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Revista Diners
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El frío del otoño caló en los huesos el primer día de octubre de 1960 cuando Fernando Botero llegó a Nueva York con tres trajes en su maleta, 200 dólares en su bolsillo y una ambición desmedida. Lo recibieron sus calles rectas y paralelas, atestadas de migrantes tan soñadores como el propio artista.
Aterrizó en la gran metrópoli sin hijos ni familia, y con unos conocimientos precarios de inglés. Estaba en el proceso de divorcio de su primera esposa, Gloria Zea, y había viajado a la capital que miraba al Atlántico porque lo sostenía la ilusión de demostrar que era un creador valioso en la plaza más difícil. Se instaló en un pequeño estudio en el Greenwich Village, un barrio de artistas y creativos, en la modesta calle MacDougal, junto con otro artista, y comenzó a pintar como sabía hacerlo: con febrilidad; sin pausa y ferozmente.
Sabía que allí tenía que sobrevivir a dentelladas o fracasar en el intento, inspirado en la frase que veinte años después popularizaría Frank Sinatra: “If I can make it there, I’ll make it everywhere” (Si puedo lograrlo allí, podré lograrlo en cualquier lugar). Su talento y persistencia terminaron por rescatarlo del anonimato y catapultarlo a la fama.
Fernando Botero en Nueva York
Quien recuerda su historia es su nieto, Fernando Botero Quintana, quien justo fue a Nueva York a ver un partido de la Selección Colombia y la casualidad lo llevó a hospedarse en un hotel vecino donde su abuelo se instaló en los años sesenta en Nueva York en el Greenwich Village.
(Siga leyendo: “Cuando la gente se acuerde de mí quiero que digan ¡Qué buen pintor fue Fernando Botero!“)

Título: General
Año: 1980
Acuarela
Dimensiones: 180 x 110 cm
También es él quien organiza y coordina la exposición del maestro Fernando Botero dedicada a ese período febril y transformador suyo en Nueva York, que definió su lenguaje artístico, y que se inauguró el 23 de julio en el Edificio Breuer, de propiedad de Sotheby’s con más de 35 pinturas, esculturas y pasteles, varias de ellas inéditas y exhibidas por primera vez al público, provenientes tanto de la familia como de colecciones privadas o galerías internacionales.
“En Colombia le había empezado a ir bien. Ya lo reconocían y vendía cuadros, pero tenía la ambición de ser el mejor artista del mundo. Ya casi divorciado se va a vivir a esta ciudad global y cosmopolita en un momento en que predominaba el arte pop o el expresionismo abstracto. Era la época de Jackson Pollock, Andy Warhol y Willem de Kooning. Nadie se interesaba por un arte figurativo”, recuerda Fernando Botero Quintana.
El maestro Botero decidió vender sus obras por su cuenta para sobrevivir y llegó a estar alguna vez con apenas 27 dólares en el bolsillo. “Mi abuela Gloria Zea se radicó también en Nueva York y tomó la decisión de casarse con el empresario Andrés Uribe. Mi papá y mis tíos empezaron a alternar vivir con mi abuela en Park Avenue y con mi abuelo en Greenwich Village”, recuerda su nieto.
El destino llama a la puerta

Título: Sunflowers
Año: 1977
Tipo de obras: Óleo
Dimensiones: 182 x 170 cm
En medio de esa multiculturalidad, el destino movió sus fichas a favor. Y tocó a sus puertas, literalmente.
Dorothy Miller, curadora en jefe del MoMA, el museo más relevante del mundo en ese momento, entró a su edificio en busca de un artista estadounidense que vivía allí, y terminó ingresando al estudio de Botero para terminar enamorada, a primera vista. de la Monalisa a los 12 años, al punto de que decidió adquirirla para el museo. “Fue un paso abismal en la carrera de mi abuelo. Se le abrieron las puertas en Nueva York”, recuerda Fernando.
Botero persistió en su arte figurativo, devoto a su idea, y prevaleció. Transformó la manera en que se reconocían los cuerpos y las formas. Cuando el galerista alemán Dietrich Mahlow le organizó cinco exposiciones en Alemania, las galerías neoyorquinas que lo habían despreciado comenzaron a contactarlo.
“Esa es una de las enseñanzas que me ha dejado, y de las que más agradezco: hay que aferrarse a las convicciones. Mi abuelo luchó contra la corriente en Nueva York y siguió aferrándose a su idea hasta imponerla. Hace poco realizamos una exposición de su obra en Beijing (China) y fuimos a Songzhuang, una comunidad de artistas chinos que lo habían estudiado a través de catálogos cuando su país estaba cerrado al mundo. Allí le hicieron a mi abuelo un homenaje en 2015, cuando fue a inaugurar su exposición en Beijing. Cuando se enteró que había artistas chinos que admiraban su obra entendió su universalidad”.
La consagración del volumen
Título: Primera Dama
Año: 1970
Tipo de obra: Pastel
Dimensiones: 160 x 125 cm
Hasta ese momento, Botero vendía las obras por su cuenta, pero la galería Marlborough se interesó en su obra, compró Naturaleza muerta con sopa verde, además de otras de esa misma época, como La familia presidencial. Desde 1972, tuvo el privilegio de dedicarle hasta 29 exposiciones individuales en sus distintas sedes.
El maestro llegó así a un hogar en la difícil Nueva York, y era el mismo que albergaba a otros grandes como Philip Guston, Francis Bacon o Lucian Freud. Entre poetas de la generación Beat y pintores abstractos, Botero se abrió campo con su trabajo figurativo y consolidó su estilo de figuras voluptuosas y colores planos con una carga de humor, crítica social y emocionalidad que lo harían reconocido. La familia presidencial sería la pieza que lo consagraría en ese entorno.
“Mi abuelo, en ese periodo de consagración, se conectó tanto con Nueva York que iba hasta dos o tres veces al año, al menos hasta 2010”, recuerda Fernando Botero Quintana. La última vez que Botero había estado allí con sus obras fue entre 1993 y 1994, con su exposición de esculturas monumentales.
Pues Botero ha vuelto. Y a lo grande, como siempre lo hizo. El 22 de julio, el edificio Breuer de Sotheby’s en Nueva York inaugura Botero in New York, la mayor exposición dedicada al período que transformó la carrera de Fernando Botero: los años que van de finales de la década de 1950 a comienzos de la de 1970, cuando el maestro colombiano terminó por consolidar ahí el lenguaje que lo haría reconocible en todo el mundo. La muestra, organizada junto con la Fundación Fernando Botero, marca un doble hito: es la primera exposición individual en la nueva sede del Breuer y la primera colaboración entre la familia Botero y una casa de subastas de ese calibre.
Fernando Botero Quintana en tres preguntas
El proyecto se gestó en febrero de 2025, tras una invitación de Sotheby’s a la familia Botero. Ambas partes trabajaron durante más de un año en la selección de obras. Fernando Botero Quintana resultó fundamental en esa labor.
(Para saber más: Fernando Botero: «Nada me produce más placer que pintar»)

Título: Autorretrato el día de mi primera comunión; año 1970
¿En cuántas exposiciones del maestro Botero ha participado como organizador?
He organizado cuatro exposiciones. La primera fue en junio del año pasado en Guangzhou, en China. La segunda la inauguramos en Singapur en enero de este año. La tercera es esta junto con Sotheby’s. Y la cuarta, en Sicilia, que vamos a inaugurar también este mes de julio.
¿Cómo ha visto la recepción de su obra en otras culturas?
La percepción de la obra de mi abuelo es increíble. La anécdota de la recepción a su arte en China me ha impresionado porque me recuerda cómo la gente se conecta cuando conoce su historia de resiliencia. Mi abuelo luchó contra la corriente mucho tiempo. Hoy en día todo el mundo ve que logró consagrarse, pero el proceso para llegar allá fue sumamente difícil y de muchos desafíos. Él logró aferrarse a sus convicciones.
¿Qué les diría a las nuevas generaciones sobre la obra de su abuelo?
Que antes de visitar el Museo Botero o de ver un cuadro suyo, lean algo sobre su historia fascinante. Así van a entender muchísimo más su obra. Mi abuelo es una gran enseñanza para las nuevas generaciones porque durante toda su vida y carrera artística siempre homenajeó a los grandes artistas y maestros y valoró cómo contribuyeron a la historia del arte. Las nuevas generaciones deben buscar un foco y un ejemplo, un líder del cual aprender a valorar más la experiencia de quienes han llevado una carrera larga y han abierto un camino.
Ficha técnica de la exposición
- Exposición: Botero in New York
- Lugar: Sotheby’s, edificio Breuer, Nueva York
- Fechas: 22 de julio – 7 de septiembre
- Obras: Más de 35 pinturas, esculturas y pasteles
- Organizan: Fundación Fernando Botero y Sotheby’s
- Gestión: Fernando Botero Quintana, nieto del artista
- Entrada: Gratuita
Obras destacadas
- Monalisa a los trece años (1959) — inédita, nunca antes exhibida al público
- Picnic (1973) — presentada por primera vez
- Apoteosis de Ramón Hoyos (1959) — homenaje al ciclista colombiano; poco frecuente acercamiento de Botero a la abstracción
- Girasoles (1977) — no se exhibía desde 2012; reinterpretación de Van Gogh
- Naturaleza muerta con sandía (1965/1976, según la fuente) — dentro de la tradición española de la naturaleza muerta
Más de una docena de las piezas pertenecen a la familia y a la Fundación Fernando Botero; el resto proviene de coleccionistas privados y galerías internacionales que trabajaron con el artista. Muchas no se exhibían desde las décadas de 1970 y 1980.
(Para saber más: El último adiós a Fernando Botero: el cortometraje Gracias Botero que conmueve a Colombia)