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Revista Diners
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La construcción que dará origen a la segunda Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá comenzó a dibujar el mapa de la edición que verá la luz en 2027. Los espacios públicos volverán a convertirse en protagonistas de un recorrido abierto al arte contemporáneo: el Parque Nacional, el Parque de los Periodistas, el legado arquitectónico de Rogelio Salmona, la sede centro de la Alianza Francesa y el Centro Colombo Americano figuran entre los escenarios, junto a espacios independientes, que albergarán decenas de intervenciones y exhibiciones durante la bienal. A ello se sumará la presencia artística desde São Paulo, Brasil, ciudad invitada de honor de una edición que volverá a extender el arte más allá de los espacios convencionales.
La nueva edición, conocida como BOG27, parte de una pregunta sobre la manera en que una ciudad puede narrarse a sí misma. Su eje curatorial plantea a Bogotá como un territorio donde los entornos naturales y construidos pueden convertirse en protagonistas de relatos sobre las relaciones humanas y las diversas formas de habitar. Para desarrollar esa mirada, la bienal anunció un equipo curatorial integrado por nombres con trayectoria en museos, arquitectura, investigación y arte contemporáneo.

La dirección de la bienal seguirá a cargo del arquitecto Juan Ricardo Rincón, acompañado por un equipo curatorial que reúne a Magalí Arriola y José Esparza Chong Cuy, quienes asumirán como curadores jefe, junto con María Paula Bastidas y Juliana Steiner Fraser como curadoras asociadas, mientras Elkin Rubiano estará al frente de los programas públicos y de mediación. El grupo tendrá la tarea de construir una mirada sobre Bogotá en la que su arquitectura cotidiana no contemple solo lugares de exhibición, sino que exhiba parte esencial de las historias que contará la muestra en 2027.
La nueva bienal en Bogotá: una ciudad que también puede ser una exposición
Pese a las proyecciones que implican una innovación frente a la edición pasada, la cabeza de todo el ensamble recuerda que la idea inicial de la bienal nació alrededor de una relación entre arte y patrimonio arquitectónico. “No creemos que estamos inventando nada nuevo, pero sí estamos muy enfocados en entender que el tipo de bienal que Bogotá está planteando hacia fuera, y sobre todo hacia dentro, es una en la cual se busca que el patrimonio arquitectónico sea convertido realmente en el protagonista dentro de la escena de la exposición artística”, señaló Juan Rincón.
Para Magalí Arriola, escritora y curadora independiente mexicana, el primer paso de esta edición está en recorrer Bogotá. Aunque ella y José Esparza Chong Cuy ya tienen una relación previa con Colombia y han trabajado con artistas del país, la investigación de la bienal comienza con una aproximación directa al territorio.
“Este es nuestro primer viaje de reconocimiento”, explicó Arriola durante la presentación del comité curatorial. La intención, dijo, es observar las capas de la ciudad: sus lugares, sus historias y las relaciones que cada espacio establece con quienes lo habitan.
Esa exploración será clave para definir las obras y proyectos que harán parte de BOG27. Aunque sigue en planeación, la respuesta frente al evento está clara: no es solo comprometer a un puñado de artistas; en lugar de una reunión de mentes creativas, la muestra busca hablar de esas prácticas contemporáneas por medio de los lugares donde serán presentadas.
Por otro lado, el curador y arquitecto mexicano, director ejecutivo y curador jefe de Storefront for Art and Architecture en Nueva York, José Esparza Chong Cuy, comparte esa visión. La particularidad de esta bienal está en su relación con la ciudad: no se trata solo de llevar obras a distintos espacios, sino de pensar cómo esos espacios modifican la manera de acercarse al arte.
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De la mano de la inspiración de cohabitar los escenarios públicos desde diferentes miradas, y en una mezcla de cultura latina, la BOG27 contará con São Paulo como ciudad invitada de honor en una edición que buscará ampliar esa conversación desde la capital del país hacia América Latina.
La primera edición superó las expectativas del equipo organizador y abrió un nuevo desafío: lograr que el evento pueda convertirse en una experiencia cultural reconocida por los habitantes de Bogotá más allá de una administración específica. Por eso, el espacio público continuará siendo uno de los puntos centrales de la programación.
En esta edición habrá tres instalaciones efímeras in situ: una en el Parque Nacional, otra en el Parque de los Periodistas y una tercera vinculada al legado arquitectónico de Rogelio Salmona. Cada proyecto contará con un incentivo de 110 millones de pesos para su realización. Asimismo, las edificaciones del Centro Colombo Americano y la sede centro de la Alianza Francesa abrirán sus puertas al arte contemporánea, de la mano a espacios no convencionales.
Nuevos públicos y el desafío de perder el miedo al arte
Hay una idea que atraviesa la construcción de BOG27 y que Magalí Arriola resume con una observación sencilla: muchas personas se alejan del arte contemporáneo porque creen que no lo entienden. Para la curadora mexicana, el problema no está en las obras, sino en la distancia que el propio público ha construido frente a ellas.
Arriola sostiene que el arte contemporáneo trabaja con códigos cercanos a la experiencia cotidiana. Un objeto, una plaza o un edificio pueden adquirir otro significado cuando cambian de contexto. Ahí radica, explica, una de sus principales capacidades: abrir preguntas sobre aquello que parecía conocido.

Dicha lectura, con todas sus aristas, también orienta la bienal. El equipo curatorial comenzó su trabajo recorriendo Bogotá y leyendo las historias de los lugares donde se instalarán las obras. Cada edificio y cada espacio público entran en la conversación como parte de la curaduría, no como un simple soporte para exhibir arte. Con esa misma lógica, la Bienal abrió cuatro convocatorias que distribuirán 1.000 millones de pesos entre artistas, colectivos, curadores y espacios independientes.
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