Bienvenido al año con más turbulencias registradas en la historia de la aviación comercial. Los cambios de temperatura y la alteración de los patrones del viento en la atmósfera superior están provocando que la frecuencia e intensidad de las turbulencias severas aumenten. Paul Williams, científico atmosférico de la Universidad de Reading, advierte que por cada diez minutos de turbulencia severa que hoy se experimentan en vuelo, en el futuro podrían ser veinte o incluso treinta. Vea también: La turbulencia severa ocurre cuando los movimientos verticales del avión en aire perturbado ejercen más de 1,5 g de fuerza sobre el cuerpo, suficiente para levantarlo del asiento si no tiene el cinturón de seguridad abrochado.
De los más de 35 millones de vuelos que despegan cada año en todo el mundo, se estima que unos cinco mil atraviesan episodios de este nivel o mayor. Existen tres causas principales de turbulencia: convectiva, vinculada a nubes o tormentas eléctricas; orográfica, originada por el flujo de aire alrededor de zonas montañosas; y en aire despejado, que responde a cambios bruscos en la dirección o velocidad del viento. Esta última es la más difícil de evitar, porque no se puede ver y a menudo parece surgir de la nada. En la turbulencia convectiva, el aire asciende y desciende con violencia dentro de las nubes. No hay corrientes más extremas que las que se forman en un cumulonimbo, una nube de tormenta. En 2024, el mismo Williams lo comprobó durante un vuelo de regreso que atravesó una zona así. Un problema real para volar El aumento de episodios que levantan al pasajero del asiento puede derivar en más lesiones e incluso muertes en casos extremos.
Hay pasajeros que ya vuelan con inquietud. Una encuesta reciente de YouGov muestra que más de una quinta parte de los adultos en el Reino Unido tiene miedo de volar. Para ellos, la intensificación de las turbulencias podría convertir un trayecto en una experiencia insoportable. La ingeniería también trabaja para proteger a los viajeros. Las alas de los aviones están diseñadas para soportar aire turbulento, como por ejemplo las alas del Boeing 747 que se pueden doblar unos 25 grados antes de romperse, algo que jamás ocurriría en vuelo, ni siquiera bajo la turbulencia más severa. Algunas aerolíneas incluso prolongan sus rutas para esquivar zonas inestables, aunque eso añade unas 19 mil toneladas extra de CO2, según Eurocontrol. Los radares meteorológicos a bordo permiten identificar tormentas y evitarlas. Solo es el susto por las turbulencias Las muertes son extremadamente raras. No hay cifras oficiales, pero se estima que desde 1981 ha habido alrededor de cuatro.
Las lesiones, en cambio, son más frecuentes. Solo en Estados Unidos, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte ha registrado 207 lesiones graves desde 2009, de las cuales 166 corresponden a tripulantes de pie durante el servicio. Las rutas con más turbulencias Investigadores de la Universidad de Reading indican que las rutas entre el Reino Unido y destinos en Estados Unidos, Canadá y el Caribe son de las más afectadas. En los últimos 40 años, la turbulencia severa en el Atlántico Norte ha aumentado un 55%. En Asia, una de las rutas más agitadas es la de 320 millas entre Natori y Tokoname, en Japón. Otras zonas incluyen partes del este de Asia, el norte de África, el Pacífico Norte, América del Norte y Oriente Medio. Entre Mendoza y Santiago, en un trayecto de 193 kilómetros, se cruzan algunas de las cumbres más altas de los Andes, pero también se vive la ruta más turbulenta del planeta. Las cordilleras interrumpen el flujo de aire y generan olas que viajan cientos de kilómetros.



