Revista Diners
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Poeta, editora, docente, ensayista, profesional de estudios literarios y maestra en estética e historia del arte, ella es Camila Charry una colombiana destacada por sus poemas íntimos y profundos. Algunas de sus obras son Arde Babel y Detrás de la Bruma. En la Feria Internacional del Libro de este año, presentó su más reciente poemario «Mi Perra y yo subimos por el ascensor». En conversación con la revista Diners, la escritora Camila Charry hablar sobre sus procesos creativos e inspiración para escribir sus obras.

Entrevista de Camila Charry
Su obra se mueve principalmente desde la poesía, incluso en un momento donde no suele ser el género más masivo o comercial. ¿Qué encuentra en la poesía que no le permiten otros formatos?
En realidad, lo que escribo es una poesía ensayística y narrativa, una poesía híbrida donde dialogan distintos géneros. Me interesa ampliar lo que entendemos como lo poético y acercarme a otros registros en los que también intervienen las voces de otros y otras. Ahí el montaje y la composición son fundamentales para que todas esas piezas heterogéneas que vienen de afuera engranen y produzcan el efecto que quiero generar en los libros.
¿Cómo influye su labor como profesora en la manera en que entiende y comparte la literatura contemporánea?
Pues no sé qué tan amplio, pero soy profesora de poesía y de literatura latinoamericana. Entonces trato de ser viciosa y estudiar para poder ofrecerles a los estudiantes como un panorama amplio y rico que les permita entender, entrar y tejer un diálogo con la literatura, para no seguir pensando en que lo único que existen son los clásicos. A pesar de que los clásicos son fantásticos y deben leerlos, creo que hay otras formas de literatura, narrativa y poesía y ensayo que vale la pena en este mundo contemporáneo que disfrutemos también.
¿Cuáles han sido sus grandes referentes dentro de la poesía y la literatura, tanto en su proceso como escritora como en su trabajo con los estudiantes?
Para mí es importante Blanca Varel, que es una poeta peruana que me interesa mucho, pero también hay otras poetas más contemporáneas que me gustan, por ejemplo me gusta lo que hacen las mexicanas. Me gusta mucho Yolanda Segura, pero también me gusta este tipo de poesía en donde encontramos otro tipo de géneros también, por ejemplo Laurie Anderson y su relación también con el arte, con el performance. Me gusta también la narrativa, la disfruto mucho.
¿Cómo percibe actualmente el panorama de la poesía en Colombia?
La poesía en Colombia creo que pasa por un gran momento, porque las mujeres están escribiendo cosas distintas. Están pensando en esa estética del poema de unas maneras muy influidas también por la vida cotidiana. También cruzando grandes referentes que siempre son y serán un punto de partida para pensar en lo poético, para pensar lo ensayístico como un núcleo en donde conviven de manera muy clara lo más formal con lo menos formal, sin que una riña con la otra.
Su escritura tiene una carga emocional muy fuerte, ¿desde dónde nace esta sensibilidad?
Creo que la poesía tiene que encontrar un equilibrio entre lo emocional y el pensamiento. A través de ella busco construir un universo de reflexiones sobre el oficio de escribir y sobre las distintas posibilidades de lo poético.
Eso que llamamos ‘emocional’ tiene mucho que ver, para mí, con el registro de lo íntimo: transitar la vida cotidiana, fijarse en lo pequeño, en los vínculos que construimos con los seres que amamos —mi perra, mi esposo— y mirar todo eso con otra luz.
Me interesa pensar cómo esas pequeñas cosas que construyen la vida también nos enseñan a habitarla de una manera más atenta y más perdurable. Ahí encuentro siempre un motivo para escribir, pero sobre todo para escribir escuchando lo que las cosas también tienen para decirnos.
¿Cómo usted logra escribir desde lo íntimo sin exponer completamente lo privado?
Creo que el componente de la ficción que se requiere para escribir o para producir objetos estéticos, obras, es súper clave. Sin embargo, en Mi perra y yo subimos por el ascensor lo íntimo está muy expuesto. Hay un montón de lugares por los que paso que tienen que ver con mis propias reflexiones, con mis sentimientos, y en donde también, al mismo tiempo, pasa lo que estoy pensando.
Y todo eso está observado y trabajado desde la ficción para construir verosimilitud, para llenar todos esos espacios en blanco, o no necesariamente en blanco, sino esos espacios umbral por donde creemos que no pasa nada. Creo que la ficción se instala ahí de una manera muy persistente y muy particular porque nos permite, justamente, que lo que ocurre adentro y lo que ocurre afuera convivan de una manera muy clara.

¿Qué temas siente que atraviesan toda su obra, incluso sin que lo planee?
Los animales, los perros, creo que atraviesan todo lo que he venido haciendo, y lo atraviesan porque en los perros encuentro la ternura, la compañía. Encuentro también esa mirada que aparentemente es silenciosa, pero que contiene todo un universo de signos y símbolos que nos permiten también reconocernos a nosotras mismas.
Creo que el cuerpo también es un tema, un lugar, un espacio súper persistente, porque finalmente escribimos con todo el cuerpo. Creo que la intensidad de la relación que ocurre entre el lenguaje y el cuerpo está funcionando todo el tiempo, y también porque el cuerpo es como esa gran antena que percibe de verdad los pensamientos, las pequeñas intuiciones, y finalmente nos permite traducir eso en algo que no sea solamente representación.
El cuerpo está ahí presente, y creo que el lenguaje encuentra un muy buen receptáculo al comunicarse dialécticamente con él y al no dejarlo por fuera, como si pensáramos y sintiéramos solamente desde algo espiritual. Creo que eso no ocurre así, sino que finalmente debe haber una manera en la que el cuerpo se reivindique también, pensando en esta idea platónica —que después toma el cristianismo— de que el cuerpo está por un lado y el espíritu por el otro. Yo creo que en realidad son dos estados, dos maneras de la existencia que conviven, y quisiera hacerlo muy visible en lo que escribo.
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Sus textos parten de lo íntimo, pero terminan conectando con experiencias colectivas. ¿Cómo construye ese equilibrio en su escritura?
Yo creo que las cosas que nos pasan, que te pasan a ti, por ejemplo, que me pasan a mí, son cosas que nos pasan a todas. Creo que a veces ponerles un lenguaje que no esté lleno de artificios y aterrizar ese lenguaje, hacerlo desplazarse por lo más cotidiano, permite que las demás y los demás puedan sentirse identificados. No solamente porque sea fácil de comprender, sino porque finalmente apela a algo que nos mueve: pequeñas cosas, el amor por los seres que queremos, el cuidado por las plantas, las rutinas cotidianas, el trabajo.
Son cosas que todas hacemos y que generalmente no son un pretexto para lo poético. Creo que ese detrás, ese doblez en donde la vida cotidiana se vuelve también el escenario en el que nos movemos, en el que sentimos, pero también en el que pensamos intensamente, termina por crear unos vínculos con el afuera.
Hay temas que nos interesan a todas, además de los que ya menciono. Por ejemplo, para mí era importante en este libro mencionar cómo esos pequeños poderes del patriarcado todavía dicen quién es poeta y quién no, qué es poético y qué no, para pensar un poco en ese aspecto más conceptual. Pero también nos han dicho de qué podemos escribir y de qué no podemos escribir.
Entonces yo creo que esa interpelación directa con el ser mujer, con lo que significa ser mujer en una sociedad como la nuestra, en donde se nos ha omitido, se nos ha silenciado, en donde se nos ha dicho “puedes pensar hasta acá”, “tienes que seguir siendo bella y linda”, “tienes que atender la apariencia”…
A mí no me interesa mucho esta idea de las apariencias, ni cuando escribo ni cuando estoy en el mundo. Entonces creo que ahí hay unos vasos comunicantes que, en determinado momento, nos interpelan a todas y a todos. Sin ser grandes reflexiones intelectuales, son como esos fragmentos y porciones de significado que uno encuentra en la vida y en donde también están las demás.
¿De qué manera las reflexiones sobre el feminismo atraviesan su escritura?
Yo no sé si sea como una apuesta absolutamente feminista, pero creo que es encontrar un espacio para mencionar, para decir, para expresar claramente los desacuerdos que yo tengo con el patriarcado. En este sentido particular que es el proceso de escribir, lo que se lee y lo que no, hasta dónde nos dejan o hasta dónde no. Es borrar también esa frontera entre los géneros que también ocurren en el libro. Es construir un territorio que cada día colonizamos más.
Es decir, los pequeños espacios se ganan, y creo que es una tarea que se puede hacer también desde la poesía, no solamente desde las clases, no solamente desde la vida cotidiana donde todo el tiempo tenemos que estar luchando por la libertad, sino que en el ejercicio mismo de escribir y de pensar escribiendo.
En su obra hay una constante exploración de lo íntimo y la introspección. ¿Desde qué lugar emocional suele escribir?
En el caso particular de este libro, a mí me interesaba darle un espacio y un lugar a mi perra, que aparentemente es el gran tema del libro, aunque en realidad no lo es. La perra es un pretexto para hablar de muchas otras cosas. Ese espacio de intimidad creo que está conectado con una sensibilidad que también tiene que ver con lo intelectual.
El libro está atravesado por ideas y conceptos de muchos autores y autoras que me han interesado y que de alguna manera están presentes acá como un pequeño homenaje. También hay un homenaje a la vida y a la afirmación de la vida frente a la muerte y frente a las dificultades que implica estar vivo, estar viva, respirar.
Creo que, además de ser un libro vitalista que afirma el presente desde este presente, también busca que esas voces que nos han ayudado a observar desde ciertos lugares queden consignadas en la escritura. Porque en realidad nunca escribimos solas: escribimos a través de lo que viene del pasado, y todos esos ecos también construyen rastros y huellas dentro de nosotros.
¿Cómo nació el título del libro y por qué se eligió la imagen de su perra subiendo el ascensor?
Bueno, pues es un título que responde un poco a algo que comentábamos hace un momento: a ese tipo de libros que encontramos hoy en día —muchos escritos por hombres— en donde los títulos suelen parecerse mucho entre sí: Cartografía del recuerdo, Cuaderno del páramo, Manual para entender el olvido. A mí no me interesa tanto esa poesía lírica ni decir grandes verdades, tampoco me interesa demasiado la originalidad, entonces recurrí a algo mucho más inmediato y cotidiano: subir y bajar por el ascensor con mi perra, sacarla a pasear, acompañarla en esas pequeñas rutinas que también terminan siendo una especie de terapia para mí.
Me interesaba ese momento en el que aparentemente no ocurre nada, ese espacio umbral entre el adentro y el afuera. El ascensor se volvió un lugar de tránsito entre el mundo íntimo de los poemas y el mundo real, lleno de intensidades, encuentros, cámaras, semáforos y gente. Además, hay un espejo que nos refleja, y eso me hacía pensar que la poesía tampoco es una realidad pura ni una ficción total, sino una especie de reflejo distorsionado de lo que somos.
Desde ahí apareció también una reflexión sobre la representación, sobre qué puede decir un poema y cómo incluso esos momentos aparentemente vacíos necesitan un pequeño aliento que los encienda y les dé otra forma de existir. Incluso el ascensor, con su forma de caja, terminó convirtiéndose en parte de la estructura visual del libro y de esa idea de pensar el lenguaje poético desde sí mismo.

En su obra aparece mucho la memoria, el cuerpo, pues lo íntimo, ¿cómo se han transformado estos elementos o temas a lo largo de los años?
Yo creo que no es que esos temas se hayan transformado en lo que significan, sino en la manera de nombrarlos. Siguen existiendo ahí: el animal, el mundo no humano, el fantasma. No han cambiado en su naturaleza, sino en la forma en que los sigo pensando.
Y eso me permite derivar hacia otras ideas, como lo fragmentario, que creo que atraviesa todos esos temas. No percibimos, no escribimos ni pensamos de manera lineal; todo está marcado por discontinuidades. Los recuerdos son una gran muestra de lo discontinua que es nuestra vida, aunque insistamos en verla y vivirla de manera lineal.
Entonces también me interesa ese fantasma que emerge del recuerdo, el fantasma que trae una canción, toda esa relación con la memoria involuntaria. Y esos temas también me obligan a pensar en el fracaso, en cómo el fracaso puede ser una potencia creativa. Pensaba en Beckett: hay que fracasar cada vez mejor.
Creo que estos temas son muy plásticos, nos permiten pensar muchos aspectos de la vida, y por eso me siguen interesando y siguen apareciendo de maneras distintas.
Cuando usted empieza a escribir un libro, ¿ya tiene definido su rumbo o permite que las ideas y la vida cotidiana vayan guiando el proceso?
No, esto fue fluyendo. Yo tenía algunas cosas escritas que no iban mucho para ninguna parte y, cuando ya me puse en la tarea de terminar este libro, tuve que reescribir mucho. Creo que la preocupación fundamental era el tono: cuál quería que fuera el tono del libro, cuál era la atmósfera que quería buscar y cuáles eran los elementos que quería que convergieran.
No desde un plan preconcebido, sino desde cosas que me interesan, pulsos que para mí son importantes. Por ejemplo, la música: yo quería que la música estuviera presente porque es un mundo en el que estoy metida todo el día. Y sabía que quería escribir sobre mi perra, pero no sabía muy bien para dónde iba.
Poco a poco empezaron a aparecer las formas que caracterizan el libro: la poesía en prosa, la poesía ensayística, la poesía narrativa y otros poemas que funcionan como conexiones entre todos esos registros. Pero al principio no tenía muy claro qué estaba haciendo.
Creo que en el camino se van resolviendo las cosas. Trabajando es como finalmente funciona el pensamiento: ahí se van ordenando las ideas y empiezan a aparecer resonancias interesantes. No desde esa idea de la musa, que me parece absolutamente falsa y que ha confundido mucho, sino desde el hecho de estar escribiendo, leyendo y permaneciendo atenta al proceso.


