desayuno según su edad, desayuno según su edad, desayuno según su edad, desayuno según su edad
A esa hora en que la casa despierta con pasos arrastrados, uniformes a medio poner y tazas que se llenan casi por inercia, muchas familias resuelven el desayuno con una sola preparación para todos, una decisión que responde al tiempo escaso, al presupuesto y a la practicidad, aunque rara vez se detienen a pensar si esa costumbre atiende las necesidades nutricionales particulares de cada integrante del hogar. La historia de esta comida ayuda a entender el lugar que ocupa hoy.
En la Edad Media desayunar se interpretaba como un gesto de debilidad. Durante la Revolución Industrial adquirió relevancia por la exigencia física de las jornadas fabriles. En el siglo XX, la aparición de los cereales procesados transformó de manera definitiva la primera comida del día y la convirtió en un producto de consumo masivo.
Hoy el desayuno forma parte ineludible de la rutina, aunque su valor divide opiniones entre médicos y nutricionistas. El médico Carlos Jaramillo ha cuestionado la frase popular que invita a desayunar como rey, almorzar como príncipe y cenar como mendigo. Su postura propone una distribución equilibrada de la energía a lo largo del día, sin otorgarle a la mañana un peso desmedido. Esta discusión abre una pregunta relevante en casa. ¿Debe cada miembro de la familia desayunar lo mismo?
El desayuno en la niñez desayuno según su edad

En la niñez, la alimentación de las primeras horas tiene una relación directa con el desarrollo cognitivo y el crecimiento físico. Diversas investigaciones han señalado que los niños que desayunan presentan mejor capacidad de atención, memoria y resistencia física.
También se ha observado que quienes omiten esta comida pueden absorber menos hierro y tener mayor probabilidad de desarrollar sobrepeso. El portal Nemours KidsHealth recomienda incluir frutas, verduras, cereales en su mayoría integrales, proteínas como huevos, legumbres o frutos secos, y lácteos bajos en grasa. Preparaciones tradicionales como avena cocida, tostadas integrales con huevo, yogur con fruta fresca o batidos naturales cumplen con estos criterios. Conviene revisar con atención las etiquetas de los cereales de caja, que suelen contener altas cantidades de azúcar.
El desayuno en la adolescencia
La adolescencia presenta otro panorama. Según la Academia Estadounidense de Pediatría, el 27 por ciento de los jóvenes entre 12 y 19 años omite el desayuno por motivos que van desde la preocupación por el peso hasta el deseo de dormir unos minutos más. En esta etapa el gasto energético alcanza uno de sus puntos más altos y el desayuno adquiere un papel clave para evitar el cansancio y la fatiga.
Se recomienda incluir carbohidratos provenientes de panes, cereales y granos, acompañados de lácteos, frutas y fuentes de calcio y vitamina D que favorezcan el desarrollo óseo, un proceso que se extiende hasta los 20 años.
Instituciones como The Royal Women’s Hospital en Australia sugieren combinaciones como avena con leche y banano, granola con yogur y fruta fresca, tostadas multigrano con huevo cocido o pancakes acompañados de yogur. También se aconseja limitar el consumo de café por su efecto en la presión arterial.

En la adultez y en la vejez desayuno según su edad
En la adultez, el desayuno se ajusta a variables como el nivel de actividad física, el estado de salud y la composición corporal. La Fundación Española de la Nutrición indica que esta comida debe aportar entre el 15 y el 25 por ciento de la energía diaria, lo que equivale a unas 300 a 500 kilocalorías en una dieta promedio de 2000.

Se recomienda incluir lácteos, cereales integrales bajos en azúcares añadidos y una porción de fruta entera. A estos elementos se pueden sumar aceite de oliva, tomate, frutos secos, legumbres, salmón, jamón, huevos o preparaciones locales como arepas con pollo desmechado y aguacate. La presencia de proteína continúa siendo determinante para el mantenimiento de los tejidos y la sensación de saciedad.

En la vejez, el desayuno adquiere un matiz distinto que prioriza la preservación de la masa muscular, el buen funcionamiento cognitivo y la digestión. La Universidad Estatal de Oregon recomienda iniciar el día con proteínas, grasas saludables, granos integrales, frutas, verduras y una adecuada hidratación. Huevos, yogur, queso, tofu, nueces, frijoles, aguacate, avena y hojas verdes aparecen como aliados frecuentes.
Preparaciones como omelettes con verduras, avena reposada durante la noche con frutas y yogur griego o muffins de zanahoria y avena permiten variar la rutina sin descuidar el aporte nutricional. La hidratación al despertar, con agua o bebidas sin azúcar, cumple un papel importante en el funcionamiento digestivo.
Ajustar esta primera comida a las necesidades de la edad no implica cocinar platos diferentes cada mañana, implica entender que en la mesa pueden convivir pequeñas variaciones que respondan a cuerpos y etapas diferentes.


