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Revista Diners
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Isabel Calderón Reyes recomienda tres lecturas imperdibles: el nuevo libro del escritor español Pol Guasch, los cuentos de la argentina Alejandra Kamiya y un texto de no ficción del estadounidense Ta-Nehisi Coates.
Reliquia
Pol Guasch
Anagrama, 2026

En Reliquia se reúnen varios momentos de la historia familiar de Pol Guasch. El suicidio de su padre, ocurrido en 2013, ocupa un lugar central, pero a su alrededor aparecen también la adopción de sus dos hermanos, la muerte del abuelo, la depresión compartida, la relación de su madre con la familia paterna, el descubrimiento del amor, la manifestación del deseo… Más que ordenar estos acontecimientos en una secuencia, Guasch deja que convivan, como si toda vida estuviera hecha de tiempos que nunca se terminan de acomodar entre sí. A lo largo del libro hay un “tú” que mantiene abierta una conversación interrumpida con el padre.
El segundo rasgo formal aparece en función del tiempo. El relato avanza y retrocede sin anunciarlo y un episodio del pasado parece contado desde un momento en el que todavía no ha ocurrido. Los años de la infancia y la juventud se contaminan unos a otros y producen una temporalidad difusa, “lechosa”, por emplear un adjetivo que significa mucho para el propio Guasch y que, pensándolo bien, describe a la memoria. Lo lechoso no es transparente, pero tampoco es opaco. Muchos libros sobre el duelo buscan una forma de comprensión. Reliquia acepta otro camino: hay pérdidas que transforman para siempre la manera en que habitamos el tiempo.
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Los árboles caídos también son el bosque
Alejandra Kamiya
Eterna Cadencia, 2025

Me tomó tres cuentos percatarme de la cantidad de veces que Alejandra Kamiya escribe “como si”. Y después comencé a encontrar comparaciones por todas partes. Muchos escritores recurren al símil para volver más nítida una imagen, pero Kamiya parece usarlo por la razón opuesta: para admitir que el lenguaje directo nunca alcanza del todo. Sus personajes dan rodeos y se aproximan a las emociones por semejanza. Observan en la oscuridad, dejan que el silencio ocupe espacios; piensan que una palabra y sus definiciones puede ser lo más parecido a un cubo, con seis caras. Los cuentos son muy diferentes entre sí. Algunos transcurren en escenarios domésticos y reconocibles; otros se deslizan hacia la fábula o hacia el tiempo de la guerra, sin que el cambio se llegue a sentir brusco. La carrera literaria de Kamiya —argentina de ascendencia japonesa— empezó después de que había cumplido los cuarenta años. Imagino (aunque no lo sepa) que durante ese tiempo en el que no publicó se dedicó a releer y reescribir, hasta alcanzar la consistencia que buscaba.
El Mensaje
Ta-Nehisi Coates
Capitán Swing, 2026

Ta-Nehisi Coates nació en 1975, en Baltimore, y suele describir su infancia allí como un elemento decisivo para su manera de pensar sobre la raza, la violencia, la historia y el Estado estadounidense. De cierto modo, El
mensaje son tres libros.
El primero transcurre en Senegal, donde Coates reflexiona sobre el viaje, la ascendencia y la extraña experiencia de llegar a un lugar que durante mucho tiempo solo había existido en su imaginación; el segundo se traslada a Carolina del Sur y comienza con una invitación a hablar en un distrito escolar en el que han prohibido uno de sus libros, y el tercero —el más completo— lo lleva a Palestina. La relación entre estos tres viajes no es evidente desde el principio. Se podría pensar en tres ensayos reunidos con una misma portada. Sin embargo, poco a poco aparece el libro, que es sobre la escritura. El punto de Coates es que antes de escribir heredamos relatos sobre el mundo. Lo que hay que hacer es aprender a reconocerlos y decidir cuáles vale la pena seguir contando.
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