La serie para saber todo sobre el blues

El blues ha influido en el rock, el country y el jazz. Le canta al desamor, el exceso de trabajo, la escasez de dinero y la intolerancia del patrón. Vea la serie de Scorsese de siete capítulos.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 402 de septiembre de 2003

El 2003 fue declarado en los Estados Unidos El Año del Blues para conmemorar el primer siglo de su nacimiento. Así lo determinó el Congreso de ese país con el propósito de exaltar el tipo de música que más ha influido en esa nación y cuyo impacto se ha escuchado alrededor del mundo en el rock and roll, el country, el jazz y la música clásica.

El blues es la estructura musical que mejor representa la esencia de la democracia en los Estados Unidos. Fue el resultado de la esclavitud y de la Guerra Civil (1861- 65) y por eso germinó en las comunidades negras del sur con cánticos que reclamaban la libertad espiritual y física.

La intención del blues es hacer sentir bien al público, aunque le canta al desamor, al exceso de trabajo y la escasez de dinero, al patrón intolerante, al abuso de las drogas y el licor, a la violencia doméstica y la cotidianidad.

En las canciones de blues está la historia de Estados Unidos: las migraciones, la revolución industrial, el ostracismo forzoso de los negros, la Gran Depresión y las luchas civiles que han dejado tantos muertos en el campo y las ciudades.

El blues en los Estados Unidos pasó de ser una interpretación parroquial sin partituras a un lenguaje musical universal en el cual siempre ha reinado la improvisación. Expresa la realidad de la vida en palabras y canciones; es inspiración, sentimiento y entendimiento. El blues son las raíces, y todo lo demás son los frutos, dijo Willie Dixon, compositor, arreglista e intérprete y quien fue considerado el embajador del blues de Chicago.

El líder de la idea de crear El Año del Blues es Robert Santelli, director de Experience Music Project, y de los directivos de la Blues Foundation. Además de conciertos en varias ciudades de los Estados Unidos como Nueva Orleans, Chicago, Seattle, Los Ángeles y Nueva York, se están produciendo libros, discos compactos, manuales didácticos para transmitir este legado musical a los estudiantes de las escuelas públicas, programas de radio con participación de la audiencia, conferencias y una exhibición itinerante que se denomina Sweet Home Chicago.

El director de cine Martin Scorsese es el responsable de la descarga fuerte de esta celebración: un especial de televisión de siete entregas que comenzará el próximo domingo 28 de septiembre y concluirá el sábado 4 de octubre.

La serie se transmitirá por la estación de televisión pública (PBS) y Scorsese presentará la primera entrega, Feel like going home. Hará un recorrido por el occidente de África y atravesará el océano hasta llegar al río Mississippi. Es un homenaje al llamado delta blues que incluye presentaciones de músicos contemporáneos como Willie King, Taj Mahal, Otha Turner y Ali Farka Touré. También desempolvará grabaciones en blanco y negro de Son House, Muddy Waters y John Lee Hooker.

Luego de esta primera entrega del director Scorsese, matizada por el sonido estridente de la guitarra eléctrica, los tambores y la armónica, vendrán tres intérpretes del delta blues: Skip James, Blind Willie Johnson y J.B. Lenoir.

Es una historia de peregrinaje llamada The soul of a man que está a cargo del director Wim Wenders, el mismo que dirigió Buena Vista Social Club y quien se encargó de entrevistar para esta serie a intérpretes contemporáneos del blues como Bonnie Raitt, Lucinda Williams, Eagle Eye Cherry, Cassandra Wilson y Los Lobos.

La tercera entrega, The road to Memphis, le corresponde al director Richard Pearce, quien sacudirá las raíces musicales de esta ciudad donde se formó profesionalmente B. B. King, el más aclamado intérprete de blues en el mundo desde que en 1951 grabó su primer éxito Three O’clock blues y dos años más tarde el tema You upset me baby.

Al director Charles Burnett le corresponde la cuarta entrega de la serie, Warming by the devil’s fire. Narra la vida de un niño que es afectado por el encuentro de la música gospel que escucha los domingos en la iglesia bautista y los cantos diabólicos y perturbadores del blues que pululan en las calles, los centros nocturnos y los prostíbulos del pueblo.

Godfathers and sons es el nombre de la quinta entrega a cargo del director Marc Levin, quien explora el blues que llevaron a Chicago los negros del sur de los Estados Unidos que huían del racismo y los linchamientos y buscaban trabajo a mediados del siglo pasado. Es el caso de Howlin Wolf, Paul Butterfield Blues Band, Koko Taylor y Magic Slim, entre otros.

El sexto episodio, Red, white and blues, toma un giro inesperado. Músicos como Van Morrison, Eric Clapton, Jeff Beck y Tom Jones hablan con el director Mike Figgis sobre la música británica de los años sesenta que introdujo el sonido del blues a los Estados Unidos, donde se originó pero nunca tuvo la aceptación masiva por considerarse un tipo de música poco delicada y de negros.

A Clint Eastwood, el hombre rudo de Hollywood que había dirigido la película Bird en homenaje al saxofonista Charlie Parker, le corresponde el último capítulo, Piano Blues. Eastwood habla de su pasión por el piano y el blues y entrevista a leyendas como Pinetop Perkins, Jay McShann y Dave Brubeck.

Esta celebración y descarga musical comenzó este año en el Radio City Music Hall de Manhattan con un concierto de seis horas dedicado al blues, en el que participaron varios de los mejores intérpretes de este género musical y aquellos que interpretan hip hop, reggae, rap, country o rock and roll y reconocen la influencia que tuvieron de los músicos de la ribera del Mississippi e inclusive de la cantante Bessie Smith y de otros que como Ray Brown y James Brown nunca tocaron blues pero estuvieron muy cerca de él.

El tema Prisoner of love de James Brown no se puede caracterizar como blues, aunque tiene toda la pasión y la emoción de este tipo de música. El estilo de James Brown, como se movía en el escenario y tocaba la guitarra, fue imitado por las agrupaciones de rock and roll.

Esta fusión de ritmos y estilos que se ha esparcido por el mundo gracias al blues, tuvo su origen en un encuentro fortuito en 1903, en una solitaria plataforma del tren de la ciudad de Tutwiler, estado de Mississippi El compositor e instructor afroamericano William Christopher Handy escuchó la música más extraña que jamás había oído y decidió plasmarla en una partitura.

Solo en ese momento nació el blues, cuando publicó su obra musical Memphis blues con arreglos de piano. De esta forma el blues dejó de ser estrictamente una tradición oral y se convirtió en el abono para que germinara el jazz.

El blues y el ragtime surgieron prácticamente al mismo tiempo en las comunidades negras del Midwest, alrededor de 1890, pero al contrario del blues, el ragtime tomó elementos de la música sacra, de las melodías europeas, de la ópera e inclusive de las marchas militares. Debido a esta universalidad el ragtime se escribió en partitura mucho antes que el blues y es esta la razón por la cual se conectó más estrechamente al nacimiento del jazz en los Estados Unidos.

El comienzo de la fusión del blues y el jazz se puede percibir en la cantante Ma Rainey, conocida como La madre del blues, pero fue Bessie Smith quien grabó St. Louis blues en 1925, acompañada de dos figuras prominentes del jazz, Louis Armstrong en la corneta y Fred Longshaw en la armónica.

Así nació la orgía de sonidos y pasiones que ha cambiado la nación durante un siglo. El blues ha hecho que la vida en los Estados Unidos sea más llevadera porque le puso ritmo y comenzó a hablar de la integración y la tolerancia.

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