beso de amor verdadero, los Grimm optan por una resurrección mucho menos romántica: cuando los sirvientes del príncipe trasladan el ataúd, un tropiezo hace que Blancanieves expulse el pedazo de manzana que aún tenía en la garganta. Después se casa con el príncipe y, durante la boda, la reina descubre quién es la joven. Como castigo, «se obligó a la bruja a entrar en esos zapatos incandescentes y a bailar hasta que le llegara la muerte».
Cenicienta, crueldad no vista en pantalla
El lanzamiento en 1950 de la cinta animada inspirada en el relato de la Cenicienta proyectó a una joven huérfana que queda sometida a los abusos de su madrastra y sus dos hermanastras, hasta que una invitación al baile real le permite escapar por una noche de esa vida. Con ayuda de su hada madrina, llega al palacio vestida para la ocasión, conoce al príncipe y debe abandonar la fiesta antes de que el hechizo termine a medianoche, dejando atrás uno de sus zapatos de cristal. La búsqueda de la dueña del zapato finalmente la conduce hasta ella, pese a los intentos de su madrastra por impedirlo, y la historia termina con su matrimonio con el príncipe y el esperado final feliz.
El cuento de los hermanos Grimm conserva buena parte de esa estructura, pero cambia algunos de sus elementos más conocidos y lleva la violencia contra Cenicienta y sus hermanastras a extremos que Disney dejó fuera. Para empezar, no hay hada madrina. La ayuda que recibe Cenicienta proviene de un árbol de avellano que crece sobre la tumba de su madre y de un pájaro que vive entre sus ramas. Cada vez que necesita acudir al baile, el árbol le proporciona vestidos y zapatos, mientras las aves la ayudan a realizar las tareas que su madrastra le impone.

Tampoco existe un único baile ni un vestido que aparezca una sola vez. La fiesta del rey dura tres días y Cenicienta acude a cada uno con un atuendo distinto, cada vez más extraordinario. En las tres ocasiones, el príncipe baila exclusivamente con ella, mientras Cenicienta se las arregla para desaparecer antes de que pueda descubrir quién es. El último día, el príncipe recurre a una trampa: hace cubrir de brea las escaleras del palacio y consigue que una de sus zapatillas de oro quede pegada a un escalón.
La búsqueda de la joven a partir de esa zapatilla también adquiere un tono mucho más brutal. Las hermanastras intentan hacer pasar sus propios pies por el zapato, y su madre les propone una solución que resulta tan literal como macabra: a la mayor le ordena cortarse un dedo del pie y a la menor, un pedazo del talón. Ambas consiguen ponerse la zapatilla y parten con el príncipe, pero las palomas que viven en el avellano descubren el engaño al señalar la sangre que ha comenzado a manchar el zapato.
Solo entonces Cenicienta tiene la oportunidad de probarse la zapatilla. El zapato de oro encaja perfectamente y el príncipe reconoce en ella a la joven con la que había bailado durante las tres noches. Las palomas vuelven a confirmar su identidad y acompañan a Cenicienta hasta el final de la historia, posándose sobre sus hombros cuando el príncipe se la lleva consigo.
El castigo de las hermanastras llega durante la boda: las palomas les sacan un ojo a cada una al entrar a la iglesia y el otro al salir. Ambas quedan condenadas a la ceguera por el resto de sus vidas, «castigadas por su maldad».
Rapunzel, un cuento escabroso
Enredados, estrenada en 2010, cuenta la historia de Rapunzel, una princesa secuestrada cuando era bebé por madre Gothel, quien la encierra en una torre para aprovechar el poder mágico de su cabello. Al cumplir dieciocho años, Rapunzel escapa con Flynn Rider para ver las linternas del reino y, durante el viaje, descubre su verdadera identidad, se enamora de él y finalmente se reencuentra con sus padres.
No obstante a la felicidad de la cinta 3D, la narrativa de los Grimm frente a la historia desvanece en sus totalidad la comedia. En el cuento, los padres de Rapunzel esperan una hija cuando la madre desarrolla un antojo desesperado por unas verdezuelas (una planta comestible) que crecen en el jardín de una bruja. El padre entra al jardín para conseguirlas, pero es descubierto por bruja, la cual acepta dejarlo tomar todas las que quiera a cambio de la hija que está por nacer. Cuando la niña llega al mundo, la mujer se la lleva y la llama Verdezuela (Rapunzel, en alemán).
A los doce años, la bruja encierra a Rapunzel en una torre sin puertas ni escaleras, a la que solo puede acceder trepando por su larguísima cabellera. Un príncipe descubre la torre y, después de observar cómo la bruja utiliza el cabello de la joven para entrar, comienza a visitarla de la misma manera. Los dos se enamoran y planean escapar juntos.

La bruja descubre la relación cuando Rapunzel, sin darse cuenta, le revela que subir al príncipe le resulta mucho más fácil que subirla a ella. Furiosa, le corta el cabello y abandona a la joven en un lugar desierto. Después utiliza las trenzas cortadas para engañar al príncipe cuando este llega a la torre.
Al encontrar a la bruja en lugar de Rapunzel, el príncipe se lanza desde lo alto de la torre. Sobrevive a la caída, pero cae sobre unos espinos que le atraviesan los ojos y queda ciego. Durante años vaga por el bosque, alimentándose de raíces y bayas, hasta que finalmente encuentra a su amada, quien para entonces ha tenido dos hijos gemelos.
El reencuentro tiene una última consecuencia inesperada: cuando Rapunzel llora al reconocerlo, dos de sus lágrimas caen sobre los ojos del príncipe y le devuelven la vista. Él la lleva entonces a su reino, donde ambos viven juntos con sus hijos.
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