Foto: MHEO
junio 25, 2014
Tendencias

Hombres al borde de un ataque de nervios

Actores a quienes les cambiaron el parlamento. Así, en buena medida, se sienten los hombres en la segunda década del siglo XXI. Todo un drama.
POR:
Esteban Duperly

Tal vez resultaba más fácil ser hombre hace siglos, cuando las líneas que definían la masculinidad eran tan diáfanas y precisas que cada cual, sin cuestionarlo, interpretaba un papel con tareas y actitudes muy definidas: cazar, hacer la guerra, ser reproductor, proveer alimentos. Quizás hace 500 años ese modelo continuaba intacto. E incluso hasta hace cuatro décadas, salvo matices inducidos por el desarrollo tecnológico, la masculinidad era una cosa única, indivisible e inamovible, sin claroscuros en la mitad.

Sin embargo, hoy en día, queda muy poco de eso. El rol masculino ha variado de tal manera, y a tan alta velocidad, que sus fronteras ahora son difusas. Aunque el fenómeno abre la puerta para que todo un género –planteado en cifras crudas, viene a ser la mitad de los habitantes del planeta– comience a abordar la vida de una manera más tranquila y provechosa, e incluso reclame para sí derechos perdidos o nunca antes ejercidos en la historia, no se puede desconocer que tras él pende una larga estela de confusión.

Se trata de un fenómeno apenas en estado de maduración. Si bien el mundo –o por lo menos el hemisferio occidental– ha experimentado temporadas durante las cuales la apariencia y el comportamiento masculinos se apartaron de la ortodoxia, como es el caso de la Francia de Luis XIV, con sus pelucas, encajes y afeites; o la Inglaterra victoriana de poetas pálidos, delicados y anémicos; y más recientemente el movimiento hippie, cuando los hombres se dejaron crecer el pelo y se pusieron flores en la cabeza, en general estas han sido oleadas efímeras. La tendencia actual parece nutrirse de ideas mucho más consistentes y plantea un cambio de conciencia radical que trasciende los vaivenes de la moda. Es posible que estemos ante una manera de pensar diferente a aquella que nos ha acompañado por milenios y que, incluso, se encuentra inscrita en el código genético.

Por lo pronto, del caso se han ocupado la psicología y el mercadeo. Todo es tan nuevo que aún no existe un nombre preciso para referirse a él. A la publicidad le interesa saber cuánto ha cambiado el consumo de los hombres, así que lo pone en la misma mesa de estudio del llamado spend shift, que es la tendencia norteamericana a consumir de una manera más reflexiva luego de la crisis del año 2006. Por su parte la psicología, e incluso la medicina, lo abordan bajo el concepto nueva masculinidad, que parece ser la mejor forma de llamar a este fenómeno donde los hombres ya no son los mismos.

El hombre del siglo XXI

La nueva masculinidad es mucho más fluida que su antecesora. La manera como se comporta un hombre no está ya, por necesidad, ligada al concepto de hetero u homosexualidad. De hecho, esta fue la primera barrera que se derribó. Al respecto los llamados millennials (nacidos en 1990 y adelante) están dispuestos a ser flexibles en la forma cómo interpretan su género sexual, y la generación Z (posterior a los millennials) se comporta aún menos rígida conforme avanza hacia la adultez. No olvide que se trata de individuos que nacieron en un mundo sin fenómenos mutiladores de la personalidad como el comunismo y el apartheid, y por cuenta de Internet han crecidoexpuestos a la diversidad y a temas de preocupación que gravitan en torno a lo colectivo, como lo ambiental. Así que les resulta muy natural pensar en lo femenino y masculino como roles muy cercanos.

Ejemplo de esto es el modelo australiano Andrej Pejić, que ha desfilado colecciones de ropa tanto para hombres como para mujeres, mostrándose intensamente atractivo a los ojos de ambos. Y también, el pasado diciembre en Inglaterra, la tienda por departamentos Harrods organizó la juguetería por temáticas y no por género, para indicar con esto que a las niñas pueden gustarles los bloques de construcción y a los niños las cocinitas. En esta nueva ecuación las generaciones Y, X, y los baby boomers, son las variables que tienden a quedarse relegadas y a experimentar mayor confusión.

Por supuesto, hay culturas más propensas que otras a asimilar los cambios. Latinoamérica tiene una tradición arraigada en la figura del macho y no es lo mismo ofrecerle una bufanda con estampado floral a un parisino que a un mexicano. Colombia también se comporta de manera tradicional. Adriana Pineda, vicepresidenta de planeación estratégica de JWT Colombia, hace notar que el hecho de que nuestra economía hubiera sido cerrada hasta hace poco más de 20 años, influyó para que la tendencia de la nueva masculinidad no haya penetrado con mucha fuerza aún en el país. Sin embargo reconoce que en cuanto a productos han sucedido cosas que les permitieron a los hombres reflexionar sobre su género. En la moda y la cosmética se han hecho grandes avances. Verse bien, y gastar tiempo y dinero en apariencia personal, dejó de ser un comportamiento reprimido para el colombiano. Y si bien es difícil que nuestra cultura se abra a mensajes crudos como “explora tu lado femenino”, siempre quedan recursos como el humor y el eufemismo para comunicar lo mismo. Incluso se ha apelado a la racionalidad cuando se explica que la composición del cuero cabelludo del hombre es distinta al de la mujer, y por lo tanto requiere un champúespecial. En sociedades como la estadounidense, al maquillaje para hombres –humectantes para labios, cremas hidratantes y         antisolares– se le conoce como “camuflaje urbano”.

En general, los niveles socioeconómicos altos, más expuestos a los medios de comunicación y en mayor contacto con las culturas moderadoras occidentales, son los más propensos a aceptar estas invitaciones. Los impulsa, sobre todo, cierta actitud snob de imitar. Aunque son sensibles a que cuestionen su hombría y se mueven tímidos entre paradigmas. Pero, como apunta Pineda, “explorar el lado femenino es solo una arista pequeña de esta tendencia. Hay cosas más importantes: el hecho de poder participar en la crianza de los hijos de ninguna manera es explorar el lado femenino, es más bien reclamar un derecho”.

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