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Colombia como destino para avistar aves: el proyecto de John Myers

El estadounidense John Myers está detrás de la estrategia para posicionar a Colombia como uno de los destinos de avistamiento de aves más importantes del planeta.

Foto: Cortesía ProColombia

El estadounidense John Myers está detrás de la estrategia para posicionar a Colombia como uno de los destinos de avistamiento de aves más importantes del planeta.

En el circuito colombiano de los pajareros –esos hombres y mujeres apasionados por la observación de aves– reconocen que John Edward Myers (Minnesota, 1975) es un visionario que consiguió poner a Colombia en el mapa del aviturismo mundial, y una especie de “conciencia nacional” que nos hizo dar cuenta de la enorme riqueza que en materia de aves posee el país.

No es que no lo supiéramos. No es que no importara, pero hasta eso nos quitó la guerra: inmersos durante más de cincuenta años en un permanente baño de sangre, hablar de aves se antojaba, cuando menos, banal. Colombia tiene más de estas especies que cualquier otro país del planeta, lo que lo hace único y, si nos ponemos metafísicos, hasta milagroso. Era un hecho científico comprobado, pero de nicho. Una verdad sorprendente y reveladora que, sin embargo, no llegaba al gran público.

Hoy está claro que el país posee unas 2.000 especies de aves, lo que supone más del 20 % del total global; 79 son endémicas, 193 casi endémicas y 139 amenazadas o en riesgo de extinción, según cifras oficiales. Si hablamos de colibríes, por poner un ejemplo, hay aquí 150 de las casi 350 especies que habitan el planeta.

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De las especies que hay en Colombia 79 son endémicas, 193 casi endémicas y 139 amenazadas o en riesgo de extinción.


Solo cuando empezó a menguar el conflicto y se empezó a consolidar la posibilidad de una paz que ahora se vislumbra lejana y esquiva, las aves se convirtieron en un factor de esperanza económica y social. Y ahí, justo en la coyuntura que marcó el acuerdo de paz con las Farc, John Myers, politólogo, conservacionista, especialista en Literatura Hispanoamericana y experto en política ambiental internacional, entra en escena.

Turismo, un nuevo oro

Los vientos de paz hicieron que territorios antiguamente vedados, secuestrados por los actores armados, pudieran abrirse al turismo y a su vertiente más ecológica. En 2015 llegaron 3,2 millones de turistas extranjeros; 3,5 en 2016; 3,9 en 2017 y 4,3 en 2018, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. El boom había arrancado. Un nuevo oro brillaba en estas tierras.

En paralelo, John Myers comenzaba a abrir el camino para posicionar a Colombia en el circuito de avistamiento de aves del mundo. Lo primero que hizo fue diseñar una ruta –la Northern Colombia Birding Trail–, pionera en el país y en funcionamiento desde 2016, que permite, en once días de viaje, y sobre todo a visitantes extranjeros, observar hasta 900 especies de aves en sitios tan alucinantes como el Parque Tayrona, La Guajira, la Sierra Nevada de Santa Marta o la serranía del Perijá.

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Colombia posee alrededor de 2.000 especies de aves.


Con el apoyo económico y logístico de Usaid (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo), Calidris (Asociación para el Estudio y la Conservación de las Aves en Colombia), la National Audubon Society (organización estadounidense que protege las aves y sus hábitats) y Parques Nacionales de Colombia se formó a unos 45 lugareños y se promovió la idea de un turismo basado en la conservación.

“John llegó en un momento coyuntural muy importante. El país había estado cerrado al turismo y fue él quien metió a muchos pajareros en este negocio. Es una persona que se involucra mucho con las comunidades porque sabe llegarle a la gente”, asegura Fernando Castillo, director de Calidris.

“Su mérito fue atreverse a convencer a Audubon para crear esta primera ruta, la Northern Colombia Birding Trail. Y también pudo convencer al Gobierno Nacional de ponerle el ojo a este asunto, para que a partir de la experiencia piloto se replicaran otras rutas”, añade Gabriel Utria, biólogo con más de diez años de experiencia en aviturismo.

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Los que conocen a Myers hablan de él como un tipo con excelentes conexiones en todos los niveles (por algo organizó un foro en la isla privada del magnate Richard Branson): “Innovador, carismático, inspirador, con una gran capacidad para entender a Colombia y un ‘pajarero diplomático’” son algunas de las descripciones que hacen personas cercanas.

Como ejecutivo de Audubon (fue director del programa latinoamericano), Myers no solo diseñó la primera ruta de avistamiento de aves en Colombia, sino que fue coautor de un estudio, hoy de referencia, que arrojó los resultados de una encuesta entre pajareros de Audubon e hizo proyecciones que auguraban un futuro promisorio para el ecoturismo y el avistamiento de aves.

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El informe, publicado en 2016, se titula La paz es mucho más que palomas: los beneficios económicos del Acuerdo de Paz en Colombia a partir del turismo de observación de aves, y concluye, entre otras cosas, que en aquel momento, más de 300.000 estadounidenses amantes del aviturismo estaban dispuestos a visitar el país, a pagar más de 300 dólares por persona al día, lo que se traduciría en unos 7.500 puestos de trabajo e ingresos por 46 millones de dólares anuales.

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En la Serranía del Perijá, en Valledupar, se encuentra el Gorrión Montés Pizarra.


Hasta la prestigiosa revista The Economist hizo eco del informe y varios medios internacionales publicaron la historia del milagro colombiano y las posibilidades que se abrían. Muchos de los pajareros que se formaron en la Northern Colombia Birding Trail se convirtieron en pequeños empresarios e, incluso, algunos que habían coqueteado con las armas cambiaron la violencia por la esperanza de un trabajo digno.

El problema, ahora, es que la situación de orden público amenaza echar al traste todo el terreno que se había ganado. “No solo nos enfrentamos a la pandemia, sino al aumento de la violencia. Nos preocupa el daño que se está haciendo”, dice Carlos Mario Wagner, director de la feria internacional Colombia Birdfair, con sede en Cali.

De eso hablamos con John Myers una mañana de septiembre. Del pesimismo que lo embarga a veces y del desasosiego que produce ver que el aviturismo se esfumaría de golpe si volviera la guerra.

“Estoy menos optimista, sí, pero no voy a dejar de luchar. El turismo es el nuevo oro, pero no están haciendo mucho para que sea así, por eso sigo jodiendo, porque este terreno ganado no se puede perder”, dice.

El corazón en Colombia

Vereda El Líbano (La Calera, Cundinamarca). John Myers me recibe en compañía de un amigo –el propietario de la casa que habita por estos días– y tres perros grandes: Elvis Presley, un rottweiler; Jim Morrison, un pastor belga, y Donna Summer, un pastor holandés. Con Jim Morrison, John entrena para participar en carreras de montaña, una de sus aficiones. Caminamos durante quince minutos por un sendero que deja ver, al fondo, algunos trazos del Parque Natural Chingaza y algunas construcciones que contrastan con la atmósfera rural de la zona. Son como edificaciones del parque de la 93 de Bogotá, en pleno campo.

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Ruta de avistamiento de aves en el norte del país. Foto Ámala.


Myers habla un español tan impecable que incluso utiliza palabras coloquiales que suenan raras en su acento de Minnesota: parchar, chino, manes, jeta. Si la colombianidad (¿eso existe?) se pudiera medir en un ranking, uno podría asegurar, sin temor a equivocarse, que este hombre con la típica estampa que alimenta el cliché extranjero (1,88 metros, rubio, ojos verde-azules) estaría en el top. “Él tiene el corazón en Colombia”, me dirá una fuente.

El idilio con este país comenzó, tal vez, en los primeros años de su infancia. Por allí, en algún laberinto de su inconsciente quedó el recuerdo de las historias que le contaban sus nanas colombianas y el interés que Linda, su madre, le inculcaba en los extranjeros y sus países de procedencia.

Al idioma español se acercó desde la primaria, aunque solo aprendió, dice, “obscenidades”. Después lo perfeccionó en España, donde vivió un año, y en América Latina, que ha recorrido en su condición de ejecutivo de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación de la naturaleza.

La primera visita a Colombia ocurrió en 2001. Durante un periplo de cuatro años por Bolivia como miembro de la famosa organización estadounidense Cuerpos de Paz, Myers descubrió una guía de aves de Colombia que le voló la cabeza. Quiso venir. Le dijeron que no lo hiciera. Recorrió Cartagena y Bogotá y el último día, en la capital, fue a parar a un sitio dejado, lleno de polvo y de olvido que en ese entonces era la ecotienda de Parques Naturales, y se aprovisionó cuanto pudo de todo lo que le sirviera para hacerse una idea de los parques naturales del país.

La Northern Colombia Birding Trail es una ruta pionera en el país.


Regresó uno o dos años después. Vivió en Santa Marta, hizo cursos en la Universidad Nacional y en los Andes. Conoció a Martha Hernández, directora del Parque Tayrona y supo de su asesinato, a manos de los paramilitares, varios meses después. Volvió a Estados Unidos, trabajó en Washington en una de las ONG más grandes de conservación de la naturaleza y nunca dejó de tener en la mira a Colombia. El sueño se le cumplió cuando lo fichó Audubon. En 2017, después de casi medio centenar de visitas al país en un lapso relativamente corto, se instaló en Colombia.

Aquí baila champeta, ha viajado por casi todo el territorio nacional y es uno de los más entusiastas defensores de la paz. “Sin paz no hay aviturismo. Creo que es tiempo de luchar más que nunca. Muchos aspectos van mejorando, pero es un momento muy difícil para el futuro del país. Mi impresión es que hay que convencer a los colombianos y a la comunidad internacional de que sigan apostándole a la paz”, dice.

Ya no está vinculado formalmente a ninguna ONG. Pero sigue haciendo consultorías relacionadas con la naturaleza, se dispone a crear una ruta de aviturismo binacional entre México y Estados Unidos e inicia una nueva faceta como profesor en la Universidad de los Andes en temas ambientales y como escritor. “Quiero escribir relatos, crónicas, libros. Y no solo hablar de pájaros, sino de la paz, porque eso, para mí, siempre es lo más importante”, concluye.

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Octubre
29 / 2020
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