Revista Diners
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En una casa republicana de tres pisos ubicada en la Calle del Colegio, en el centro histórico de Cartagena, el sueño de un ingeniero francés de ascendencia vietnamita migró al Caribe colombiano para fundar Alquímico, un bar que cuenta por medio de cocteles las diversas historias de un país. De la mano a su décimo aniversario, dicho universo mixológico fue reconocido el pasado 26 de agosto con el Michter’s Art of Hospitality Award 2026, uno de los reconocimientos especiales de The World’s 50 Best Bars, concedido por la academia, compuesta por más de 800 expertos, que eligió al establecimiento como el mejor del mundo en hospitalidad y servicio.
Jean Trinh, fundador del bar, recuerda que al comienzo eran apenas cinco personas intentando hacer algo diferente en la ciudad amurallada. Una década después, el proyecto reúne coctelería, agricultura, formación, música, sostenibilidad e iniciativas con comunidades; sin embargo, Trinh insiste en que nada de eso surgió como una serie de elementos separados.
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“Nunca pensamos la hospitalidad como algo separado de la coctelería”, aseveró Trinh en entrevista con Diners. “Un gran cóctel es importante, pero por sí solo no crea una experiencia memorable. Lo que permanece es cómo recibes a las personas, cómo las haces sentir y la energía humana que encuentran cuando entran al bar».

Por su parte, Paola Oviedo, directora de operaciones, explica que esa experiencia comienza mucho antes de que un visitante cruce la puerta: en la manera en que el equipo se relaciona entre sí, se forma y entiende el servicio. Para Oviedo, la hospitalidad solo puede ser genuina si primero existe dentro del propio lugar de trabajo, así lo explicó en entrevista con The World’s 50 Best Bars sobre el premio para Alquímico.
Trinh coincide. “Durante estos diez años entendimos que la excelencia no depende únicamente de la técnica, sino de construir una cultura de equipo”, dijo. “Hemos trabajado mucho en la formación, en el liderazgo y en crear oportunidades para que cada persona pueda desarrollarse y expresar su personalidad”.

Bajo una premisa clara de que “en Alquímico no se quiere que el servicio sea un guion, sino que sea algo genuino», la espontaneidad de la atención se suma a una mixología única. En determinados momentos de la noche, los integrantes del equipo cantan o bailan junto a los visitantes. No responden a una rutina diseñada para todos los clientes; en cambio, reaccionan a una forma de expresión que Trinh relaciona con la alegría, la música, el baile, la cercanía y la espontaneidad del Caribe colombiano.
Alquímico y sus tres maneras de ver a Colombia
Si bien es reconocido un concepto jovial en trato y carta, la edificación no se queda atrás. La casa republicana está unida con todo la emoción gracias a tres plantas que permiten que aquella energía cambie de un piso a otro. Cada uno de los espacios conserva una identidad propia, una carta diferente y una atmósfera particular, que entrelazan, de forma espectacular, la alquímia propia del bar.

La planta baja concentra buena parte de la propuesta de coctelería basada en ingredientes, territorios y productores colombianos. Allí también está vinculada la carta Comunidad, cuyos ingresos apoyan el trabajo con ASOCOMAN, una comunidad agrícola de los Montes de María con la que Alquímico ha desarrollado proyectos relacionados con agua potable, infraestructura productiva, educación y transporte comunitario.
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En el primer piso, el ambiente cambia. Es un espacio más íntimo, pensado para quienes buscan sentarse, conversar y acercarse a una coctelería más clásica, aunque los cócteles tradicionales aparecen reinterpretados con ingredientes y sabores colombianos. Los recursos asociados a esta propuesta apoyan la Hospitality School, un proyecto creado en Cartagena para ofrecer formación y oportunidades a jóvenes.
La terraza vuelve a transformar el ritmo. Allí aparece con más fuerza el espíritu caribeño y festivo de Alquímico, mientras los ingredientes cultivados en la finca del equipo en Filandia entran en los cócteles. Esta carta está conectada con iniciativas ambientales relacionadas con la plantación de árboles nativos y la regeneración del ecosistema.

Es así que el punto en La Heróica congrega diferentes escenaros unidos bajo una misma meta: narrar Colombia y proveeder de espacios diversos para cada tipo de comensal. “Todo comenzó cuando entendimos que una carta de cócteles también podía ser una plataforma para contar historias y generar oportunidades”, analizó Trinh.
Cuando él llegó a Cartagena, a finales de 2013, todavía no imaginaba la dimensión que alcanzaría el proyecto. Alquímico abrió en marzo de 2016 y, desde entonces, la relación con los ingredientes dejó de ser solamente una cuestión de abastecimiento.
“Colombia posee una biodiversidad extraordinaria, pero detrás de muchos ingredientes existen territorios, conocimientos y comunidades que pocas veces reciben el reconocimiento que merecen”, explica.

La pandemia aceleró otra transformación. Con el bar cerrado, Trinh y parte del equipo se trasladaron a la finca de Filandia, Quindio. Allí nació con mayor fuerza la filosofía From the Farm to the Bar y, posteriormente, From the Bar to the Farm, una relación en la que el bar no solo recibe productos del campo, sino que también devuelve recursos y proyectos al territorio.
“Nuestra finca en Filandia nos permitió comprender los ciclos de la naturaleza, el valor del trabajo agrícola y la responsabilidad que implica utilizar cada ingrediente”, mencionó Trinh.
Hospitalidad, memoria y buen servicio
Aunque la tendencia por iniciativas verdes y apoyo a comunidades ha encontrado un pico en lo últimos años, la cabeza de Alquímico mantiene su postura frente a que sostenibilidad no puede reducirse a una lista de prácticas. Esta yace en las decisiones cotidianas: qué compran, a quién le compran, cómo reducen los desperdicios, cómo forman al equipo y de qué manera distribuyen el valor que produce el bar. Es decir, un trabajo del día a día, lejos de una proyección momentánea.
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Por eso, cuando habla del reconocimiento internacional, Trinh no separa el cóctel de todo lo que existe detrás de él. “Creo que Alquímico ha sido reconocido porque todo está conectado. Los cócteles, los ingredientes, las personas, el servicio y las historias forman parte de una misma visión”, afirmó.
Esa visión también explica por qué el premio llega en un momento que Trinh considera más importante por el camino recorrido que por el trofeo. Diez años después de abrir con un equipo de cinco personas, mira el crecimiento de quienes han trabajado allí y las oportunidades profesionales que el proyecto ha podido generar.
“Lo más emocionante no es solamente ver a Alquímico reconocido internacionalmente. Es mirar el camino recorrido, observar cómo ha crecido el equipo y ver a tantas personas construir una carrera y transformar sus vidas dentro del proyecto”, añadió.
La hospitalidad, entonces, no queda encerrada en la aquella mansión en una calle histórica de Cartagena. El proyecto se extiende hacia los productores, la finca, las comunidades y los jóvenes que pasan por sus programas de formación. Incluso la experiencia dentro del bar está pensada como un recorrido: una planta más social, otra más reposada y una terraza donde la noche puede terminar bailando.
The World’s 50 Best Bars también encontró allí detalles que explican el carácter de la casa. A las 2:00 a. m., cuando termina la noche en Alquímico, aparece una olla de sopa de pollo caliente. Es uno de esos gestos pequeños que no necesitan formar parte de una gran puesta en escena para quedar en la memoria.
10 años de Alquímico, 1 premio internacional a la mejor hospitalidad
El premio llega después de que Alquímico se consolidara como una presencia habitual en The World’s 50 Best Bars, además de unos puntos colombianos insignia en aquel lisado. Trinh reconoce el valor que esos reconocimientos tienen para el proyecto y para la industria colombiana, aunque establece una diferencia entre la visibilidad que generan y el trabajo que ocurre cuando se abren las puertas cada noche.
“Los rankings y los premios son importantes: dan visibilidad, abren puertas y generan oportunidades para el equipo y para la industria colombiana. Pero nunca pueden convertirse en el objetivo final. Nuestro verdadero trabajo sucede todas las noches cuando abrimos las puertas y recibimos a cada persona, independientemente de quién sea o de dónde venga”, señaló.

El Michter’s Art of Hospitality Award tiene para él un significado particular porque pone el foco precisamente en esa dimensión menos visible de la operación. “Este reconocimiento pertenece al equipo”, indicó. “A quienes están frente al visitante, pero también a quienes trabajan en la cocina, en producción, en limpieza, en administración, en la finca y junto a las comunidades”.
En ese punto vuelve a aparecer una palabra que Trinh repite durante la conversación: cuidado. No como una fórmula de servicio, sino como una responsabilidad que atraviesa las relaciones dentro y fuera del bar.
“El reconocimiento tiene un significado especialmente profundo porque reconoce la dimensión más humana de lo que hacemos”. Y esa dimensión también tiene una dirección concreta: Colombia. Aunque Alquímico recibe visitantes de distintos lugares del mundo, Trinh quiere que los colombianos encuentren allí algo que les resulte propio.
“Nuestro mayor deseo es que los colombianos sientan Alquímico como suyo”, concretó. “Aunque recibimos visitantes de muchos países, este bar existe para celebrar a Colombia: sus ingredientes, sus territorios, su música, su diversidad y, sobre todo, su gente”.
La intención no es representar al país entero desde una barra, sino utilizar la experiencia para mostrar algunas de sus múltiples capas. “Queremos que cuando una persona colombiana entre a Alquímico reconozca una parte de su identidad, pero que también descubra algo nuevo sobre su propio país”.
Después de diez años, el bar que comenzó con cinco personas en una casa del centro histórico de Cartagena se encuentra ante otro escenario. El 7 de octubre conocerá su posición en la lista de The World’s 50 Best Bars de 2026. Antes de eso, ya tiene un reconocimiento que distingue aquello que Trinh considera el centro del proyecto.
El garladón al bar con la mejor hospitalidad será entregado también el 7 de octubre en Milán. «Recibo el premio como una celebración de los primeros diez años, pero también como una responsabilidad para lo que viene”, concluyó.
La responsabilidad, en su caso, no consiste únicamente en conservar un lugar entre los grandes bares del mundo. Tiene que ver con seguir formando personas, cuidar al equipo, mantener los vínculos con productores y comunidades y demostrar que un bar puede funcionar como un espacio donde la cultura colombiana se encuentra con la hospitalidad contemporánea, de forma fíica, en tres pisos.
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