Revista Diners
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El cine es un espacio para expresar y narrar historias que impacten y dejen una huella en la historia de cada uno de sus espectadores. Los Colores del Silencio es un proyecto que logra algo distinto: contar desde la intimidad, sin victimizar y con una voz auténtica. El cortometraje colombiano, protagonizado e inspirado por Ana Sofía López, una joven de 15 años con discapacidad auditiva y del habla, ha sido reconocidas por grandes premios internacionales y ofrece una historia que motiva.
«Un viaje mágico a la mente humana. Donde Carlos, un hombre ciego, imagina la trágica historia de Sofía, quien nació con una enfermedad inexplicable que le impide oír y limita su capacidad de hablar. Una historia de superación, que a pesar de la intolerancia y el bullying nos enseñará la resiliencia y fuerza de una niña de tan solo 15 años», según la sinopsis del cortometraje.
Inclusive Short Films propone un espacio en donde los jóvenes sean dueños de sus propias historias. En este caso, la de Sofía, cuya vida inspiró una narrativa que atraviesa temas como el bullying, la resiliencia y la construcción de identidad. El cortometraje se va a presentar en la muestra de cine internacional de Manizales en el mes de noviembre de este año y a finales del año 2026 habrá proyecciones especiales y una premier en Colombia.
En conversación con el director Jorge Ospina y su protagonista, Ana Sofía López, hablamos sobre el origen de la historia, los retos de llevar una experiencia tan personal a la pantalla y el impacto que ha tenido la película.
¿Cómo nace la historia de Los colores del silencio?
Jorge Ospina: La historia de Los colores del silencio nació bajo un proyecto que se llama Inclusive Short Films. Este es un proyecto que busca que niños y jóvenes de la ciudad de Manizales y de Caldas puedan hacer películas y contar sus historias. Este proyecto se encarga de enseñar a jóvenes sobre inclusión social y sobre cine.
Entonces, bajo este proyecto se creó esta película, que está basada en la historia de Sofía López, la actriz protagonista. Ella tiene una historia fantástica, una historia de superación y de salir adelante. Ella tiene una discapacidad auditiva y ha vivido bajo esas limitaciones. Entonces, escuchando esa historia que teníamos de Sofia, dijimos: «venga, acá hay una historia, ¿cierto? Hay que contarla».
A partir de ahí, creamos alrededor de su historia una película que de alguna forma expresara lo que sintió Sofia durante su infancia, sufriendo algo de bullying, pero también su capacidad de salir adelante. Y con esa temática creamos el cortometraje de Los colores del silencio, que es lo que estamos presentando ahora.
¿Cómo fue la evolución y el aprendizaje mientras se rodaba el cortometraje?
Ana Sofía López: La verdad fue algo muy bonito, muy especial para mí, porque me enseñaron muchas cosas y descubrí un camino que es viable para mí. Me ayudó a demostrar mis capacidades sin sentir vergüenza y demostrar al mundo que las discapacidades no limitan a nadie, el poder está en la mente.
Jorge Ospina: Yo creo que algo que cabe agregar es: cuando yo conocí a Sofía, veía a una niña muy introvertida. Luego de este proyecto, me acuerdo que le pedimos que si le podría dar una palabras al siguiente grupo y Sofi se paró enfrente de todo el mundo. Les explicó por qué era tan importante lo que íbamos a hacer, lo que podían aprender.
Entonces, lo más bonito que tiene este proceso, ha sido ver cómo se transforma una persona, que de pronto se sentía cohibida por algunas circunstancias, a una persona que pueda crear su película y contar una historia. Es decir, que se siente confiada de decir: «vengan, que yo tengo una voz. Escúchenme que tengo algo que contar al mundo. La película ha logrado que Sofi sea la ganadora de Mejor Actriz en Europa, sea la ganadora de Mejor Actriz Joven en Los Ángeles y en Nueva York.
Esa niña que algún día estuvo en esa esquina un poquito introvertida, hoy en día compite a Mejor Actriz con personas de todo el mundo y ha ganado. Eso es lo más bonito que se puede decir de este proceso y de lo que nos ha dejado la película.

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Los colores del silencio aborda temas como el bullying y la resiliencia. ¿Cómo evitaron caer en lugares comunes o en una narrativa victimista?
Jorge Ospina: Yo creo que todo se basa, primero que todo, en que la historia que estamos contando es una historia real. La envolvimos en un universo fantástico, pero teníamos de primera mano la historia de Sofía. Entonces Sofía nos contaba lo que le había pasado y aunque era una historia difícil, con muchos momentos complicados, nunca se sentía derrotista. Ella decía: me hacían bullying, pero yo quería tener amigos; me pasaba esto, pero yo quería salir adelante.
Entonces, desde ahí, nunca sentimos que el guion se fuera hacia lo victimista, porque la historia de Sofía no es así. Cuando la escribimos y la pulimos, dijimos: acá hay momentos muy bajos, sí, pero también hay una persona que siempre quiere salir adelante. Sofía nació con problemas auditivos, desde muy pequeña se le complicaba hablar, pero nunca se puso en el lugar de “soy una víctima”, sino en “¿cómo hago para salir adelante?”. ¿Cómo, con su mamá, podía encontrar formas de escuchar? ¿Cómo podía comunicarse mejor?
Y al final, con la película, lo que pasa es que se le da una voz. Pero no una voz desde la victimización, sino desde alguien que quiere superarse y quiere contar su historia. Además, la película termina en un punto, pero su historia sigue. Hoy Sofía no solo tiene una voz para su entorno, sino para contarle al mundo lo que ha vivido.
Entonces es muy bonito, porque la historia no se queda en la película. Continúa, y siempre desde ese lugar de: sí, hay dificultades, pero también hay una fuerza por salir adelante y por contar algo propio.
Ana Sofía López: Yo empecé a escuchar cuando tenía dos años y medio. Fue un proceso muy duro porque estuve una semana sin ver ni escuchar. Después de eso, mi mamá dejó su trabajo durante dos años para dedicarse completamente a enseñarme: cómo vocalizar, cómo leer los labios, cómo diferenciar las vibraciones de las voces y de los sonidos. También creó una forma distinta de comunicarse conmigo, no era lengua de señas, sino como códigos. Ella inventaba símbolos para que yo pudiera entender cosas básicas.
En mi familia nadie es sordo, yo soy la única, y siempre he estado rodeada de personas oyentes. Por eso nunca sentí la necesidad de aprender lengua de señas, porque me sentía cómoda así. Pero también, como me acostumbré a escuchar “bien”, no tenía la seguridad de mostrar mi discapacidad. Yo decía cosas como “disculpa, no escucho bien”, pero nunca decía realmente lo que pasaba. Nadie se daba cuenta.
En el colegio, por ejemplo, durante cuatro años los profesores no sabían bien mi condición, porque yo me sobreesforzaba muchísimo. Me exigía demasiado para poder entender todo. En octavo, a mitad de año, perdí los implantes cocleares. Y ahí todo se volvió muy duro, porque yo ya estaba acostumbrada a escuchar: la música, mi perro, los pájaros… y de un momento a otro, nada. Me encerré mucho, me alejé de mi familia y de mis amigos, no tenía ganas de hablar con nadie. Incluso mi cumpleaños dejó de tener sentido para mí.
Después, cuando volví a escuchar, tampoco fue fácil, porque tuve que empezar desde cero. Fueron como dos años de silencio muy profundos. No era tristeza exactamente, pero sí un proceso muy difícil. Ahí empecé a conocerme más y a aceptarme, a reconocer mi discapacidad, porque durante mucho tiempo la había escondido. Y eso me hacía daño, porque era como tratar de encajar en un lugar donde nadie sabía realmente quién era yo.
Luego entré a otro colegio y volví a estar con personas oyentes. No me gustaba mucho el colegio de sordos ni trabajar con intérpretes. No conectaba con eso. Prefería aprender a mi manera, leyendo labios, entendiendo desde lo que yo podía.
Pero en ese proceso también conocí a otros sordos y fue muy importante, porque me di cuenta de que no estaba sola. Pensé toda mi vida que era la única, y no. Empecé a compartir con ellos, pero también con oyentes, porque siempre he estado entre los dos mundos.
¿Qué querían que sintiera el público al ver la película?
Jorge Ospina: Lo que queríamos dar era un mensaje de esperanza: que cualquier persona que vea la película, especialmente alguien con discapacidad, diga “yo también puedo”. Ese era el centro de todo. Mostrar que, como Sofía en su historia, sí se puede salir adelante, incluso en los momentos más difíciles.
Porque muchas veces, incluso personas sin discapacidad, dicen “no puedo”, “no soy capaz”. Y eso es algo que queríamos cambiar con la película: esa idea de que no se puede. Al final, el mensaje es muy claro: sí se puede. Con ganas, con mentalidad, siempre hay una forma de salir adelante.
Y no solo para personas con discapacidad, sino para cualquiera. Que vean a Sofía y digan: si ella pudo, yo también puedo. Y hay algo adicional que es clave: esa ha sido siempre la premisa del proyecto Inclusive Short Films. ¿Cómo logramos que jóvenes de 15 o 16 años sientan que tienen una voz y que pueden hacer cosas grandes? ¿Cómo hacemos para que no solo aprendan cine, sino que realmente crean que pueden ser cineastas? De ahí nace todo. De esa pregunta: ¿cómo impulsamos a jóvenes, muchos de ellos de bajos recursos en Manizales, a soñar en grande?
Y este proyecto se conecta perfectamente con la película. Porque no solo le dimos una voz a Sofía para contar su historia, sino que hoy esa voz está llegando al mundo. Desde Manizales, ella está contando lo que vivió y demostrando que sí, que se pueden lograr cosas grandes.
¿Qué significa para ustedes que una historia tan íntima haya conectado con públicos de ciudades tan distintas como Nueva York, Lisboa o Tokio?
Jorge: Ospina: Yo pienso que al final hay temáticas que son universales. Por más de que la película sea colombiana, china, norteamericana, hay temáticas que son universales. El querer salir adelante es universal. Y que existan este tipo de películas nos llenan de inspiración y uno sale al cine diciendo: «yo sí puedo». Entonces hay temáticas que son muy universales.
A mí me sorprendió que pegara también, ¿cierto? Había lugares donde yo decía es imposible que lleguemos. Y al final me empecé a dar cuenta que claro, nosotros al final lo que estamos contando es una historia de superación personal. Y eso en Japón, en Estados Unidos, en la China, en Europa es la misma historia para todos. Es una historia que nos inspira. Entonces creo que es una grandísima sorpresa y nos sentimos totalmente reconfortados por el buen recibimiento que ha sentido y que ha recibido y nos sentimos a veces sorprendidos pero es que nos damos cuenta que hay una muy buena historia.
Si Sofía López con todas las dificultades que tiene está saliendo adelante por supuesto que una persona en cualquier parte del mundo dice: «yo también puedo salir adelante». Entonces creo que al tener una temática universal y al tener una historia tan poderosa, creo que dentro de todo es una gran sorpresa que una película de unos jóvenes la reciban tan bien, pero dentro de todo, tal vez, no debería sorprenderlos tanto.

Interpretarte a ti misma puede ser más complejo que interpretar a otro personaje. ¿Cómo construiste ese personaje para la película?
Ana Sofía López: Solo fui yo, fui natural. Soy una persona que cumple todo. Yo expreso y vivo con emoción. Por eso, digo que soy una persona muy viva, porque yo me doy la oportunidad de expresar profundamente. Es decir, yo lo hago desde mi realidad y no desde el drama de «ay no, tengo que hacer esto y esto» sino que tenía que hacerlo. Por eso lo hacia con mucha naturalidad y me sorprende que muchas personas me digan que me vi como muy «natural». Algo que a mí me parece normal.
Jorge Ospina: Yo creo que es lo más bonito y lo más mágico que tiene la película. Esa inocencia en la cual Sofía quería actuar, pero no se llenó técnicas. Era simple: yo quiero actuar y me voy a actuar a mí. Para muchos actores actuar sobre sí mismos es de los retos más difíciles. Y creo que es porque se sobrepiensa mucho: ¿quién soy yo? Sofía, sencillamente, lo pensó de una forma muy inocente: soy yo y lo voy a hacer así.
Y una de las cosas más difíciles es transmitir emociones al espectador. Pero yo pienso que, dentro de todo, Sofi, al ser tan observadora, porque en su vida le ha tocado observar mucho, por ciertas limitaciones, entendió de forma muy natural cómo se ven esas emociones. Ella tiene muy claro, por toda su experiencia, cómo se expresa una emoción, porque cuando no puedes escuchar bien, tienes que tomar elementos de la otra persona, como el lenguaje corporal o la gesticulación, y eso se vuelve muy natural para ti.
Entonces, cuando Sofi le decía: “en esta escena vas a estar más triste”, ella decía: “yo sé muy bien cómo se ve estar triste”, y lo hacía de una forma muy natural, simplemente lo tomaba. Yo creo que ahí está lo mágico de la película: esa inocencia de decir “me voy a actuar a mí misma”. Y le salió así de natural porque entendía muy bien las emociones, después de haberlas observado toda su vida como una forma de comunicarse con el mundo.

