Pintar de blanco las calles y las montañas: una solución contra el calentamiento global

Hasta diez grados centígrados se puede reducir la temperatura con solo pintar de blanco.

En junio de 2017 la ciudad iraní de Ahvaz registró la que podría ser la temperatura más alta de la historia: 54°C. A comienzos de este año, en Sídney, Australia, los termómetros marcaron 47.8°C, el mayor índice en los últimas ocho décadas.

El calentamiento global exige superar retos como el aumento en la temperatura del planeta que la ciencia y los gobiernos han asumido desde distintas aristas, pasando por la geoingeniería, que se propone esparcir aerosoles en la atmósfera para enfriarla, hasta protocolos como el de Kioto con el fin de reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

Por eso, cuando dicen que la solución más rápida y efectiva es pintar las calles y los picos montañosos de blanco, no suena muy convincente, pero funciona.

Recientemente, en Los Ángeles, California, que padece los estragos de los incendios forestales debido a, entre otras cosas, las altas temperaturas, se intentó una solución tan pintoresca como efectiva: pintar las calles de blanco.

La compañía GuardTop creó una mezcla para cubrir el pavimento de una de las calles de la ciudad. El experimento dio resultado.

Mientras que la superficie gris daba cuenta de 42 °C y 43°C, el tramo que se iba pintando indicaba una temperatura de 36 °C. “a pesar de tener solo una capa de blanco y necesitar todavía una segunda”, le explicó a la AFP Jeff Luzar, vicepresidente de la compañía.

El descenso casi inmediato de la temperatura se dio porque el pavimento gris o negro absorbe y concentra más luz que una superficie luminosa, en donde la luz rebota. Esta iniciativa se denomina “cool pavement”, o pavimento fresco, y las autoridades de Los Ángeles determinarán si este sistema de control de temperatura podría usarse como política pública o no. Se estima que pintar una milla de calle (1.6 kilómetros), cuesta 40 mil dólares.

Eduardo Gold: el pintor de montañas

Antes de descubrir el efecto del pavimiento blanco, Eduardo Gold, un peruano que se autodenominó inventor, pensó en pintar las montañas de blanco para atraer la nieve a sus cimas. Si su nombre no le suena conocido se debe a que, aunque su idea fue excelente, no logró materializarla jamás.

Su primer proyecto para salvar los nevados de la cordillera de Los Andes fue sembrar 300 toneladas de hielo seco bajo la superficie de los picos y así disminuir la temperatura. La idea no funcionó pero siguió pensando en cómo revivir los glaciares peruanos.

Después observó que los picos blancos recibían más nubes cargadas de nieve, mientras que los oscuros no; entonces concluyó que la clave del deshielo era el color, así que la solución para recuperar el paisaje-pensó- era pintar las montañas de blanco.

“Cogió de la azotea dos cajones de un clóset y los convirtió, junto a la mesa de arquitectura de nuestra hija, en dos bases que pintó de blanco y negro para medir la temperatura. Probó cuánto demoraba en derretirse un hielo hecho en casa. Hizo experimentos alrededor de un año antes de salir al campo”, narra Viviana Valz Gen, su esposa. En esas pruebas encontró que, efectivamente, la diferencia de temperatura entre una tabla pintada de negro y otra de blanco era de hasta 10 grados centígrados.

Uno de los picos que se propuso rejuvenecer fue el del monte Chalón Sombrero, en Ayacucho, a 4.756 metros de altura. Fabricó una mezcla a base de cal y huevo y parecía que todo estaba bajo control, salvo una cosa: ¿cómo subirla a casi 5 mil metros? La respuesta quema, o mejor, escupe. La subió un batallón de llamas.

Según las proyecciones de Gold, si se pintan 3 mil km2 de cordilleras en Perú se emplearían 15 mil personas durante 10 años; se recuperarían fuentes hídricas y la temperatura del mundo se reduciría 0.5 grados °C.

El proyecto ganó el concurso “100 ideas para salvar el planeta”, creado por el Banco en 2009.

Eduardo Gold cuenta resultados obtenidos en Chalón Sombrero.

Tiempo después, las trabas burocráticas y la personalidad difícil de Gold resultaron en que de los 200 mil dólares que costaba la idea piloto del proyecto, solo se desembolsaron 20 mil. Aun así, Gold siguió en la tarea de conseguir la cal y el transporte de esta por medio de donaciones y ayudas de amigos.

Gold murió en 2014 a causa de problemas estomacales que le aquejaban desde el año 2000. Su idea para salvar los nevados fue brillante pero el manejo que le dio al premio y al desarrollo del proyecto no lo fue tanto. Sin embargo, le dejó al mundo una prueba de que sí existe una idea aceptada por el Banco Mundial y que ahora otros, como GuardTop, la empresa que pinta calles en Los Ángeles, también usan para combatir algunos efectos del cambio climático.

Documental Cumbres de Cal (2012), sobre el proyecto de Eduardo Gold

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