«Todo tiempo pasado fue mejor», dice el dicho. Y cuando se trata de diseño, parece que la profecía se cumple. Han pasado más de 100 años desde que el movimiento moderno y la escuela Bauhaus crearon piezas icónicas y propagaron la premisa del «buen diseño». Un diseño originalmente pensado desde la democracia, pero que con el pasar de los años tomó el curso opuesto: el lujo aspiracional.
De esta escuela nació el Mid-century modern. Si el nombre le suena desconocido pero sabe cuál es la silla Cesca, la LC4 de Le Corbusier, la mesa Tulip, la Wassily o la Pastille, o reconoce nombres como Marcel Breuer, entonces no es tan desconocido como cree.
Hablar de este movimiento es remitirnos a la Alemania de mediados del siglo XX o a páginas de revistas de antaño que fotografiaban los espacios del mundo. Sin embargo, desde hace más de 30 años existe un lugar en Bogotá que cura, restaura y exhibe lo mejor de la herencia moderna en el mobiliario. Se llama Espacio Fluido y es la meca del Mid-century modern en la capital. No hay que tomar un vuelo internacional ni caer en bancarrota para ser dueño de una pieza de diseño atemporal. Aquí lo encuentra todo fácil. Lo difícil es decidirse.
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Una historia de familia, nostalgia y mercados de pulgas

Sebastián López es hijo de Nemesio López y Patricia Vega, la familia detrás de Espacio Fluido. Le cuesta definir su negocio en pocas palabras. «Somos un negocio familiar que se encarga de conectar a las personas con su pasado», dice. Pero la historia del sitio la tiene clarísima porque la lleva en la sangre.
Todo empezó como Restauraciones El Baúl, iniciado por la bisabuela de Sebastián. Luego tomado por sus papás y ahora por toda la familia. La bisabuela comenzó en el mercado de pulgas de Bogotá cuando eran en Las Aguas, después en La Pola, hasta que el negocio se consolidó en el mercado de pulgas de San Alejo en la 24 con séptima. Desde ahí, la familia continuó el negocio hasta que Nemesio y Patricia sentaron las bases (y los ojos) de lo que Espacio Fluido es hoy.
Sin embargo, esta historia está dividida en dos partes: antes y después de la pandemia. Antes, el modus operandi era preparar entre semana y alistarse para el boleo sábado y domingo. Pero la pandemia hizo de las suyas y, como negocio de cara al cliente y con productos físicos, el golpe fue duro.
Fue allí cuando Valeria Gómez, publicista y clienta del lugar, entra en el mapa en 2024, y junto a ella todo un rebranding. Hubo cambio de nombre, logo y una forma de comunicar diferente, dando como resultado lo que es hoy: una tienda física en la Carrera 9 con calle 61 en Bogotá y otra virtual en Instagram, que es más bien un universo de indulgencia para cualquier amante del diseño.
Usado vs. Restaurado: no es lo mismo, ni es igual
La exhibición permanente de la vida en las redes sociales y los rezagos de la pandemia en el estilo de vida y la forma en la que habitamos han puesto el reflector en las piezas con las que decoramos. No es solo una motivación estética la que mueve a un comprador a adquirir una pieza, es una cuestión de identidad.
«Pinterest fue el que para mí estalló el tema del Mid-century y la posibilidad de ver apartamentos de otras personas en Europa, en Estados Unidos y darse cuenta de que había unas piezas que nunca van a pasar de moda», dice Valeria. Sin embargo, no todo ha sido color de rosa.
Una de las principales resistencias al consumo de piezas previamente usadas es el estigma. Las manos que pasaron antes, las energías, o preferir comprar todo nuevo. «Lo que pasa es que cuando a alguien le dices ‘nuevo’, cree que es fabricado inmediatamente, pero todas las piezas quedan en estado de nuevo después de una restauración completa», explica Sebastián.
Aun así, su apuesta por lo usado sigue intacta. «Le apostamos al usado porque las cosas antes las hacían muy bien. Las estructuras, los materiales. Uno puede volver a coger ese esqueleto y revestirlo de manera espectacular…». Un ejemplo de esto es Ervico, una marca colombiana de los sesenta y setenta que era la sensación. «Tú ves esa estructura y es roble. Hacer esa misma pieza hoy es una millonada. Conseguir la misma madera, las tallas, la mano de obra… es imposible».
¿Por qué el Mid-Century Modern no pasa de moda?

Madera, vidrio, cromo, formas orgánicas: todo esto es sinónimo de mid-century style. Sin embargo, es un movimiento que data desde la década de 1940 pero que vemos a diario en reels de Instagram o en el moodboard de cualquier millennial decorando su casa. Este fenómeno no tiene una explicación precisa, pero tiendas como Espacio Fluido son respuestas al síntoma de viralidad.
Según Sebastián, uno de los motivos principales es la nostalgia. «Muchas veces la gente entra al almacén y es un tbt durísimo. Hay un dicho con el que yo crecí en el mercado de pulgas con mis abuelos: ‘Algún día mi radio será Philips’. Entonces lo que ahorita es JBL, en su momento era Philips».
Valeria tiene otra versión. «Yo creo que hay una gran influencia de los flea markets del mundo. Porque de hecho, esta ola del mid-century en los noventa y dos mil estuvo muerta. Pero ahora con el salto generacional, las personas del dos mil y pico ya son fuerzas económicas. Los jóvenes de veinte, treinta años ya están amoblando sus apartamentos, están queriendo comprar su vivienda y hacer su espacio. Entonces también es un cambio completo del mercado».
Cuando le pregunto a Sebastián qué es lo que más busca la gente, la respuesta es clara: «Ahorita la gente pide mucho sillas Wassily y Cescas, divanes Barcelona o el Le Corbusier. También comedores cromados o mesas de centro con vidrio y cromo. Pero no a todo el mundo le gustan los comedores en fibra de vidrio. Es ver la necesidad del cliente, qué le encaja con lo que ya tiene. Es una relación simbiótica».
El «buen diseño» se reconoce a primera vista. No es el más costoso, ni el más nuevo o el más opulento, sino el que logra pasar la prueba del tiempo respondiendo a belleza y funcionalidad por igual. Y eso es precisamente lo que ha hecho el Mid-century modern style.
Ya sea que lo hayan descubierto en Pinterest o porque sean estudiosos del movimiento moderno, si quieren ver un archivo vivo que satisfaga su ojo y su mente por igual, este el lugar. Eso sí, por flechazos no respondemos.
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